Lunes, 23 de octubre de 2017

Carta a Salvador Dalí

     Muy respetado artista: Así le gustaba a usted que lo llamaran, sin duda porque no solo pintaba, también dibujaba, esculpía, escribía… y hasta hacía locuras sin estar loco.

     Le dedico estas líneas porque el pasado viernes 21 de julio se procedió a la exhumación de sus restos mortales. Todo un espectáculo en el que actuaron forenses, policías, miembros de una empresa funeraria y representantes del Estado. Aunque las estrictas medidas de seguridad que se llevaron a cabo les impidió acceder a la carpa instalada para proteger la función, estuvo rodeado toda la noche de periodistas venidos de todas partes, de fotógrafos, de turistas y de curiosos locales y forasteros. Seguro que estuvo encantado, era capaz de cualquier extravagancia con tal de llamar la atención, le gustaba atraer todas las miradas y despertar todos los comentarios, y un acontecimiento de esta naturaleza no se lo brindan a cualquiera.

     Lo que seguramente no le ha hecho ninguna gracia es la razón por la que lo han sacado de la tumba para descuartizarlo: se trataba de extraer muestras biológicas para que la ciencia determine si es usted el padre de una señora que ya es abuela de varios nietos, vidente de profesión y que lleva 10 años luchando porque la justicia le permita llevar el apellido de su padre. ¿Quién se lo iba a decir a usted? A usted que confesaba abiertamente no querer tener hijos, a usted que era capaz de hacer todas las locuras menos esa, quizá -habría dicho usted si se lo hubieran preguntado- porque es la única que cometen la mayoría de los mortales. Y ya ve usted, después de 28 años muerto, alguien quiere acabar con su exclusividad.

     Personalmente, me entristecen estas cosas, que serán muy legales, no lo dudo, pero ponen de relieve que no todo lo legal es justo. Los muertos no piensan, no hablan, no deciden, y tomar estas decisiones sin conocer su voluntad me parecen un atropello contra alguien que no puede defenderse ni para bien ni para mal. ¿Y qué le voy a contar del bochorno que he sentido cuando los medios de comunicación han informado al detalle del proceso de exhumación? Con puntos y comas han contado al mundo cómo estaba su bigote, el número de piezas dentales que le han extraído, que por cierto, ¿tendría ya alguna suya?, porque a la edad que murió, no es lo más normal, restos de uñas, de pelo, tibias, peronés y no sé cuántos huesos más. Me parece algo tan macabro que ningún hijo permitiría que estas cosas se hicieran con su padre. Con esto, sobra aclarar, que ni creo ni dejo de creer que usted sea o no sea el padre de esta señora, simplemente pienso que los argumentos en los que ha basado la denuncia para reclamar sus derechos de hija legítima no son los más apropiados para que haya sido admitida a trámite por el juzgado correspondiente. Al parecer, tome nota del culebrón, siendo usted muy joven, tuvo una aventurilla con una jovencita que trabajaba de doméstica en casa de una vecina. La chica en cuestión quedó embarazada, y aunque por aquellos días era un problema ser madre soltera y usted no era quien después fue, a nadie dijo quién era el padre de la criatura. Tuvieron que pasar muchos años para que se lo confesara a una amiga. La amiga que guardaba el secreto se lo reveló a su supuesta hija después de morir su madre, y cuando ya hacía años que la amiga había muerto también, la buena señora, segura de que es usted su verdadero padre, quiere llevar su apellido, recibir sus títulos y no nos engañemos: pillar parte de su dinero, porque si usted hubiera sido un barrendero del municipio de Figueras, por muy hija suya que fuera, ni para correrlo a escobazos, habría reclamado la escoba.

     Lo siento, señor Dalí, pero tengo que terminar dándole un disgusto monumental: diga lo que diga la ciencia y decidan lo que decidan los tribunales ya no puede presumir usted de ser el único que hacía locuras sin estar loco.