Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Canta la piedra viva de Salamanca... y es zarzuela lo que canta

Llegó, vio y venció. Cual Julio César de las salmantinas ferias, don Alfredo Fuentes (Alejandro Gago, tenor), esforzado empleado del Ayuntamiento y propietario de un concurrido puesto de bebidas, se llevó de calle el concurso de verbenas convocado para una noche de lunes, pero no la de un lunes cualquiera, sino la del 10 de septiembre de 1906. No se recuerda en el Paseo de la Estación un evento más animado que el procurado por el bueno de Alfredo para ganarse las quinientas pesetas del premio y, sobre todo, el favor de su amada Clara Martín (Amparo Mateos, soprano). Si la gratificación no impidió el saldo negativo de la verbenera empresa en lo monetario, en lo amoroso sí hubo rendimiento y victoria holgada. Así podemos atestiguarlo quienes disfrutamos hace tres meses en el Liceo, durante las fiestas del santo patrono, de esta “Comedia lírica de costumbres salmantinas en dos actos y seis cuadros”, según libreto y música del maestro Francisco José Álvarez, con la participación de “Montaraces y Charros” y de la banda y coro“de la Municipalidad”, que estrenó en junio “Salamanca o la singular Verbena del Paseo de la Estación”.

Paisaje y paisanaje nos trasladaron al bullicio de otros septiembres, de otras maneras de esperar y vivir la fiesta, quizá cuando la música se hallaba más en lo social que en lo cultural, o mejor entretejidas ambas dimensiones, y mala cosa es cuando sociedad y cultura divergen. Tan singular verbena reflejó la Salamanca de principios del XX que comentaba el devenir del templete musical, el popular quiosco de hierro, desterrado de la Plaza y ubicado en La Alamedilla, regresado luego a su lugar primigenio tras no pocas vicisitudes. Por allí pululaban los notables, como Mario, hijo de Tomás Bretón (Adolfo Muñoz, tenor), o don Hilario Goyenechea, o un prometedor Bernardo García-Bernalt, y también los de a pie, como la dulce Irene (Inés Redondo, soprano), el Piteras, don Antonio Souza, portugués de recursos, y una bella señorita diestra en el manejo del epíteto “¡Crápulas!”.

La experiencia de tan entretenida zarzuela permite esperar nuevas producciones de la fundación cultural municipal. Abierta la senda y respondida por el numeroso público que se animó a caminar por ella, así lo deseamos. Que la piedra que nos distingue realmente viva y cante, como Alfredo y Clara, y que no calle cuando termine su última pieza la banda municipal, se apague el arco de bombillas y se recoja la verbena hasta el año que viene.