Sábado, 21 de octubre de 2017

Cosas del BOE

El Boe está triste. ¿Qué le estará pasando al BOE? A nuestro Diario Oficial, acostumbrado a acoger en sus ilustres páginas largos párrafos de profusa literatura jurídica, lo tenemos a medio alimentar, con las minucias que consiguen acordarse en esta legislatura de minorías, aunque compensamos con las abultadas secciones dedicadas a “Autoridades y  Personal y las todavía más apasionantes de “Otras disposiciones”, “Administración de Justicia” y “Anuncios” y “Notificaciones”.

La ciudadanía encomendó debate y acuerdos ya en la anterior legislatura frustrada. Los egoísmos y la falta de cintura política dilataron las soluciones. La repetición de las elecciones resolvió el problema sólo hasta cierto punto y ahí están nuestros diputados discutiendo iniciativas varias de diverso origen y condición.

Después de los estragos de 2015, en que debió parecer al legislador que se iba a acabar la era, y se consideró necesario sacar todo lo que se pudiera en Reales Decretos leyes, en Leyes Orgánicas y en Leyes ordinarias –sin conseguir, ni por esas, aprobar un nuevo código procesal penal, por cierto-, no es que se haya entrado en letargo, sino todo lo contrario.

Me consta que el trabajo ha aumentado, pues ahora no es suficiente con fijarse en los proyectos de ley que provienen del gobierno, que es lo que hacíamos antes en la confianza de que poco iban a cambiar en la tramitación parlamentaria –ventajas del rodillo mayoritario-, pero en las circunstancias actuales en las que proliferan proposiciones de los más variados grupos no se sabe cuál va a caer en gracia a una mayoría suficiente, sea del gobierno, sea de la oposición, y por eso se multiplican las reuniones, los análisis, la reflexión, hasta el momento con resultados menguados.

De este modo es normal que el Boe se aburra. Ahora que estaba actualizado con los avances de la inmediatez y de la tecnología más avanzada y es posible a primera hora de la mañana conocer las novedades del ordenamiento. Ya pasaron esos años en que era imposible conseguirlo el mismo día de su publicación –salvo que se estuviera en Madrid-, incluso en los casos en que el legislador tuviera la imprudencia de poner que las nuevas normas iban a entrar en vigor al día siguiente de su publicación. Así ocurrió con alguna importante de contenido procesal, en la que los funcionarios de los juzgados de Salamanca conocieron de qué iba la reforma al mismo tiempo que debían aplicarla.

Alguna vez hasta nos deparó sorpresas y prestidigitaciones de diverso cariz, unas relativas a negocios irregulares con el papel para imprimirlo e incluso otras con correcciones de errores que no se sabía de dónde salían, porque de errores materiales no se trataba –no hay más que comprobar lo que se aprobó en el Congreso en versión definitiva con lo que apareció en las brillantes páginas de la verdad legislativa-. Así ocurrió con alguna ejecución de sentencias laborales o con cambios en cuanto a la extensión de las sentencias civiles.

Pero para sorpresas las típicas de días como hoy, un lunes de final de julio, en que se solían publicar convocatorias de oposiciones y habilitaciones, como la mía, supongo que con la confianza de descartar a los contrincantes despistados, entre ellos yo mismo, que si no llega a ser por el aviso de Ángela Figueruelo, ni me hubiera enterado de nada hasta septiembre, pasados ya todos los plazos. Y así se va construyendo nuestra pequeña historia…