Martes, 26 de septiembre de 2017

Mi cuñado el taumaturgo

Dice el diccionario de los que se reúnen los jueves para limpiar, fijar y dar esplendor que taumaturgo es mago. Y se quedan tan anchos, tan panchos. Pues no, señores, que es mucho más. No hace falta acudir al Corominas para saber del origen griego de la palabra, que viene de “thaûma” que quiere decir “maravilla”, “cosa asombrosa” y de “-ergo”, o sea, “el que hace”. Todo junto: “El que hace cosas asombrosas o maravillas”. Y de ahí no sale sólo “mago”, vagonetas. Si hasta la wikipedia amplía el significado y explica que el taumaturgo es el que practica la taumaturgia y que esto se puede referir a dos cosas. En primer lugar a “un practicante de la magia”, lo que viene siendo un mago. Y en segundo lugar, y aquí quería llegar yo, “un santo que realiza milagros”. Que puede que referido a mi cuñado sea una exageración lo primero. No, lo de la magia no, lo de que sea un santo. Lo otro es descarado: realiza milagros.

Toda este primer párrafo etimológico y léxico no se entiende si no explico por qué mi cuñado Marcial, el más grande, es un auténtico Marciano. Y es que el bueno de Marci tiene poderes sanadores en sus manos. Así, como suena. Y se mosquea cada vez que se lo digo, pero las cosas son así, tal cual. Resulta que mi cuñado es taumaturgo aunque él dice que ha estudiado mucha osteopatía y quiromasaje y que va a seminarios, encuentros formativos y actualizaciones técnicas por toda la geografía patria. Dando y recibiendo. Porque los genios son así de humildes, que en vez de dedicarse a pontificar y enseñar van por ahí aprendiendo y escuchando. Y sí, tiene su consulta repleta de títulos, reconocimientos y diplomas. Pero también muchas fotos de deportistas de élite y profesionales de cara conocida agradeciéndole su magia, sus milagros, su taumaturgia.

Yo siempre cuento lo mismo. Me hice un esguince en Salamanca jugando al baloncesto (que sí, que quien me mandaría a mí, pero ese es otro tema). Férula y un mes de reposo. Al quitármela estaba el tobillo negro y me vuelven a colocar otro armatoste de venda y yeso para que siga tirando de muletas otro mes. Bajonazo. Mi hermana me dice que me venga a Madrid, que su marido (el taumaturgo de mi cuñado) me lo quiere ver. Dicho y hecho. Entro en la consulta de Marci y me quita la férula. Me mira. Me pone una lámpara roja en el tobillo, me toca entre la espalda y el culo y resulta que me duele el pie. Me dice el cachondo que apoye y camine. Que cambie de camello, le digo yo. Pues bien, salí caminando. Sin férula. Sin muletas. Como el paralítico del Evangelio. Y lo cuento como lo viví. Una y mil veces si hace falta.

Esta fue la primera, pero mi cuñado Marcial, ya digo, un auténtico Marciano, me ha solucionado más de una papeleta ósea, muscular y de todo aquello que tenga que ver con mi amplia humanidad. Que me quedo enganchado en el coche tras un clic en la espalda que no me deja respirar, mi cuñado me da unos pases taumatúrgicos y a caminar. Que me rompo el codo y después de un mes de rehabilitación en el fisio no lo consigo doblar del todo, voy donde Marci y a seguir haciéndole cortes de manga a las lesiones.

Sé que os morís de envidia, pero no os cuento ni la mitad. Algunos tenemos la suerte de vivir rodeados de gente con magia, con un don, con una capacidad sanadora que ni ellos mismos saben que tienen. Otro día os cuento lo de los besos de mi hermana Ali y los abrazos de mi hermano Ricar, que no quiero abusar.