Martes, 25 de julio de 2017

Instrucciones para ser mal abogado

¿Quiere ser usted un mal abogado? Eh, no se apresure a criticarme la pregunta, porque me consta que algunos sí quieren. Y entonces, si es de esos, vamos a darle gusto con unas someras instrucciones de andar por casa, que no necesitan una especial inteligencia, pero sí cierto rigor y cierta actitud.

En primer lugar, usted necesita una buena causa. Una buena y justa causa. Por ejemplo, la lucha contra el enfado de las ballenas. No lo tome con ironía. A mí no me gusta que las ballenas estén enfadadas, así que me apunto enseguida a esa noble intención. Proclame su propósito y muestre a la sociedad que va de veras: cree una asociación.

No es suficiente la buena causa. Si no tiene un afán desmedido por enriquecerse de modo rápido y sin miramientos tampoco es candidato para este selecto grupo. No he dicho sólo enriquecerse. He añadido la precisión delimitadora de que no le importen los medios a invertir en ello, ni las consecuencias para gente ajena a usted mismo.

Debe dar a conocer a las autoridades públicas su finalidad confesable. Ellas le van a ayudar en cuanto aparezca la primera ballena cabreada. Usted va a ser una verdadera autoridad en la materia en cuanto haya dado algunas charlas y se haya comprobado que sabe de qué está hablando. Da igual lo que diga, pero dígalo con aplomo. Sin dar resquicio a objeción alguna. Usted no las permite. Lo van a temer, que es lo que desea.

Entonces, cuando venga cualquier ballena airada pídale solo los datos esenciales. Lo demás tiene que ser de su propia cosecha. Adorne el relato como le convenga, sin temor a la realidad. Esta es solo un pequeño obstáculo para los que alcanzan a tener su ánimo batallador. Invéntese cosas, prepare pruebas, infrinja el ordenamiento. Le va a dar igual. Si le temen, nadie va a ir contra usted.

Se me olvidaba algo importante: es esencial fijarse en si la ballena es de poderío o no lo es. Usted ya me entiende, no me refiero al poderío que tiene por definición cualquier ballena. Me refiero a que mire bien si se trata de una ballena de posibles. Porque de lo que se trata es de desvalijarla sin que se entere. Incluso dejándola contenta, siempre que sea usted algo hábil, lo cual no es probable, pero da igual.

Luego hay que buscar a cualquier marinero. No he dicho que tenga que ser ballenero. No le hace falta. Ya ha visto que su lucha en favor de las ballenas es solo su fin aparente. Cualquier incauto le va a valer, siempre que se dedique a la mar. Tampoco vamos a aquí a exagerar y a buscar al capitán Ahab.  Vaya contra cualquier marinero que se le ponga delante y aplique simplemente la doctrina de Arnaldo Amalric.

Que en la Facultad no le han enseñado esta doctrina. Pues eso es que ha ido a una Facultad buena. Pero usted está leyendo desde el principio instrucciones para ser mal abogado. Así que aquí voy a suplirle su desconocimiento. El tal Arnaldo, que no se llamaba así, sino más bien Arnaud, estaba en Béziers en la cruzada contra los cátaros. Y ante las dificultades prácticas de distinción de los amigos de los enemigos, proclamó con todas sus fuerzas que los mataran a todos, que Dios sabría reconocer a los suyos.

Pues eso, que en su caso concreto el marinero nada tiene que ver con las ballenas... Ningún problema. Usted diga que sí, que es un furibundo contrario a todo lo que huela a ballena. Y acomode su verdad a esta premisa. Acuda a locales, pida certificados falsos, mienta descaradamente, tergiverse la realidad. Que la ballena litigante estará contenta por verlo tan activo y preocupado. Y mientras tanto pídale provisiones de fondos una tras otra, para luego aplicar sus formularios preescritos. Acuérdese de cambiar el nombre que no todas las ballenas se llaman igual. Ni todos los marineros.

Convenza a la cetácea de que si los juzgados no le dan razón es por la radical injusticia humana, a fin de que le aprovisione de inmediato más fuel para los recursos. Y así llegará hasta donde llegue. Y usted habrá conseguido ser reconocido como un excelente mal abogado, y con seguridad peor persona.

Eso sí, si su opción de partida es la contraria y lo que le enseñó su familia es a ser una persona honesta y leal, y en la Facultad trataron de infundirle unos valores para una pacífica convivencia, ahí ya no puedo ser original, y le tengo que remitir necesariamente a una sosegada y provechosa lectura de los mandamientos de Couture.