Martes, 25 de julio de 2017
Las Villas al día

Mi choza, mi paraíso

CANTALPINO | La escultura y la sencilla casa familiar en la plazuela de Sor Eusebia se han convertido en un centro de peregrinación mundial

La antigua plazuela del Motor, ahora dedicada a Sor Eusebia Palomino, es un espacio abierto al mundo, a las miradas de peregrinos de los cinco continentes. Religiosos salesianos, admiradores de la beata cantalpinesa, vecinos de la zona y de Cantalpino se acercan a este rincón lleno de vida y paz, presidido por la escultura en memoria de Eusebia Palomino, de Fernando Mayoral. Frente a su efigie, el centro salesiano asentado sobre la casa donde nació la santa de esta localidad.  “Mi choza, mi paraíso”, decía Eusebia, declarada beata por Juan Pablo II.

Una humilde paisana cantalpinesa que llegó a los altares después de una vida de servicio, trabajo y entrega religiosa, cuya estela se respira en esta plazuela, a la que acuden sus devotos a depositar flores o a rezar en silencio. Un espacio del que se sienten orgullosos todos los que sienten Cantalpino.

SOR EUSEBIA PALOMINO

La santa humilde. La religiosa salesiana de origen campesino elevada a los altares. La monja que siempre estuvo al servicio de los demás.  Este viernes 25 de abril se cumple el décimo aniversario de la Beatificación de Sor Eusebia Palomino Yenes por Juan Pablo II. Aquel día decenas de cantalpineses sentían el pálpito de su paisana en la Plaza de San Pedro de Roma.

Hoy, la antigua Plazuela del Motor lleva su nombre y es uno de los rincones más entrañables de Cantalpino, con una escultura de Fernando Mayoral mirando hacia la sencilla casa donde nació Eusebia Palomino, convertida en centro de formación y acogida de las Hijas de María Auxiliadora (Salesianas). En pocos metros vivió esta cantalpinesa universal. De esta casa Eusebia escribió que era “mi choza, mi paraíso” y ese sentimiento se percibe al entrar en ella.

Estos espacios se han convertido en punto de referencia para el peregrinaje de devotos y religiosos salesianos procedentes de los cinco continentes, los mismos que están representados en la urna de cristal con piedras de todas las partes del mundo, recogidas por las casas salesianas.

Nacimiento y primeros años

[Img #17373]Eusebia Palomino nació el 15 de diciembre de 1889, en el seno de una familia de escasos recursos económicos. Su padre fue Agustín Palomino, que trabajaba de bracero temporal al servicio de los terratenientes de los alrededores, y su madre fue Juana Yenes de Villaflores, que era ama de casa. En total tuvieron cuatro hijos, de los que Eusebia era la tercera.

Ella, junto con su familia, trabajaban en el campo, para aportar a la precaria situación económica que la misma vivía. Sin embargo, en temporada de invierno, ellos salían a mendigar por el pueblo, así podían comer pan después. Desde chiquitos, los padres le inculcaron la enseñanza religiosa y lo hicieron fieles seguidores de la Iglesia católica.

En el año 1906, entra a la escuela nacional de niñas en Cantalpino, pero prontamente la deja para ayudar a su familia. Siendo niña todavía, daba grandes muestras de una maduración temprana, cuidando a los niños de los padres de otras familias, para cobrar un poco de dinero. Y a los doce años va a Salamanca con su hermana mayor Dolores y se pone a servir como niñera.

Vida religiosa

[Img #17380]Los domingos por la tarde, Eusebia empieza a ir al oratorio de las Hijas de María Auxiliadora, en donde conoce a las hermanas, que deciden pedirle su colaboración para ayudar a la comunidad. Eusebia acepta, y desde ese momento empieza a ayudar a las monjas, haciendo tares como las de ayudar en la cocina, acarrear la leña, ayudar en la limpieza de la casa, tender la ropa en el patio grande, acompañar al grupo de las estudiantes a la escuela estatal y hacer los mandados en la ciudad.

En secreto, Eusebia quería consagrarse a Dios y ser monja, pero sus condiciones de pobreza y analfabetismo le dificultaban ese fin, según lo que ella pensaba. Un día, llegó el inspector general salesiano José Binelli a la ciudad, y, luego de hablar con ella, la admite con mucho gusto, en nombre de la Madre General, y el 5 de agosto de 1922 comienza el noviciado.

Ella divide sus turnos de oración, trabajo y educación, y, luego de dos años, en 1924, Eusebia se consagra completamente para Dios, con los votos de pobreza, castidad y obediencia. Es destinada a la casa de Valverde del Camino (Huelva), una pequeña ciudad que en aquella época contaba con 9.000 habitantes, situada en la zona minera de Andalucía en los confines con Portugal. En ese lugar atiende a los grupos de niñas del colegio y del oratorio. Su trabajo la ocupaba en la la cocina, en la portería, en la ropería, en el cuidado del pequeño huerto y en la asistencia a las niñas al oratorio.

Ella lograba recordar las narraciones de hechos misioneros, vidas de santos, episodios de la devoción mariana, o anécdotas de Don Bosco, gracias a su gran memoria, y las niñas la empiezan a querer por su forma de contarlos.

Era conocida por su devoción a rezar el Rosario de las Santas Llagas. Tenía por costumbre rezar muy a menudo el Via Crucis. Ella insistía mucho en la necesidad de confesarse y comulgar frecuentemente para ser buenos católicos.

Fallecimiento

[Img #17405]En 1930, en España ya se empezaba a sentir una guerra civil, en el año 1936. Junto a ella, también se palpitaba una persecución religiosa, "por lo que Eusebia se ofrece al Dios como víctima para la salvación de España, para la libertad de la religión", destacan sus biógrafos.

Entonces, desde agosto de 1932 ella empieza a sufrir de dolores muy fuertes provenientes del asma, una enfermedad que hace mucho tenía pero que nunca se le había presentado así. Junto a estos les siguen otros dolores y enfermedades.

El 4 de octubre de 1934, mientras algunas hermanas rezaban con ella en el lugar donde ella se encontraba, interrumpe y empalidece diciendo: «rezad mucho por Cataluña». Es el principio de la revolución de Asturias de 1934 y de la proclamación del Estado Catalán en octubre de 1934, que estaban dentro de la revolución de 1934.

Su querida directora, la beata Carmen Moreno Benítez, fue fusilada con otra hermana el 6 de septiembre de 1936, empezando así la persecución religiosa.

Finalmente, entre la noche del 9 al 10 de febrero de 1935, Eusebia fallece. Durante todo el día los restos mortales adornados con muchísimas flores, son visitados por toda la población de Valverde.

Beatificación

Eusebia Palomino fue beatificada el 25 de abril de 2004 por el Papa Juan Pablo II. La positio, el documento que fundamenta la postulación de su causa de beatificación, recoge pruebas en las que se muestran que la beata predijo la Guerra Civil Española que estalló en 1936.