Lunes, 23 de octubre de 2017

Al tresbolillo

Aquí vale todo: robar a manos llenas, mofarse del personal, ufanarse de la pasta que manejan, nuestra y de todos; de las casas de campo, los áticos de lujo, los coches de mil caballos, la vida muelle, maletines al paraíso, bacanales, fiestas y tropelías mil… mientras a los jubilados les suben la pensión un par de euros al mes y los procuradores se alzan la “soldada”, sin vergüenza alguna, un 22 por ciento alegando que la tenían congelada hace un lustro; unos señores y señoras que cobran sin merecerlo cinco veces lo que usted y yo ganamos, querido lector, tratando malamente de llegar a fin de mes. Apretarse el cinturón es para usted y para mi, ellos son otras cosa. Y van cayendo de un lado y del otro, menos mal, pero a muchos de ellos les tiene sin cuidado, al pairo, se lo llevaron a paladas y los dineros no volverán ni a la agotada hucha de las pensiones y ni siquiera a los dominios de don Cristóbal, el perseguidor.

Es por ello que el que suscribe se dedique a cosas mundanas, de andar por casa, sin interés, tontunas querido Sancho. Como por ejemplo escuchar al alcalde de esta Ciudad Patrimonio de la Humanidad que pide, en el ecuador de la legislatura, concordia a los grupos de la oposición; pensaba yo que lo de Concordia venía por la plaza ubicada en los aledaños de lo que fue calle de Garrido y Bermejo hace catorce lustros, en el mismo lugar donde muchos salmantinos hicimos la mili y donde una polémica se ha hecho patente y del mismo modo  permanente por un quítame allá esas pajas o acaso y quizás, que decían en mi pueblo, por el absurdo empecinamiento de los grupos de la oposición incapaces de buscarle las cosquillas al actual regidor (ni al anterior, que es más grave) centrando su labor opositora en temas manidos y aburridos. Una inmisericorde cantinela. Tal vez sería conveniente analizar y contarle al público (pese a la chapucera labor administrativa llevada a cabo en las negociaciones, los acuerdos, compensaciones y demás bagatelas, que esa es otra y otros tienen la culpa) acaso, digo, convendría demostrar que la balanza de beneficios y perjuicios para la ciudad, en todo lo que alberga la plaza y en los convenios alcanzados, fueron claramente beneficiosos para la Ciudad Capital Cultural de Europa y para los salmantinos que soportamos a tantos personajes de medio pelo.

Y entonces volví a contemplar las calles desde lo alto, desde las gemelas torres, y me perdí huyendo del calor por el Patio Chico, no acaban con el tapial y el corral de gallinas; o contemplé ruinas, casas que se caen, los edificios encorsetados desde el siglo pasado, los pintamonas del tres al cuarto… también las maravillas que se van descubriendo a lo largo y ancho de la ciudad, ¡albricias!, por una labor bien hecha. Para llegar a la conclusión de que no merece la pena hablar de políticos -ni de los buenos ni de los malos- ni de corruptos, apañadores y ladrones. Salamanca está por encima de todos ellos, noble,  muy leal y hospitalaria.