Jueves, 17 de agosto de 2017

Programaciones culturales veraniegas

Uno de los progresos más sutiles y, al tiempo, menos valorados en los medios de comunicación y en la sociedad en general, es el que ha tenido en nuestro país, tanto en el mundo rural como en el urbano, desde la transición hasta hoy mismo, en el terreno de las programaciones culturales.

            En el mundo campesino, muchas de las gentes que no tuvieron oportunidad de estudiar, debido a los tiempos difíciles que les tocó vivir, se lamentaban de esa falta de oportunidades que tuvieron y anhelaban el haber tenido estudios, el haber tenido cultura, como el bien más preciado de la existencia.

            Hoy, esta perspectiva, debido a la invasión del pragmatismo y del interés en todas las escalas de la sociedad, parece haberse diluido, puesto que el común de los morales ha elegido la del dinero y el bienestar material como su única religión. Lo cual nos ha convertido en una sociedad chata y roma.

            Pero, al tiempo, se han ido destinando recursos, por parte de ayuntamientos y otras instituciones, para actividades y programaciones culturales, lo que ha transformado –y en este caso ha sido para bien– la faz de nuestra sociedad. En este caso, desgraciadamente, el mundo rural ha tenido y sigue teniendo menos posibilidades que el urbano.

            Hoy, por lo general, nuestra sociedad está acostumbrada a escuchar un concierto o una audición (sea de la música que sea); a ir a una representación teatral; las charlas y conferencias se programan y anuncian a lo largo de cada año y el interesado puede acudir a ellas; hay excursiones, también organizadas, a las que se pueden apuntar nuestras gentes por precios razonables; surgen por aquí y por allá clubes de lectura, o grupos de bailes tradicionales, o de marchas y caminatas. Y otros muchos ejemplos que podríamos poner y que han ido acostumbrando, sutilmente, a nuestras gentes a incluir en sus vidas la cultura.

Y aquí sí que está el verdadero progreso que humaniza y civiliza a cualquier sociedad. Es verdad que estos últimos años, debido a esa crisis provocada, los recortes han reducido, desgraciadamente, no pocas de las programaciones culturales, pues en cultura es en lo primero que se recorta.

Pero, a lo largo del verano, de cada verano, en la mayoría de nuestros pueblos, observamos que hay programaciones culturales, con más o menos recursos, con mayor o menor número de actividades, a las que suele acudir un no escaso número de vecinos y de veraneantes en los pueblos.

Y esta es la mejor señal de que hemos ido adquiriendo, a lo largo de poco menos de medio siglo, unos hábitos de ‘consumo’ cultural, que indica hasta qué punto nuestra sociedad ha avanzado en un terreno que es importantísimo, ya que es el que nos hace a todos mejores, individual y socialmente.

De todos depende –autoridades, instituciones, asociaciones… y de la ciudadanía, en general– que sigamos profundizando en este camino de la cultura, pues es por ahí por donde se alcanza el verdadero progreso de una sociedad.