Sábado, 23 de septiembre de 2017

Estamos en guerra: Entre Dios y Mamón (no entre Iglesia e Islam)

En el contexto del evangelio del domingo pasado (27.8.17) traté ayer de la palabra central de Jesús que dice a Pedro:Sobre esa Roca edificaré mi Iglesia y las puertas del Infierno no prevalecerán contra ella.

El texto supone así que hay una guerra fuerte entre la Iglesia de Jesús (entendida simbólicamente como edificio) y la ciudad del Infierno (que aparece simbólicamente dotada de "puertas/armas invencibles", defensivas y ofensivas, conforme a una imagen bien conocida de la Biblia).

Se trata, pues, de una guerra entre la Iglesia (que quiere ser signo y principio de gratuidad) y el Infierno... Una guerra que la tradición católica ha puesto (y pone) muy de relieve, siguiendo de algún modo en la línea de la meditación básica de Ignacio de Loyola, que trataba de las dos banderas (de Jesús y del Infierno), y de la necesidad de alistarse bajo una o bajo otra.

Pues bien, estos días, tras los atentados de Barcelona he sentido en algunos lugares y Medios (desde Rosario de Argentina a San Morales de Salamanca) que la Gran Guerra se juega y combate entre la Iglesia de Jesús y un tipo de Islam fanatizado.

Este es un tema clave, que desata pasiones, dentro y fuera de la iglesia (dentro y fuera de las religiones). Pues bien, en esta postal, conforme al evangelio del domingo, quiero poner de relieve dos cosas:

-- Esta es una Guerra entre la Confesión de Pedro, que se expresa (=ha de expresarse) en la Iglesia de Jesús y las Puertas/Poderes del Infierno, que según el mismo evangelio de Mateo (Mt 6, 24) se identifican con Mamón, que no es el Islam (ni el budismo de Ceuta), sino el Capital Absolutizado. Quien quiera saber que eso es verdad no tiene más que leer el evangelio de Mateo (como he querido mostrar y he mostrado en mi Comentario a Mateo, VD, Estella 2017).

-- El cristianismo de Jesús y el Islam de la Gran Tradición musulmana tienen un mismo enemigo, que es el Mamón, el puro poder económico (el deseo de poder-dinero) que les puede dominar. Para luchar contra ese poder han de dialogar y unirse musulmanes y cristianos verdaderos, optando por el bien y salvación de los hombres, no por el dinero hecho mamona (que no tiene religión, sino que es fuente de lucha y destrucción humana, para las dos religiones). Aquí trato el tema desde la perspectiva cristiana.

Estamos en guerra...

-- Como he puesto de relieve, la Roca de la Iglesia es la confesión de fe de Pedro: Es Roca en sentido de Castillo, ciudad edificada sobre cimientos firmes... es decir, sobre la palabra y confesión de Jesús, que es gratuidad y amor mutuo.

-- El infierno es el poder de Mamón (en la línea de Mt 6, 24). Ese infierno o Mamón (Capital/mercado divinizado) tiene un reino fuerte, y sus "puertas" (poderes) son casi invencible...

Así se oponen el reino de Jesús (fundado en la roca de la fe de Pedro) y el poder del Infierno (=poder de destrucción), que es Mamón. Esta es la lucha final en la que estamos inmersos.

Éstos son los dos caminos de que habla el evangelio de Mateo, retomando una antigua tradición israelita, pero con una gran diferencia:

-- Mateo ya no habla de un Diablo personal... pues su Diablo es Mamón, el dinero absolutizado, convertido en principio de todo lo que existe, mercado en el que todo se compra y vende.

-- El gran "partido" se está jugando, y muchos piensan que el Dinero/Mamón está venciendo con mucha diferencia de goles. Pues bien, en contra de eso, el evangelio de Mateo afirma que "no prevalecerán": La puertas del mal, que es el Dinero divinizado no podrán triunfar sobre la Iglesia de Jesús, fundada en su amor gratuita y expresa en forma de comunidad de servicio mutuo en el amor.

La palabra clave de esa guerra:

Nadie puede servir a dos señores
– Pues odiará a uno y amará al otro.
– O se apegará a uno y despreciará a otro.
¡No podéis servir a Dios y a la mamona! (Mt 6, 24; cf. Lc 16, 13

Un Señor es Dios, el poder de la vida, revelado en Jesús, confesado por Pedro, que se expresa en la Iglesia (pero la desborda)
El otro Señor es Mamón, el Dinero absolutizado, el poder del capital y del mercado uni versal que tiende a destruir al hombre.

Según eso, lo opuesto a Dios, aquello que destruye y mata al hombre es Mamón, el dinero absolutizado, que es el capital objetivado, principio y compendio de todos los sistemas que le esclavizan y le condenan a la lucha mutua y a la muerte. El tema de fondo es que el hombre no crea a Dios, sino que es creatura/presencia de Dios, pero puede crear y crea el dinero divinizando de esa forma algo que él mismo hace .

1. Lo contrario a Dios es un deseo absolutizado (un “mal ojo”), que se expresa en forma de estructura objetivada, en línea ideológica (de mentira) y político/económica (de opresión). Lo malo (contrario a Dios) no es el mundo, ni la materia, ni el cuerpo, sino un “mal ojo”, es decir, una mala voluntad, un deseo colectivo y objetivado de tenerlo todo, asegurando así la propia vida en algo que nosotros mismos queremos poseer, pero que al fin nos posee. Ese mal brota de la mala voluntad que se expresa en forma de envidia y deseo de dominio, objetivándose y concretándose de una forma trans-subjetiva y recibiendo una “entidad” (=anti-realidad idolátrica, externa, en forma de la mamona.

Este mal es algo que el hombre mismo hace (construye), un “Dios” hecho por “manos” humanas (es decir, por la misma capacidad creadora del hombre) para luego quedar esclavizado por ello. Esto es lo que la Biblia llama ídolo (cf. Sab 13-15). No es creación positiva de Dios; pero tampoco es pura nada: es algo que nosotros mismos construimos y que una vez que lo construimos (es decir que lo “comemos”, en la línea del símbolo de Gen 2-3) nos destruye (nos come, nos mata). La mamona algo que nosotros hacemos con la intención de dominarla (y dominar el mundo y así salvarnos…), pero de tal forma que al fin quedamos dominadas por ella y destruidos.

2. La mamona es el ídolo englobante, y así recoge una larga tradición de pecado del Antiguo Testamento (condensada, por ejemplo en Sab 13-15 y en las “tentaciones diabólicas” de Mt 4 y Lc 4: pan/capital, poder/dominio universal y milagro).

Muestro pasaje ha condensado esas figuras y deseos, pero objetivados, en un equivalente divino universal que es la Mamona, la gran construcción que los hombres elevan «contra Dios» o, quizá mejor, en lugar de Dios, como indicaba ya el símbolo de la Torre-Ciudad de Babel (Gen 11).

Al identificar a la mamona con el antidiós, nuestro pasaje ha realizado una opción hermenéutica de consecuencias incalculables, revelando así que aquello que une a los hombres en un plano de pecado no es un tipo de pura razón perversa o de pasión sexual, no es el ateísmo o la irreligión, ni una forma de poder abstracto; lo que a todos iguala y destruye (a nivel de mercado absoluto: todo se compra/vende, nada se regala) es el Capital/Mamona. En este contexto, el problema inmediato de los hombres no es si hay o no hay Dios, sino si hay Dinero/Mamón que les domina prometiéndoles la vida, pero ofreciéndoles muerte.

Entendida así, la Mamona es un ídolo engañoso que puede camuflarse en ropajes de piedad, libertad o religión. Los hombres siguen entregándose a sus cultos de tipo social o religioso, pensando que es allí donde se expresa la verdad de su existencia, y se revela Dios. Pero el evangelio sabe que el mismo templo de Jerusalén está «hecho por manos humanas» (jeiropoietos: Mc 14, 58) y vinculado por tanto al dinero (cf. Mc 11, 15-19), como una construcción del hombre, en la línea de la torre de Babel, de manera que forma parte de la mamona, es decir, de la adoración del dinero, pues «allí donde está tu tesoro está tu corazón» (cf. Mt 6, 21). Griegos y romanos adoraban a sus dioses. Filósofos y sabios posteriores han podido absolutizar sus ideas. Pues bien, al fondo de esos dioses y de esas ideas se encuentra Mamón, la construcción suprema de los hombres, como sucedía ya en el templo de Jerusalén.

3. El descubrimiento del carácter antidivino de Mamón tiene rasgos de revelación. No se logra con discursos conceptuales o teorías cósmicas que siguen inscritas en un lenguaje de «talión», que es en el fondo una expresión de la mamona (equivalencia racional o monetaria, mercado universal). Solo se descubre el carácter antidivino de la mamona allí donde ha venido a revelarse el verdadero Dios como poder de gratuidad y principio de amor que fundamenta de manera amorosa la existencia de los hombres. Eso es lo que ha visto Jesús al descubrir al Padre de la Gracia, eso es lo que Jesús ha descubierto al comprender de un modo vital que lo contrario a Dios es la mamona, que se identifica en el fondo con Satán, el pecado originario.

Descubriendo a Dios Padre de los hombres, Jesús ha comprendido que lo contrario a la gracia de ese Dios, y al mismo Dios, es la Mamona. Los bienes de mamona determinan un tipo de vida: nos dan poder intenso y nos permiten ordenar, comprar o construir casi todas las cosas, pero, al fin, convertidos en poder supremo nos destruyen. Lo que Jesús supo y dijo en su tiempo resulta más claro en el nuestro, cuando culmina el ciclo que había comenzado en su tiempo: el ciclo de la monetarización de la realidad, que lo ha convertido todo en mamoma y mercado.

Esa mamona del gran capitalismo, divinizado y concretado en el mercado, que se vincula al imperio militar y domina sobre el conjunto de los hombres, es en el fondo el antidiós, como sabe el Apocalipsis (Ap 17-18): un ídolo al que todos podemos acabar vendiendo lo que somos, quedando cautivados por su fuerza que es al fin destructora, pues pone a los hombres en manos de la violencia y de la muerte. Lo contrario a Dios no es el dinero en sí, como medio para realizar intercambios económicos, sino el dinero convertido en capital, bien absoluto de mercado.

4. De esa forma se oponen y vinculan revelación de Dios y de Mamón. Dios es creador, es Vida que se regala, la mamona, en cambio, ha sido creada por los hombres (y se aprovecha de ellos, les devora, como el Dragón de Ap 12). Dios nos hace libres, para que podamos realizamos de manera autónoma. Mamón, en cambio, nos posee (como el diablo) y nos convierte en siervos al introducimos en su mercado de mérito y negocio, de ganancia y juicio donde vale más el que más tiene, aunque al final todos acaban siendo esclavos del mismo mercado. Dios nos ama de manera personal y, al dirigimos su palabra de llamada, espera una respuesta.

El dinero, en cambio, nos permite gozar y poseer en un plano pero al final nos esclaviza, sin dejar ya que podamos responderle, pues vive de nosotros y así nos destruye
Lo contrario a Mamón (capital y mercado divinizado) no es un tipo de dinero mejor de este mundo, sino la gracia de Dios, el amor generoso que crea y da vida, por encima de todo mercado (una gracia que se puede expresar y se expresa en la comunicación gratuita de vida entre los hombres). Por eso, el conocimiento de Dios está vinculado a la experiencia de la gratuidad, como suponía ya Sab (cf. 1, 1-2) y como desarrolla Pablo en Rom 1-3. En esa línea podemos y debemos decir Dios es aquello (aquel) que se opone como gracia creadora y principio de vida al egoísmo del dinero. A partir de aquí debemos precisar el monoteísmo israelita: «Escucha, Israel, Yahvé nuestro Dios es un Dios único; amarás a Yahvé tu Dios con todo tu corazón...» (Dt 6, 4-6; cf. Mc 12, 29-30). Ese Dios de amor, revelado en Cristo es la gracia creadora de la vida que se regala y comparte.

5. Lo opuesto al Dios Uno del Shema de Israel (Dt 6, 6-7) es Mamón como Capital único, que impone sobre el mundo el único mercado donde todo se compra y vende. En línea de mamona, el mundo acaba convirtiéndose en un puro mercado, con una moneda “virtual” que todo lo compra y lo vende, de manera que todos se miden (se igualan o distinguen) por ella y de esa forma se negocian, en un tipo de inmenso proceso donde el «juez» (quien dicta la sentencia de lo bueno y lo malo) no es otro que el mismo dinero. Esto significa que los hombres acaban siendo esclavos de un instrumento de cambio (de juicio comercial) que ellos mismos han creado. Cesa el valor de la persona como tal, pues ella se compre y vende, como se compra el trabajo. Se pierde así la gracia de la vida y todo resulta al fin equivalente porque todo se mide y negocia, nada se regala, en un nivel de competencia o negocio que termina siempre en muerte.

Lo opuesto a Mamón es el despliegue de la vida como gracia compartida, es decir, es decir, como regalo originario, no como creación egoísta de los hombres. Por eso, si queremos conocer a Dios no podemos refugiamos en un nivel interno para interpretarlo en clave de emoción o sentimiento. Tampoco le podemos definir por las ideas. Conocer a Dios implica descubrir y potenciar un tipo de existencia que es contraria a los modelos que se imponen y extienden por dinero (capital), en un mundo donde sólo se valoran las empresas productivas (obras) y al final todo se adquiere y rechaza en el mercado. Frente al desvalor universal de la mamona (forjada en clave de juicio y compraventa) ha de expresarse ahora la apertura universal de Dios que es gracia. En esa línea, Dios se define (se revela) diálogo de amor creador y gracia para todas las personas (en la línea de 1 Cor 13).

6. Conocer a Dios es vivir y crear en gratuidad. Contra la mamona, que es anti-gracia (regula por fuerza lo que existe), Dios es Vida que se regala y comparte, haciendo que exista vida humana. Los poderes del mundo (pan y circo, afán de placer y deseo de poder...) acaban por centrarse en la mamona que así aparece como esencia y verdad (¡mentira!) de todos esos poderes, como fuerza capaz de construir torres de Babel, inmensos edificios de seguridad, según sistema. Pues bien, a diferencia de la mamona, Dios es Aquel que crea gratuitamente vida, Aquel que no se compra ni venda (no es dinero), siendo, sin embargo, el principio y fuente de todo lo que existe.
Dios es creatividad, gozo de dar, dejando en libertad y acompañando en amor a lo creado. Así se muestra en Jesús, que le define como lo contrario a la mamona, que es el deseo de tenerlo y dominarlo todo, en gesto de envidia violenta: Cada uno quiere lo que tiene el otro, en mercado que excita los deseos para aumentar la producción y viceversa, de tal forma que nadie logrará jamás saciarse.

Lógicamente, la mamona «fabrica» pobres: suscita la desigualdad entre los hombres, en proceso de competencia que lleva al enfrentamiento y a la opresión de los perdedores. Más aún, el mismo sistema de la mamona acaba convirtiendo a todos en pobres, pues les hace esclavos del proceso económico de producción y distribución de bienes. Pues bien, en contra de eso, Dios se define como amigo de los pobres: se muestra como gracia, gozándose en dar precisamente a los que menos tienen, en proceso de generosidad gratuita .

Desde ese fondo, superando el nivel del juicio y la mamona, afirmamos que Dios es gracia, para destacar, al mismo tiempo, que el hombre verdadero es también gracia. Esta es la única definición antropológica que tiene sentido después de todo lo indicado. El sistema del juicio económico o social nos sigue esclavizando. No podemos volver a la simple evolución de la vida, de la que procedemos, pues al final de ella se han impuesto por fuerza los más hábiles o fuertes, dejando morir o matando a los menos capaces, y ella ha culminado de hecho en el hombre posesivo del Dinero.

En ese plano de evolución nada se crea, nada se destruye, sino que todo se transforma..., pero a favor de los triunfadores, en un camino que lleva a la muerte, como ya sabía Gen 2-3. Pues bien, en contra de la visión en que aparece dominado por Mamón (=poseído por lo diabólico), afirmamos que el hombre verdadero es gracia; nace por regalo de amor (no por negocio) y sólo regalando su vida puede realizarse humanamente. Esta es su identidad, esta es su fuerza, por encima de las diferencias que, en otro plano, pueden separar a judíos y cristianos, pero que aquí resultan marginales.

Jesús pasa por alto otros ídolos menores (astros, dioses paganos, fetiches, hombres divinizados…) y sitúa en el centro de su atención y de su crítica a Mamón, dinero objetivado como capital y subjetivado como avaricia (tema que retoma, en otro contexto la tradición de Pablo: Col. 3, 5; Ef 5, 5; cf. Lc 12, 5). Frente a todo idealismo filosófico de tipo griego, propio de hombres ociosos y ricos, alimentados por siervos o esclavos, Jesús entiende al hombre desde abajo, en clave económica, diciendo que es posible una armonía entre Dios y Mamón: Ésta es una palabra de origen claramente judío, en la línea del shema (Dt 6, 4) y del decálogo (Ex 20, 3), donde se define la unidad de Dios y su carácter exclusivo. Pero la novedad de Jesús es que ahora lo contrario a Dios no es ya un tipo de ídolo cómico (como Baal) o político (como Marduk). Lo contrario a Dios, ídolo supremo es el Dinero absolutizado, es decir, una economía convertida en divina:

Este “encuentro” (desencuentro) de Jesús con Mamón explicará toda su vida y, de un modo especial, su muerte, condenado por los poderes del templo del templo de Jerusalén que está «hecho por manos humanas» (Mc 14, 58) y vinculado por tanto al dinero (cf. Mc 11, 15-19), como una construcción del hombre, en la línea de la torre de Babel; en ese sentido puede formar parte de la mamona, es decir, de la adoración del dinero, pues «allí donde está tu tesoro está tu corazón» (cf. Mt 6, 21).

Mamón es un Dios fuerte, capaz de construir imperios como Roma, de comprar y conquistar ciudades, de poseer todas las cosas, pero esclavizando a los hombres. Esto que Jesús dijo en su tiempo resulta más claro actualmente (año 2017), cuando el Capital objetivado (con la avaricia subjetiva) ha terminado dominando casi todo lo que existe sobre el mundo y sometiendo a los hombres bajo su dictado. El hombre no es ya señor del Sábado, como quiso Jesús (cf. Mc 2, 28), sino esclavo de Mamón.