Jueves, 17 de agosto de 2017
Béjar al día

La Tarasca de la procesión del Corpus Christi bejarano

Sería bueno recuperar en la fiesta de interés turístico nacional otros elementos perdidos como la trabuca,  el organito de ruedas o la torre de campanitas de música, así como las danzas 

La Tarasca y Santa Marta en la procesión del Corpus de Béjar

La presencia de una tarasca en la procesión del pasado –y cálido por demás- Corpus Christi de Béjar despertó el interés y la extrañeza de no pocos naturales y, también, de algunos visitantes congregados en la ciudad con motivo de esta celebración. Aunque no sé si en similar porcentaje, en cuanto a curiosidad y asombro, al que concitan la media docena de extraños hombres de musgo que, como hieráticos y torpes heraldos –y no es para menos, dado el peso y el agobio de la muscínea vestidura que soportan- con sus enormes mazas recubiertas del mismo vegetal, cada año concurren a la misma.

En los días previos y posteriores a la eucarística festividad alguna que otra referencia en la prensa provincial y medios informativos digitales trataba de explicar el origen de la mencionada tarasca y su presencia en la ceremonia religiosa. Y como algo supuestamente novedoso -aunque no lo es tanto por lo que más adelante se explicará-, no faltaron las manifestaciones críticas o abiertamente contrarias a su inclusión en el citado cortejo por el desagradable aspecto y la incongruencia que, a su juicio, provocaba ese monstruoso engendro ante tanta parafernalia de imágenes, litúrgicas y ostentosas vestimentas, banderas, pendones, hachas y otros símbolos eclesiásticos o civiles que, habitualmente, acompañan al procesional desfile.

Sin embargo la tarasca no es una figura alegórica ajena al Corpus Christi que en tiempos pasados figuraba, en esta festividad, en gran número de poblaciones, no solamente españolas, sino también hispanoamericanas. Y en la actualidad son bastantes las ciudades y pueblos de nuestra nación que poseen representaciones, bajo formas y morfologías diversas, de este quimérico animal para ser exhibidas en sus respectivas procesiones. Son conocidas las de Toledo, Granada, Antequera, Tudela, Valencia, Zamora, Torrejoncillo del Rey (Cuenca) Redondela (Pontevedra) o las de varias localidades de Cataluña como Villafranca, Berga o Reus que, con la apariencia de dragón u otras configuraciones, la siguen conservando.

La leyenda de la Provenza

El origen de tal bestia mitológica arranca de una leyenda originaria de la localidad de  Tarascón –y de ahí el nombre de tarasque o tarasca- en la región de Provenza (Francia). Según esta leyenda el terrible monstruo así nombrado asolaba la comarca sin que las mesnadas y cuantiosas tropas enviadas por el rey pudieran a acabar con él. Solamente Santa Marta con sus plegarias conseguiría amansarlo y llevarlo con ella hasta la ciudad en donde, aprovechando la obscuridad de la noche, sus habitantes le dieron muerte. Por tal motivo en algunas representaciones de la tarasca, como en el caso de la reciente de Béjar, aparece sobre ella la imagen de la valerosa santa que sujeta un estandarte con su mano derecha y lleva un cáliz en la izquierda. Otras sirven de soporte o peana a figuras femeninas –como en la de Granada- sin ningún tipo de connotación religiosa.

Aunque la tarasca aparece asociada a la procesión de Corpus Christi bejarano y de ello dan fe varios documentos de los siglos XVI, XVII y XVIII referentes al Ducado de Béjar –en la sección Nobleza del Archivo Histórico Nacional- se desconoce cómo pudo ser su apariencia física, ya que en estos legajos no se describen pormenores de su aspecto, ni tampoco se posee ilustración gráfica alguna acerca de la misma.

En uno de estos documentos (A.H.N. Nobleza/OSUNA, C. 228, D.12-13), que detalla los diferentes participantes y los elementos alegóricos y simbólicos presentes en la procesión, realzados por las músicas de chirimías y timbales, se especifica: Un niño  a caballo adornado, representando la Justicia, de cuenta del Corregidor; otro con el peso en la mano de cuenta de los Fieles y otro que representa a San Miguel de cuenta del Tesorero de la Tierra. Las cajas y clarines de cuenta del Ayuntamiento. Los gigantes y tarasca de cuenta de los Pañeros…

En otro posterior se deplora la pérdida de varias representaciones específicas del desfile procesional: Se ha perdido la Trabuca, los Gigantes y Tarasca y algunos años no hay danzas, cajas y clarines.

Finalmente, en el último que citaré  (A.H.N. Nobleza/OSUNA, C. 269, D. 83), se menciona el proceso de creación y cómo se llegó a la desaparición de tantos y tan dispares integrantes de aquella barroca amalgama de elementos profanos y religiosos: En el año de 1596 se hicieron ocho Gigantes de a cinco varas en alto que costeó el señor Duque de Béjar don Francisco III para que formaran danzas en la procesión. Con el tiempo y el uso de ellos se fueron destruyendo pero se substituían con otros que se hacían hasta que el año de 1732 se destruyeron en un regocijo popular y no se volvieron a reemplazar. Lo mismo sucedió con la Tarasca y otras figuras que salían en la procesión por tratarlas mal los que las llevaban. Y lo propio aconteció con el Organito de Ruedas, una Torre de muchas campanitas en música…  Eran los tiempos en que reinaba Felipe V, instaurada la nueva dinastía borbónica que gobernaba la nación; tiempos que correspondían al denominado siglo de las luces que acabó con viejas tradiciones y creencias populares… y se llevó por delante a la tarasca bejarana.         

La actual copia de la tarasca representa a un monstruo híbrido de intenso color verde en contraste con el rojo almagre del hábito y el blanco del manto de  Santa Marta que lo cabalga. De aspecto apacible y cándido está constituido por la combinación de diversas partes de otros tantos animales como son la cabeza de dragón con enorme boca, cuerno frontal y algunas protuberancias; cuerpo recubierto de grandes escamas; extremidades acabadas en fuertes garras y alas en sus costados.  

Sería deseable que la procesión del Corpus bejarano, como fiesta de interés turístico nacional, contase, en años venideros, con otros elementos perdidos, como los ya citados de la trabuca, el organito de ruedas o la torre de campanitas de música, así como las danzas que acompañaban al Santísimo. Todo ello podría recuperarse -lo mismo que se ha hecho con la tarasca- y daría una mayor vistosidad y atractivo a la misma. 

Antonio Avilés Amat
Cetro de Estudios Bejaranos