Jueves, 21 de septiembre de 2017

El gasto militar

Hay cosas que se acaban convirtiendo en símbolo. Y ver un jeep militar (y no es la primera vez que lo veo) por las calles de la ciudad, viejo no, viejísimo, medio destartalado, con luces mortecinas y las lonas al viento, da idea sobre qué clase de material militar nos gastamos ahora. Imagino que su servicio es ya corto y limitadísimo. Creo (y pienso no me equivoco) que es el servicio de enlace y abastecimiento desde el cuartel hacia el cercano campamento de los Montalvos. El lastimoso vehículo sube y baja cada día con el indispensable cargamento. Ese es todo un símbolo de estos tiempos y de gastos en ese apartado.

              Es verdad que la consideración militar (en cuanto a gasto) no pasa por sus mejores momentos. Sin embargo se piensa inmediatamente en el ejército cuando las grandes emergencias. Y también en las contingencias internacionales. Imagino que en esos casos tan extremos no habrá vehículos tan desastrados como este (y si así fuere que alguien nos ampare). Yo no entro ni salgo con lo del gasto militar y su necesidad, pero ver en estos mismos días el buque insignia Príncipe de Asturias camino del desguace turco, y este vehículo que a diario sube y baja con el rancho dan idea de cuánto hemos cambiado sobre esa consideración.

             Deseo (como casi todos) que no tenga que haber una intervención militar para defensa del territorio y de las gentes que vivimos por aquí. Y que tampoco haya catástrofes ni incendios devastadores en los que tenga que intervenir el estamento militar. En caso contrario apelo a las aliadas civilizaciones esas fuertes que nos echan una mano de vez en cuando, y si no, llegado tal extremado caso, pues salir de los hogares, y de uno en uno, con los brazos en alto, rezando y tirando besos al aire por si cuela el asunto y el enemigo se compadeciese. En fin, como para pensárselo.