Jueves, 17 de agosto de 2017

Músicas de monjas misioneras en la Trinidad

Manifestaciones de diversa riqueza cultural, y ofrecidas precisamente por religiosas misioneras

Aunque muchos tenemos que pasar por los hospitales para la ITV personal o de familiares y amigos, no conocemos muchos de estos lugares comunes en general, y menos todavía en particular el hospital de la Santísima Trinidad, un lujo propio de Salamanca, que nos ofrece una alternativa o complemento a la medicina oficial de la Seguridad Social.

Hoy creo que es una buena oportunidad para dar a conocer un poquito más el hospital de la Trinidad, o la Trini, como dicen familiarmente algunos. Pastoral y religiosamente lo atendemos tres sacerdotes, que suplimos la labor que durante muchos años estuvo realizando el sacerdote D. Ángel Gómez Blázquez, recientemente fallecido, y que es recordado con gran cariño por muchos que disfrutaron de su amabilidad y cercanía.

Nos ayudan en la tarea agentes seglares de la pastoral de la salud y algunas religiosas, que visitan a los enfermos y a sus familiares y les llevan la comunión a los que lo desean. Los sacerdotes decimos la misa diaria, confesamos y administramos la unción de los enfermos a los que muestran interés por recibir estos sacramentos.

Por el hospital pasa cada día cantidad de gente que son operados o tratados levemente y enviados a casa en el mismo día. Internos que ocupen cama dos o tres días o alguno más, si lo necesitan, son en torno a 30, y alguno menos los fines de semana.

A éstos hay que añadir los diez o doce de la residencia asistida San Pedro. Y la residencia de mayores Santísima Trinidad, que tiene unos cuarenta residentes.

Las religiosas que participan en la pastoral son alguna Hija de la Caridad, de las que atendían básicamente y exclusivamente el hospital antaño, y de las que aún muchos añoran sus atenciones. También está alguna agustina misionera y una o dos carmelitas misioneras de la casa cercana de la Avenida de Filiberto Villalobos.

En esta residencia se forman cada año en un curso de profundización, que ellas llaman juniorado, una docena más o menos de religiosas misioneras procedentes de los más diversos países de todo el mundo.

Este año se han sentido tan cercanas al hospital que quisieron cerrar el curso en la residencia de mayores con variados y coloridos bailes y canciones de sus países de origen o de otros próximos a los suyos con los que tienen alguna proximidad cultural. La demostración fue maravillosa y de gran altura cultural y artística, adornados los cantos y bailes con los vestidos regionales propios de la canción o baile que interpretaban, y agradaron mucho a los mayores y cuidadores asistentes.

En concreto participaron monjas de Corea, de la India, de Filipinas, de África, de Argentina, Brasil y Colombia. Y puede que me olvide alguna más. Qué alegría y qué arte pusieron en sus manifestaciones folklóricas. ¿Gente triste y alejada de la realidad del mundo? Ojalá los que así piensan tuvieran ocasión de verlas actuar con gracia y salero de sabor abierto y universal.

Nos saludaron con un canto de Argentina: “Abre la puerta”, invitándonos a todos a estar en actitud de acogida. Después, un baile de la India, llevando lámparas encendidas, nos invitaba a abrirnos a la luz y a la misión. Hubo, además, varias canciones de Malawi, Nigeria, Kenia y Guinea Ecuatorial en sus idiomas originales. Siguieron otros bailes de Corea del Sur, de Filipinas y de Colombia. Y no faltó el canto “Que viva España”, como signo de agradecimiento por la buena acogida con que, según ellas, les hemos obsequiado en España, y concretamente en nuestra ciudad.

¡Qué suerte en nuestra querida Salamanca poder gozar, no sólo de grandes acontecimientos culturales de altura y de carácter popular, sino también de estas manifestaciones de diversa riqueza cultural, y ofrecidas precisamente por religiosas misioneras, que nos abren las ventanas al universo mundo y nos ayudan a superar todas las fronteras! Monjas misioneras procedentes de los países más diversos de todo el mundo y que cantan y bailan en el Hospital y Residencia de la Santísima Trinidad. Gracias, hermanas.