Jueves, 19 de octubre de 2017
Alba de Tormes al día

¡VUELVE TERESA!

ALBA DE TORMES | Apuntes para el Año Jubilar Teresiano 2017-2018

Teresa de Jesús se cruza siempre en nuestra historia y su presencia no está ligada sólo a efemérides y fechas dignas de recordar. Así nos ocurre ahora, apenas salidos del V centenario de su nacimiento (2014-2015), como si no nos diera tiempo a reposar y diluir su imagen con fechas que nos distraigan por otros recuerdos. Pero no es así. Vuelve Teresa con la urgencia de una presencia especial, y ésta es aquella que motiva la cadencia esporádica de su fiesta en domingo para este año 2017. Entendámonos, se trata de la fiesta universal del 15 de octubre que tanta unanimidad y consenso suscita, sobre todo entre los ambientes espirituales y de los caminos de la mística cristiana. Pero sin olvidar tampoco a aquellos admiradores y seguidores de Teresa de Jesús, fascinados por su trayectoria histórica o por la calidad literaria de su obra escrita. A todos nos concita Teresa en esta especial circunstancia.

Un Jubileo Teresiano ¿para qué?

Una celebración que es copia de otras instituciones ancestrales como los Años Santos romanos, Años Santos de la Redención, Años Marianos, el Jubileo de la Misericordia, el Año Santo Compostelano o Jacobeo, el Jubileo Lebaniego, el de la Cruz de Caravaca y otros tantos parecidos. ¿Tiene esto sentido?

Y, sobre todo, mirando la persona y el mensaje de Teresa de Jesús, ¿la podemos considerar de un calado tan universal que exija estos recordatorios o memoriales reiterados, de forma que no la perdamos de vista u olvidemos, porque sigue siendo una amiga de camino, una mujer de nuestro tiempo?  

Una costumbre cristiana, la de la peregrinación

Por de pronto no es la primera vez que esto sucede, aunque hay que reconocer que los años jubilares teresianos anteriores de concesión pontificia específica (no se confunda con la simple conmemoración centenaria) han sido pocos y más bien recientes (1962-1963, 1981-1982, 2014-2015) y siempre ligados a fechas y sucesos importantes de la biografía teresiana. Lo de ahora tiene todo el matiz de que será una vinculación ordinaria, aunque no menos fuerte, porque es el domingo, la fiesta primordial cristiana, la que determina la importancia especial de la fiesta teresiana; es decir, que de ahora en adelante habrá año jubilar teresiano siempre que la fiesta de octubre de santa Teresa ocurra en domingo, como sucede con el Año Santo Compostelano. O sea que es el hecho Cristo, el misterio central de su resurrección, no ya una fecha o aniversario teresiano lo que va a marcar de ahora en adelante la frecuencia y reiteración de este año jubilar teresiano para Ávila y Alba de Tormes, y esto será seguramente ya de forma ordinaria y automática, sin que tenga que mediar de nuevo una intervención específica papal o vaticana.

Y de paso, ya entendemos por eso que Teresa de Jesús será intercesora y valedora a lo largo de este tiempo de gracia y de misericordia (aunque siempre lo es) gracias a ese acercamiento de todos (creyentes, devotos, admiradores y lectores) a Jesús, su maestro, amigo y Esposo. Sencillamente es como recordarnos que el nombre escogido por ella, tal y como se la conoce (Teresa de Jesús), denota su misión y tarea, la de entonces y la de ahora, que es la de conducir a todos al Jesús de Teresa.

Por aquí podrá ir bien segura la comprensión y celebración de este año jubilar, en cuanto será un tiempo de gracia que remeda el año de gracia del Señor que no acaba desde que Cristo con su Encarnación y Resurrección lo abrió indefinidamente y perdura hasta hoy (Lucas 4,19)  para todos los que creen y esperan en él. Y Teresa ha sido una especial mensajera de esta verdad de la centralidad de Cristo en la experiencia del hombre,  ya que sigue clamando todavía por hacerlo consciente de ser redimido por él, y lo quiere también introducir en el misterio de la oración, aquella específicamente cristiana, que necesariamente pasa por él.

Pero está claro que no todos entenderán esta ocasión especial porque son desconocedores de esta sana y buena costumbre, y prefieren quedarse con la ocasión de hacer turismo histórico, literario o artístico, o contacto con la naturaleza. O simplemente descubrir el encanto o la magia de antiguas rutas y caminos por Castilla, una tarea muy habitual en Teresa y Juan de la Cruz.

A nadie se le niega esta posibilidad y este derecho porque, si se dedica a fondo a conocer la personalidad de esta mujer, y lo hacen de veras y hasta lo más insólito, seguro que quedan también fascinados de su experiencia religiosa y cristiana. Pero que quede claro que no se abre un año jubilar para favorecer el turismo, el contacto con lo arcaico y tradicional y así, de paso, incentivar la economía. Esto sería banalizar y ahogar la fuerza inspiradora de esta mujer que, porque es mística, escribe, ilumina, atrae, no te deja indiferente. Sólo por eso.

La tradición bíblica del Jubileo como espacio de justicia y misericordia

De ahí que la componente típica de todo jubileo, de acuerdo a la tradición bíblica y a la historia eclesial, se realice de forma muy veraz también en Teresa, en su vida y en su palabra escrita como vehículo eficaz de transmisión de una fuerte experiencia religiosa. No le falta razón a ella cuando echando la vista atrás por medio de la escritura autobiográfica, al libro de la Vida lo denomine precisamente el “Libro de las misericordias de Dios” (Carta 388,1). Y que reconozca además que como tal, esta experiencia  misericordiosa es la mejor definición de Dios: “Sois Dios de misericordia” (Camino 3,9), que para ella se trata de la experiencia más continua de la que siempre tiene conciencia, por lo que, mirándose a sí misma no duda en aclamar: “Sólo puedo presumir de su misericordia” (III Moradas 1,3; VI, 1,10).

De su propia camino personal entendido como un itinerario de búsqueda continua de Dios, se desprende hoy todavía que hay que hacer esa misma experiencia de sentirse acogidos y recibidos por ese Otro que no sólo me redime y me salva, me saca de la autosuficiencia, sino además me llama a la comunión de vida con él, a participar de su mismo amor. Es lo que siempre nos recuerdan los místicos, también Teresa, la altísima vocación del hombre a la que está llamado y la gran dignidad humana, y esto por pura iniciativa de misericordia y de perdón. Esta viene a ser la dimensión específicamente cristiana que nos redescubre el Jubileo y nos anima a recuperar y vivir. De este espacio de tiempo simbólico anual como un tiempo de experiencia gratuita de misericordia y de perdón, hay que dar el paso a la conciencia de una vida redimida y rescatada por Jesús de Teresa, y salir de esa actual ilusión del que se basta por sí mismo. Teresa nos asegura de que dependemos siempre existencialmente de esa salida de nosotros mismos y abrirnos al encuentro y al diálogo con el Dios de Jesucristo.

Requisitos, medios y maneras de hacer el Jubileo teresiano

Y como siempre sucede, los medios de hacer un jubileo completo, seguro, eficaz y pleno (no un simple recuerdo sentimental), tal y como ella testimonia, son los del encuentro sacramental dentro del ámbito eclesial (Reconciliación y Eucaristía), la lectura de sus escritos y el conocimiento de su peripecia vital (Teresa es de los nuestros, forma parte de nuestra historia nacional), la visita a los lugares teresianos y, cómo no, la peregrinación y la marcha que, a la vez que trata de recuperar su condición de santa andariega (seguir las huellas de Teresa por nuestra tierra castellana),  nos recuerda también la vida como una breve jornada, siempre de camino y avanzando hacia Dios.

Durante este Año jubilar Ávila y Alba de Tormes (cuna y sepulcro) una vez más van de la mano y serán la meta obligatoria de admiradores, devotos y peregrinos que se sienten vinculados especialmente a la vida y doctrina de esta mujer. Y de esta manera es como vuelve Teresa a estar de nuevo con nosotros.

Si es así, seguro que merece la pena y no es repetitivo e inútil este primer Año jubilar teresiano que nos abre a nuevos horizontes humanos y cristianos. Bienvenido sea.