Martes, 17 de octubre de 2017

Hechos diferenciales

Me van a permitir que les cuente que este verano me he dedicado al hecho diferencial, o a lo que es lo mismo, recorrer la nación de naciones, hallazgo bastante llamativo de los asesores de Pedro Sánchez que deben ser todos una panda de publicistas muy puestos, sí, pero también muy faltos de diccionario. A mí que me expliquen cómo una nación contiene a otras, pero claro, yo soy de la vieja escuela, esa que no dirá “iros” ni aunque lo mande la RAE. A lo que iba, que me pierdo por los vericuetos del nacionalismo o lo que es lo mismo, del querer nadar y guardar la ropa, como ni no supiéramos que hay que contentar a los señores de la Cosa no siendo que sigan comprando urnas o en su defecto, cajas de embalaje. Lo dicho, que este verano hemos puesto rumbo a Cádiz, a ver Marruecos en lontananza y a recordar que la música del castellano meridional es dulce y sabe a mar, a pescaíto frito y a paisaje peinado por el viento. Pero claro, como dice mi madre, no paras quieta, y se impone la visita estival al Empordá a ver si me canso de anchoas, hogazas dalinianas y paisajes más parecidos a la Toscana que a la planicie castellana que se extiende cosida por el tren. “Mamá, ya llegamos a casa” dice mi hija cuando dejamos Guadarrama y el ojo acaricia los campos recién cosechados. Cierto, España es diversa en paisaje y paisanaje, en color, olor y sabor y nada me gusta más que traerle a la madre una botella de aceite de Jaén y otra de Figueras para que compare. Eso sí es un hecho diferencial y no la tontería que tiene el personal a la hora de colgar de los balcones ese SI que, imaginamos los foráneos, tiene que ver con el dichoso referéndum.

         Para hecho diferencial los carteles en ruso en las tienditas maravillosas del pueblo de Púbol, uno de los rincones más bellos de esta región recogida entre el mar y el campo. Pregunto a la amable vendedora que aparca el catalán cuando me oye y me dice que, a cuenta de que Gala Dalí es rusa, los rusos peregrinan a su castillo y son unos clientes fantásticos. Vamos, que una vez muerta, nuestra Elena Diakoneva vuelve a ser rusa y nos olvidamos de Paul Élouard, de Salvador Dalí y sus trozos momificados para un análisis de paternidad y de sus múltiples amantes. A veces, señores míos, la barretina sirve, como la boina calada, para tapar la falta de la neurona. A mí que me den un hecho diferencial como el de Gala y a correr a beber vino del Penedés y a descubrir que el aceite de esta zona no tiene por qué guerrear con la gaditana, ambas son una exquisitez cara por aquello de la sequía. Debe ser el elemento más unificador, la sequía, porque la nación de naciones, esa que recorro empujada por el poniente, el levante y la tramontana está seca, seca, y también, un poco aburrida de tanta etiqueta. Y ya puestos, mientras el AVE recorre el increíble paisaje de los Monegros ¿A nadie se le ha ocurrido pedir la independencia de este desierto lunar?

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.