Martes, 26 de septiembre de 2017

Pejigueras, querido Sancho

Vamos a dejarnos de mandangas -dícese tonterías, cuentos o pejigueras- y como es así tengo que contarlas, en el caso de este escribidor escribirlas al desgaire, a vuela pluma, sin que ello comporte un ataque en toda regla a quien es tan aficionada a ellas, a las mandangas. Resulta que una edil, de un grupo político en el Ayuntamiento de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad, sin encomendarse a nada ni a nadie suelta una (de mandangas seguimos hablamos) sin ton ni son; o sí, porque el afán de protagonismo y el cariño a la fotografía en los periódicos es inagotable. Pido dice, propone formalmente por los cauces reglamentarios, la mayor distinción de Salamanca la culta, limpia y que da esplendor, para la actriz Charo López. No puedo ni se me ocurriría jamás restar a esta insigne señora un ápice de méritos, muchos y cuantiosos no cabe duda, de manera especial para éste que cuenta cosas ya que la conoció en su niñez en correrías de infante por la Plaza Mayor, la más hermosa de todas la plazas, y por la calle del Prior donde vivió su juventud dorada.

Pero resulta que, también y de igual modo, los concejales del grupo socialista habían solicitado o propuesto lo mismo hace un par de años, con lo cual corta y pega es a lo que dedican su tiempo libre algunos concejales de la ilustre casa de todos. Pero es que otro sí digo, sin acritud, porque dejando a un lado los méritos de la magnífica, incombustible, veterana, carismática y salmantina de pro doña Charo López, las cosas hay que situarlas en su justa medida, sin pasarse, amén de respetar la propuesta que otros compañeros de corporación hicieran o hiciesen en su día, hablar con ellos e ir de la mano si estimaran o asimismo estimasen conveniente repetir la petición. Y a mayor abundamiento, oiga y que me perdonen, tampoco los méritos de la eximia artista son tan grandes como para otorgarle la mayor distinción de esta urbe Capital Cultural de Europa, aunque de cultura sabe, aporta y nos ha dado mucho Charo López. Más vale que mire usted con otros ojos para ese país hermano que es Venezuela, que tanto sufre y que a personajes varios les importa un rábano.

Y a otra cosa, pues, que se me acumulan cuestiones en las teclas y los dos dedos con los que únicamente escribo se me antojan un vértigo. Resulta, comento por tercera vez, que en este Ayuntamiento que tratan de regir un montón de grupos políticos se han dado cuenta del estorbo o la mala situación de algunas casetas de la Feria de Día, por aquello de afectar a la monumentalidad de una de las capitales más ricas en monumentos del suelo patrio. Nada digo, me parece bien y lo acato como posible usuario, pero si existe realmente en toda la ciudad un lugar impropio y que más afecte a nuestras joyas, al normal paso de turistas y salmantinos, al sueño de muchos de los vecinos de la zona, ése es, sin lugar a dudas,  la calle de la Rúa de la que se van por esas fechas la mitad de sus moradores para no soportar suplicio tal y desbarajuste de tamaño calibre. Unos metros más allá, en San Isidro unas, y siete centímetros más las otras, escondidas entre la vegetación de la Plaza de Anaya sería ubicación más apropiada. Y a quién, pregunto, le salió de la chistera cerrar la calle San Pablo durante ocho largos días, tardes, noches y acaso madrugadas…