Jueves, 21 de septiembre de 2017

El valiente jabalí  

  Dedicado al pueblo de El Cerro
Cazadores de jabalíes en Ahigal de los Aceiteros

El hombre llegó jadeante y sudoroso al bar del pueblo y con un hilo de voz balbuciente intentaba trasmitir a los contertulios algo que para él parecía muy importante.

Pero en su agitación, los pensamientos eran más rápidos que las palabras y   apenas podía articular algo coherente, ante la mirada expectante de los parroquianos que, tranquilamente hasta entonces, habían estado jugando a cartas, dominó o tomando su aperitivo mañanero.

Y no era para menos, ya que había bajado desde lo alto de la sierra “tronchando” entre las matas de las laderas y terraplenes, para acortar el camino de herradura sembrado de piedras que conducía al pueblo.

Ya más calmado empezó su perorata diciendo. ¡Un jabalí… allá arriba “entoñado” entre la nieve y la hojarasca hay un jabalí! He ido esta mañana al “rompió” que tengo arriba en la sierra y ¡allí lo he visto!

El silencio de los pocos que estaban en el bar se ha roto,  todos a un tiempo han preguntado, queriendo saber más pormenores de lo que su vecino intentaba contarles… ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Es grande? Y así desgranaban preguntas, mientras ya se veían caminando ladera arriba, en busca  de la apetecible pieza. Así que después de ir a buscar las escopetas y aumentado el grupo inicial de participantes por algún desocupado que también quería participar en el evento cinegético, han emprendido marcha hacía los rompidos de los altos de la sierra. Y al llegar al sitio donde el vecino y guía les indicaba, justo donde la nieve trazaba una divisoria delimitando con más verdor los pastos, ya dentro del vallado… ¡estaba el jabalí! Se asomaron con recelo por detrás de la tapia y en el centro del prado entre las hojas de roble y castaños caídas, sobresalía la cabeza de un jabalí que se movía pausadamente, oteando.

Los escopeteros se han situado a ambos lados del portillo de entrada, por donde sin duda, el animal intentaría huir una vez hostigado. Mientras los otros integrantes del grupo tiraban piedras al bicho. Que se ha levantado tambaleante dirigiéndose hacia la única salida. Los expertos tiradores apostados, han vaciado sus escopetas y cuatro postas han penetrado en el cuerpo del animal haciendo un ruido desagradable de algo que se rompía en pedazos. La bestia herida de muerte, ha caído cerca de los palos del portillo “patas arriba” teniendo contracciones violentas de sus patas traseras. Todos se han ido acercando, no sin precauciones, a la presa abatida… y la expectación inicial se ha ido trocando en sorpresa y desagrado…

             ¿Qué era aquello?... ¿Qué le pasaba al jabalí abatido?

El desconcierto no era para menos, ya que el pobre jabalí estaba completamente esquelético, consumido hasta límites insospechados y sólo su voluminosa cabeza sobresalía sobremanera en aquel conjunto de huesos y protuberancias. Por ello no era de extrañar aquella pasividad del animal y su estar en aquel claro del prado, cosa nada habitual en esta especie.

               ¿Qué había pasado?... Pero pronto lo descubrieron al ver que su largo hocico o “jeta” estaba fuertemente aprisionado por un lazo de alambre de acero que cerraba herméticamente sus recias mandíbulas. ¿Cómo ha ocurrido? Fácil fue la deducción; seguramente el animal en su deambular nocturno había topado con un lazo puesto a sabiendas de su recorrido cotidiano y aquel lazo que en principio iba dirigido a su cuello, resbaló hacia el hocico, donde los largos colmillos habían servido de tope. Después sus ansias de libertad habían hecho que se fuera apretando más y más.

¡Qué agonía más atroz!..                                                         

¡Qué agonía más atroz!... A las claras se veía el deterioro que había sufrido al quererse quitar “aquello” que le aprisionaba, tal vez rozándose hasta hacerse sangre con los canchales del entorno y al no conseguirlo, había “muerto” antes de que lo matasen los cazadores por inanición.

Muchas noches de insomnio ha tenido que pasar, arrastrándose por vaguadas e intentando beber del agua que bajaba ruidosa en el silencio de la noche por las gargantas y desfiladeros, sin lograrlo. ¿Cuánto tiempo llevaba sin comer ni beber?

Parecía por su contextura un jabalí viejo de más de ocho años, con cerdas negras y duras, pelos canosos cubriendo su pardo cuerpo. Se notaba que había consumido progresivamente su fuente de reservas de grasa hasta estar próximo en llegar a su final de vida.

Cuánto tiempo habría vagado por los linderos del bosque, sin poder con su jeta buscar bajo tierra las lombrices, bellotas y otros tubérculos que tanto le gustaban o beber agua de los arrojos que bajaban de lo alto donde perduran los neveros. Parecía, por su fuerte contextura ahora ajada, haber sido “jefe” de la manada; condición que habría perdido al no poder defenderse de los otros integrantes de la “piara” que  al verle sin fuerzas, lo habían desplazado .Seguro que con rechinar de sus recios dientes, por la irritación y la impotencia de no poder resolver la situación en que estaba inmerso; acrecentada por la invasión que su cuerpo tenía de parásitos y pulgas que le causaban un nuevo martirio.

El valiente jabalí, que había estado admirablemente constituido para protegerse de la intemperie y para defenderse de otros depredadores, astuto, de fino oído, y que no terminó con él, ni la peste porcina ni otros elementos, su suerte acabó  al caer en la trampa mortal de aquel lazo mortal que alguien había puesto en su camino.

Los cazadores y demás integrantes del grupo, bajan hacia el pueblo pausadamente y sin euforia, ya que han visto la agonía de un animal bravío, que sin morir ya estaba muerto. Con una muerte atroz, solitaria, vagando fuera de su hábitat natural y alejado de su manada; queriendo, tal vez, subir hasta lo más alto buscando las crestas de la sierra, allá donde  la luna se ve pequeña: Pero que sólo llegó a la línea divisoria donde comenzaba la nieve y terminaban los cercados, quedándose sin fuerzas para proseguir.

Y yo pienso que se quedó “aposta” en aquel claro del bosque, para que fuese visto por los cazadores y una vez avistado, terminasen con aquella agonía que venía padeciendo desde hacía mucho tiempo y…. que aquello tuviera su fin.