Lunes, 23 de octubre de 2017

Las playas olvidadas

El panorama desde el faro de Skagen, una punta donde se dan cita el Báltico y el mar del Norte, o, algo más al sur, desde el de Hirtshals, que contempla la suave costa noroccidental de Jutlandia, muestra entre las dunas numerosos búnkeres mecidos permanentemente por el viento. Unos se encuentran abandonados, pero otros cumplen una tarea museística encomiable. A ambas ciudades, desde donde salen ferris a distintos puertos noruegos, se llega por tren desde Aalborg, que es el centro urbano más importante del norte de la península, situado al costado sur del fiordo que atraviesa esa zona del país comunicando sendos mares. Una ciudad de origen vikingo, fundada hace mil años que cuenta hoy con una pujante universidad responsable de la revitalización de la región, y que tiene un simpático jardín musical donde se pueden escuchar diferentes piezas oprimiendo el botón de cajitas negras al pie de los árboles.

Las playas occidentales de Dinamarca, frente a la más conocida referencia del litoral francés, fueron potencialmente los puntos más factibles donde un desembarco aliado durante la segunda guerra mundial podría haber tenido lugar. Por ello, el ejército alemán blindó la costa con puestos de observación y antiaéreos mediante un continuo rosario de construcciones de cemento armado, operación en la que el gobierno danés del momento tuvo cierta connivencia. Pero la preocupación defensiva llegó, sobre todo, a la arena donde se emplazaron más de dos millones de minas anti persona. Esta imponente malla protectora posiblemente disuadió a los aliados a la hora de efectuar cualquier intento de invasión. Tras el final de la guerra, la tarea de desminado corrió a cargo de un batallón de prisioneros de guerra alemanes de entre 15 y 18 años que en número algo superior a los 2.000 penó su condición de derrotados con numerosas bajas mortales (¿1.000?). Bajo la hipócrita figura de “personal enemigo voluntario” (ya que la convención de Ginebra prohibía ese tipo de tareas para los prisioneros), ingleses y daneses organizaron de esta manera la limpieza playera.

Esta historia la retomó en 2015 un director de cine danés, Martin Zandvliet, de manera brillante en Tierra de minas. El film recuperó del olvido esa historia y cuestionó críticamente el papel de la sociedad y del gobierno danés. En un país donde el nacionalismo es extremadamente fuerte, con banderas por doquier que enseñorean la cruz blanca sobre fondo rojo, las muestras de recuperación de la memoria encuentran también grietas mediante las que hacerse visibles. Al mismo tiempo, este hecho tuvo su colofón muy recientemente cuando el gobierno danés confirmó el total desminado de sus playas. En efecto, en 2012 las playas de la península de Skalligen, todavía afectadas por el minado en dunas que se habían ido desplazando poco a poco, fueron limpiadas. Al tratarse de un espacio natural protegido donde crían aves raras o en extinción y el trabajo está limitado en cuanto al uso de vehículos y explosivos, la tarea sobre las playas olvidadas hubo de realizarse de forma cuidadosa.