Sábado, 18 de noviembre de 2017
Bracamonte al día

La chispa que helaba el alma de Peñaranda un 9-J

Entre los escombros nacía una nueva ciudad, que supo reponerse a la devastación de la explosión
Instantes que fueron horas y llamaradas que helaban la piel. Así se teñía la estampa de un 9 de julio en un Peñaranda de 1939 que se prestaba engalanada a vivir la misa de doce.
 
Aquel que apretaba firme la hojilla frente al espejo, despojándose de la descuidada barba que escondía su ajada cara de trabajador curtido…aquella que se presentaba junto al tocador, retocándose para disponerse ante el Altísimo con las mejores galas que la humildad la dejaba tener…sin pieles de grandeza, sin lujos mayores que la fe y un buen pintalabios de domingo.. aquellos que ataban ilusionados los cordones de los mimados zapatos a sus pequeños infantes, preparándolos ante lo que sería su gran evento semanal, que no era otro que el de recibir la Santa Comunión en familia.
 
Aquellos que salían de casa prestos a disfrutar…aquellos que vivían intensos amparados entre en las sombras de Los Jardines…aquellos que iban…aquellos que venían…sorprendidos por la mísera chispa al partir el coloso de hierro que dejaba tras de sí el espectáculo dantesco de la destrucción y la oscuridad, transformado en un denso humo que se convertía en el germen del terror.
 
Aquellos que sin enterarse se fueron…aquellos que hoy lo recuerdan…aquellos que un día fueron testigos y siguen emocionados…para aquellos, para nosotros, 78 años después, no olvidamos a quienes se fueron y a quienes malheridos sobrevivieron… para los que fueron y para los que vendrán, el recuerdo de lo que un día fue una página que jamás debió escribirse.