Miércoles, 22 de noviembre de 2017
Ciudad Rodrigo al día

Carta abierta de Santiago Corchete a Juan Carlos Sánchez al hilo del pregón del Martes Mayor

CIUDAD RODRIGO | El pregón ha recibido grandes alabanzas por parte de todos los presentes en el Teatro Nuevo

En efecto, Juan Carlos, te prometí asistir a escuchar tu sugestivo pregón, y allí estuve en las primeras filas del patio de butacas, fiel al cumplimiento de mi promesa y a satisfacer el interés de siempre por escuchar tu docta y alentadora palabra, rica en los más diversos registros del siempre incompleto saber humano. Pues bien, desde las iniciales y bien ponderadas palabras de tu gentil presentadora, la concejala delegada de Ferias doña Soraya Mangas, el acto ya comenzó a ser auténtico y brillante. Cuando te hiciste dueño y señor de tu propio discurso, el escenario se inundó de una suerte de magia, verbal y actoral, con el desdoblamiento tuyo en una especie de alter ego que interpretaba y danzaba oculto tras el velo de una gasa vaporosa, en cuya penumbra las sombras traducían en gestos tus vivencias de adolescente guinaldés… relacionado con C. Rodrigo y su red comercial de aquellos años cuya caduca realidad va engrosando las paredes rugosas del olvido, siendo sucedida -¡la ley inexorable del tiempo!- por otras realidades mucho más complejas y acuciantes que las de otrora. Es falso de toda falsedad que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, lo diga J. Manrique, el lucero del alba, Agamenón o su porquero. Pese a todos los pesares, que ciertamente abundan, sostengo que Ciudad Rodrigo está atravesando una de las etapas más fecundas de su ya larga Historia. Sucede que quienes en la actualidad tenemos más de cincuenta años, entonces gozábamos de una lozana juventud y una salud acorde con la edad. Por eso los pesimistas de ahora son vendedores de chocheces, mas no creadores anhelantes del porvenir que se apoderará de las gentes de C.Rodrigo y su Tierra en el tiempo venidero.

Como puedes ver, amigo Juan Carlos, estoy plenamente de acuerdo con la tesis central de tu pregón teatralizado, en el buen sentido del término. Nada que objetar a tales aciertos. Sin embargo y a fuer de sincero, también te digo que me inquietaron algunos desaciertos, ocultaciones, silencios y/o olvidos que te hago llegar a vuelapluma. Permíteme no abordar ni de lejos el estilo de cumplir con tus deberes vocacionales y, menos aún, tu manera de ejercer la prédica apostólico-catequética que intentas llevar a cabo utilizando las artes escénicas. Allá tú, pero quizá más del 90% de tu curriculum actoral, dirección escénica, guionismo etc. está enfocado hacia lo que podría denominarse “teatralería de púlpito” . Ea, está bien, y hasta es posible que cierta clase de público la apruebe y aplauda. De ser así, fenomenal para ti y para ellos. Pero el teatro en esencia es mucho más universal, y llena la Historia desde sus inicios en sucesión ininterrumpida, porque intenta plantear sobre el escenario las casi infinitas necesidades de los seres humanos, buscando solución a todo tipo de problemas, ideas e ideologías, pasiones, incertidumbres… Tú lo sabes muy bien, quizá mejor que yo.

Traigo lo anterior a colación porque en materia de artes escénicas, en C.Rodrigo prácticamente solo se auxilian y apoyan las producciones que directa o tangencialmente versan sobre temas religiosos, lo cual supone frenar el desarrollo de iniciativas verdaderamente libres tratadas en profundidad, surgidas en el seno de una sociedad plural, igualitaria y crítica. El resultado lo han acreditado durante las dos últimas décadas las urnas pretendidamente democráticas: veinte años seguidos de gobernanza municipal regidos por un alcalde de cuyo nombre no quiero ni acordarme, constituyen  gran parte de la derrota denunciada también por nuestro ilustre pregonero: Ciudad Rodrigo se vende. Y es que, naturalmente, no es lo mismo servir con amor y entrega a C. Rodrigo que servirse de nuestra ciudad para medrar en lo político, personal y económico. La ética siempre ha de estar por encima y delante de la legalidad.            

Item más. Nos hallamos en los prolegómenos de la XX  Feria de Teatro de Castilla y León. Mucha cohetería, cartelería, viajes de promoción, entrevistas de relumbrón y autobombo. Hay que vender un producto cultural de primera magnitud, y hasta el marketing básico recomienda airear las bondades y fortalezas de la Feria. Muy bien. Mientras tanto, Cívitas teatral sigue sosteniendo la sartén de las decisiones por el mango, y aquí nadie se atreve a convocar un concurso temporal abierto a la excelencia profesional en materia de programación allí donde se encuentre. Y seguimos con la dedocracia: ¿hasta cuándo? Por añadidura, ¿cómo puede comprenderse que, hasta la fecha, nadie haya forjado a la sombra benéfica de la Feria, una sola compañía teatral estable y profesionalizada que dé respuesta a la necesidad de creación de puestos de trabajo, sobre todo de gente joven, y lleve el nombre de C.Rodrigo por toda la geografía hispano-portuguesa, europea y americana? El firmante de esta crónica conoce la existencia en Extremadura de localidades más pequeñas y con menos recursos que C.Rodrigo que ya llevan años efectuando con éxito tal iniciativa.

Mientras tanto, aquí parece conformarnos escuchar una vez y otra el mantra del emprendimiento, el autoempleo, la innovación, o bien el que nos lo den todo ya pensado, calculado, resuelto y decidido. ¿Dónde situamos el riesgo, la aventura, la preparación personal, la seguridad y fe en nosotros mismos? Desterremos para siempre los sueños vacuos y la tan manoseada y cacareada falsa esperanza. Lo mío, lo tuyo, lo suyo y lo de todos es hundir el arado en los terrenos de la siempre tozuda realidad de cada día, para que las palabras dejen de ser palabras y la convirtamos en actos fecundos, auténticos y verdaderos. Muchas gracias.