Viernes, 24 de noviembre de 2017

Orgullo

Yo también estoy orgulloso de muchas cosas. Entre otras de vivir en un país relativamente tolerante y donde se respetan casi siempre los derechos humanos; donde vivimos en un estado de derecho, que muchos se pasan por el forro; donde los fiscales y jueces  imparten justicia, pero a veces con tanta arbitrariedad que este mirador provinciano no comprende las razones de que por motivos políticos o sociales, o por eso que llaman “alarma social”, algunos “famosos”, que salen en la prensa todos los días bien por ser políticos, deportistas o simplemente millonarios, no van a la cárcel cuando han cometido graves delitos. Y tampoco entiende bien este mirador provinciano por qué no nos subvencionan las vacaciones a todos para ir a disfrutar de la naturaleza y a mi primo no de dan una pensión para que viva decentemente y a otros en cambio el Ayuntamiento, o el Estado, o la Televisión pública le paga (le pagamos con nuestros impuestos) su orgullo de ir de fiesta con carrozas y atuendos llamativos, o sin atuendo, botellón y besos incluidos, y miles de agentes del orden público que nos cuestan un pastón. Y tampoco comprende porque a unos les pagan año tras año las carreras de toros, con heridos y  muertos (sacrificados al tótem ibérico), con miles de agentes policiales, incluso gendarmes franceses traídos (no creo que gratuitamente) para que pongan orden en el desorden organizado y vigilen a los violadores para que violen menos, y no dejen pasar a los alborotadores que alborotan demasiado. Y no entiende por qué  nos ponen hasta en la sopa, en los medios, los toros y los “yanquis” que corren delante de ellos, borrachos, para que los pillen y los corneen. Esas horas de la televisión la paga también este y otros muchos provincianos.