Lunes, 18 de diciembre de 2017

El desenganche

Ser Comunidad, desde la acogida y el acompañamiento en Casa Samuel, también engancha.

Está claramente demostrado que el engancharse a cualquier tipo de adicción resulta de lo más sencillo, desde la más positiva, simple o intrascendente a las más complicada, compleja o peligrosa. Tomar el café de las diez, el aperitivo de las doce, la novela de las cuatro.... ser adicto al cine, al deporte, a la lectura, a la música, etc., es sin duda fantástico.  Lo negativo y peligroso son las que pensando que simples e inocuas, poco a poco van aumentando su adicción, hasta poder convertirse en algo francamente peligroso, que nos pueden conducir a padecer grandes problemas físicos, síquicos e incluso a la propia muerte (sobredosis).

Los que me conocéis seguro que estáis al día de mis aventuras y desventuras por participar durante 15 días en un "campo de trabajo" a principios de verano desde hace más de una década. En él he podido constatar las lamentables consecuencias que conlleva tener adicciones de las llamadas peligrosas y como por compartir jeringuillas o realizar prácticas de riesgo, como tener relaciones sexuales sin protección contraían sin saberlo el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). Todos recordareis como en la década de los 90 apareció esta plaga, los que tenían la desgracia de contagiarse firmaban en la inmensa mayoría su "condena de muerte", se les llamaba "enfermos terminales de sida".

En el año 2006 participe por primera vez en ese campo de trabajo que Caritas Salamanca organiza en Casa Samuel, una casa de acogida para estos enfermos terminales de sida, donde los residentes esperaban pacientemente el final de sus días. Poco se podía hacer por ellos, ayudarles de la mejor manera posible a pasar ese tiempo, con afecto, cariño y dedicación y de la misma manera que ellos se habían "enganchado" a sus adicciones yo me enganche -casi sin darme cuenta- a seguir participando en el citado campo de trabajo como si de una adicción más se tratara, adicción que dura ya doce años.

Por fortuna y como diría D. Hilarión en la zarzuela "hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad" la industria farmacéutica trabajando a marchas forzadas puso en el mercado los fármacos llamados Retrovirales, que no curan la enfermedad, pero frenan el avance del virus. A partir de ese momento solo los muy afectados fallecen y el resto, que ya son mayoría, se convierten en "enfermos crónicos" como cualquier diabético, hipertenso o cardiológico, por ejemplo. En estos momentos se habla de que las vacunas pueden estar al caer, sería sin duda un gran paso y una fantástica noticia.

Desde hace muchos años todos los que padezcan alguna adicción de las llamadas peligrosas tienen la oportunidad de "desengancharse", a pesar de que es duro y complicado porque cuentan con medios humanos, clínicos y farmacéuticos para conseguirlo, siempre que estén plenamente convencidos de desearlo. Proyecto Hombre, Alcohólicos Anónimos y otras entidades de este tipo están ahí para ayudarles. Es de lo más reconfortante ver cómo tras pasar un tiempo en estos centros, han dejado sus adicciones, y se han desenganchado de ellas para convertirse en ciudadanos simplemente normales.

En estos momentos me encuentro yo en esa tesitura de "desengancharme" de esa adición que me dura ya tanto tiempo, mi instinto y mis sentimientos me dicen que debo permanecer enganchado, ya que han sido tiempos hermosos y llenos de satisfacciones alternando con otros duros y tristes -muchos más de los primeros- pero... -siempre tiene que haber un pero- el jodido calendario no para y los años van contando irremediablemente.

Por culpa de un fatal desenlace -hace algunos meses ha fallecido un amigo muy especial- he encontrado una razón que va a facilitarme el susodicho desenganche. La viuda de mi amigo me decía recientemente: me siento culpable, no del fallecimiento de tu amigo, sabes que hemos hecho todo lo humanamente posible, que he estado a su lado las 24 horas del día desde que se agravó su enfermedad, pero me siento culpable de antes de caer enfermo no haber disfrutado minuto a minuto de su compañía, una hora pasada sin él es una hora perdida e irrecuperable.

Padezco en estos momentos esa lucha interna entre lo que dice el corazón y lo que piensa mi cerebro. El primero me dice que ésta adicción es de las que merece la pena mantener, pero el cerebro me hace poner los pies en el suelo y ver como las energías van disminuyendo y he de reconocer que estos dos últimos años me ha supuesto un esfuerzo mayor el hecho de continuar con ésta aventura.

La reflexión de la viuda de mi amigo me ha hecho comprender que el esfuerzo no es físico sino mucho más sentimental. Ahora comprendo lo que supone -sin duda debe ser cosa de la edad- el estar separado un día de la persona con la que has decidido compartir toda tu vida, mi mujer, y efectivamente un día que paso sin ella es un día perdido e irrecuperable.

Esta situación me va a ayudar a desengancharme de mi adicción con la que tanto he disfrutado pero siendo realista hay que aceptar que nos quedan ¿ ? primaveras, muchos, demasiados, buenos amigos, quintos y compañeros voy dejando atrás y quiero, mejor dicho, necesito pasar el tiempo que me quede lo más cerca de ella.

Alberto.