Miércoles, 20 de septiembre de 2017
Béjar al día

Emilio Plasencia Salas visita el legado a la ciudad de su tío Valeriano Salas

BÉJAR | El sobrino de Valeriano Salas habla de sus relaciones familiares cuando él era aún un niño, recordando a su familia de ascendencia bejarana

Emilio Plasencia Salas y Purificación Serrano en su visita al Museo Valeriano Salas

Hoy ha visitado el museo, acompañado de su esposa, un sobrino de Valeriano Salas, Emilio Plasencia Salas, que tenía 19 años cuando su tío murió, por lo que aún le quedan recuerdos de aquellos años en los que Valeriano volvía a Cañaveral, para visitar a su familia paterna y “echar un vistazo a sus fincas” que siempre mantuvo en explotación pese a sus muchos viajes y a que tenía fijada su residencia en Madrid.

La madre de Emilio, era prima hermana de Valeriano, su padre y abuelo de Emilio, Clemente Salas, y Pedro Salas, padre de Valeriano, eran hermanos, ambos se dedicaban al comercio de harina y aceite entre Extremadura y Castilla, hasta que se establecieron definitivamente en Cañaveral, donde se dedicaron a la ganadería.

Durante su visita al museo no ha dejado de recordar a su tío como una persona muy culta al que le gustaba, sin embargo, el calor de los braseros de picón, cuando volvía en invierno al pueblo y les contaba los viajes que hacía por todo el mundo.

Paseando por esos recuerdos, rememora cuando Valeriano cruzó el desierto del Sahara en su citroen convirtiéndose en el primero que lo hacía en un coche. También cuando siguió la carrera del torero Paco Caminos, a quien descubrió y ayudó en sus comienzos, lo que a este viajero incansable le llevó a seguir su carrera por España asistiendo a 91 corridas de las 96 que el diestro tuvo esa temporada, allá por los años 58 o 60, según recuerda Emilio.

Buceando entre esos recuerdos también cuenta que Valeriano fue hijo de la segunda mujer de Pedro, la primera murió sin descendencia y que tanto él como su hermano Clemente y su hermana, Ana Salas, tía de Valeriano, casada con Miguel Agero, procedían de Béjar.

Emilio se ha quedado sorprendido del gran legado de Valeriano a la ciudad, pues ha sido hoy la primera vez que ha podido visitar el museo y no ha dejado de tener un recuerdo para la mujer de su tío, Mª Antonia Tellechea, natural de Cuba, de ascendencia vasca, con quien mantuvo el contacto una vez fallecido su marido, facilitado porque por esas fechas el propio Emilio ya vivía en Madrid y Mª Antonia continuaba ocupando el domicilio conyugal, cuyas ventanas daban directamente al parque de El Retiro.

Ahora Emilo Plasencia Salas se ha convertido en el descendiente de más edad de Valeriano Salas y el único que le conoció, por lo que sus recuerdos han sido una valiosa aportación.