Domingo, 24 de septiembre de 2017

Vida de lo esencial

Tierra y cielo. Oro y azul. Mieses segadas y aire. Entre estos dualismos existimos, está nuestro latir. Vida de lo esencial. Porque es en ese vértigo, tan hermoso y absoluto, en el que transcurre nuestra vida. Y nada más es necesario. Porque es aquí, en esta belleza, tan luminosa y despojada, donde transcurrimos, donde nacemos, trabajamos, anhelamos, amamos y dejamos testigos de lo que fue nuestro paso por esta maravilla. Y es ahí, en la línea del horizonte, tan delgada y sutil, donde están esos pueblos en que moramos y en los que arde nuestro fuego, mientras estamos vivos.

Tierra y cielo. Oro y azul. Mieses segadas y aire. Entre estos dualismos existimos, está nuestro latir. Vida de lo esencial. Porque es en ese vértigo, tan hermoso y absoluto, en el que transcurre nuestra vida. Y nada más es necesario. Porque es aquí, en esta belleza, tan luminosa y despojada, donde transcurrimos, donde nacemos, trabajamos, anhelamos, amamos y dejamos testigos de lo que fue nuestro paso por esta maravilla. Y es ahí, en la línea del horizonte, tan delgada y sutil, donde están esos pueblos en que moramos y en los que arde nuestro fuego, mientras estamos vivos.
 
José Luis Puerto (Texto) / Ángeles Rebollo Hernández (Fotografía)
 
En la imagen, una mirada a la Armuña, a este paisaje esencial y hermoso de Gomecello, habitual en estas fechas, con las tierras segadas ya y recogida su paja.