Jueves, 23 de noviembre de 2017

El Islam en el siglo XXI

     El Islam es un tema que no debe dejarnos indiferentes. A mí, por lo menos, no, pues hace muchos años que, con ocasión de encuentros interreligiosos propiciados por la Organización Mundial del Movimiento Scout, pude convivir más o menos de cerca con scouts árabes y musulmanes, que no es lo mismo, como más adelante se verá.

     Y así, en el Curso ITT celebrado en Jambville, en el palacete que los Scouts de France heredaron cerca de París, allá por  agosto de 1980, el día de la fiesta final, me tocó preparar un plato que, a la par que pudiera gustar, respetara las múltiples normas religiosas de scouts israelitas, musulmanes y cristianos, de modo que se me ocurrió preparar una ensalada de frutas francesas, con aceite de oliva italiano, aunque probablemente producido en Jaén, y en lugar de vinagre de vino, zumo de limón puro y duro. A los scouts tunecinos, que no acababan de fiarse, me los tomé de ayudantes para que comprobaran con sus propias manos y olfatos que se les tenía en cuenta y se les respetaba. La bandeja de la ensalada quedó reluciente, que lo de pingar pan no es exclusivo hispánico.

     Viajar enseña mucho y una de las cosas que pude aprender bien fue a distinguir árabe de musulmán, porque en estas movidas internacionales tuve ocasión de conocer y hacerme amigo de varios scouts árabes cristianos. De modo que no todos los árabes son musulmanes, ni todos los musulmanes son árabes, como muestra la figura de Casius Clay, o sea Mohamed Alí luego de convertirse al Islam. El país con más población musulmana del planeta parece que es Indonesia y, desde luego, los indonesios no son árabes, ni los malayos, ni los nigerianos, ni los egipcios, ni los argelinos o marroquíes, ni siquiera Al Ándalus en su época dorada, que aunque los árabes mandaban allí mucho, eran una pequeña minoría.

     Hace unos quince días me interesé en adquirir un libro-entrevista que el periodista Fernando de Haro realizó recientemente al jesuita egipcio-libanés Samir Khalil Samir y que lleva por título “El Islam en el siglo XXI”, que he terminado de leer al día siguiente de los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils. Yo creo que es mejor, más ordenado y más completo, aunque algo más antiguo, otro libro del mismo Samir Khalil Samir, “Cien preguntas sobre el Islam”.

Los atentados de Barcelona y de Cambrils pueden nublarnos el juicio y, sobre todo, hacer saltar la espita del depósito del odio que, quien más quien menos, todos tenemos en el almario. De modo que estas atrocidades me han traído a la memoria las imágenes de varias señoras musulmanas –con o sin velo- que están cuidando a muchos de nuestros ancianos con cariño, delicadeza y dedicación esforzada. O también de un chico musulmán paquistaní que está haciendo un enorme esfuerzo de integración lingüística -pues sin la herramienta del idioma difícilmente podrá integrarse en nuestra sociedad- y que ha conseguido su primer contrato.

Pero también me han asaltado inquietudes: nuestro sistema educativo, los movimientos juveniles, los clubs deportivos, las Iglesias ¿hemos hecho todo lo que deberíamos para proponer a los jóvenes musulmanes que viven entre nosotros un proyecto de vida que les entusiasme, a la par que les ayuda a integrarse en una sociedad plural, pacífica y democrática? ¿No se ha intentado utilizar políticamente la fuerza de voto de los musulmanes españoles? ¿No han primado intereses políticos a corto plazo?

¿Nos atreveremos a entablar un diálogo profundo, a la par que práctico, con el Islam o lo haremos con el freno de mano echado por los petrodólares que engrasan nuestras fábricas de armamento, nuestros parquets financieros y hasta nuestros clubs de fútbol? ¿Apoyaremos a los millones de musulmanes pacíficos y a sus intelectuales que apuestan por una interpretación más espiritual y más abierta del Corán y de otros textos islámicos fundacionales o tendremos miedo de la cólera de los radicales y de sus proyectos totalitarios?

Este debate con el Islam no dará fruto si nosotros no profundizamos en nuestras propias raíces espirituales y religiosas, que están en la base de Occidente. Me parece que tenemos tema y agonía –lucha- para varios lustros.