Viernes, 24 de noviembre de 2017

Acudid a Santiago, por quien se hicieron el cielo y la tierra

El Evangelio de Tomas tiene una importancia inmensa en la historia de la Iglesia, pero no ha sido aceptado en el canon (quizá por el versículo que comentaremos):

Este Evangelio —al que algunos llaman Evangelio copto p gnóstico de Tomás — es un apócrifo que contiene 114 dichos atribuidos a Jesús, conservado en un papiro copto, descubierto en 1945 en Nag Hammadi (Egipto). Se discute su origen y sus tradiciones... Pienso que es posterior a los sinópticos (de principio del siglo II d.C.), aunque contiene dichos valiosísimos para conocer la tradición de Jesús. Aquí sólo me interesa su visión del "principio" de la Iglesia.

-- Ev. Tomás no puede aceptar la palabra de Mt 16, 17-19, en la que Jesús "funda" su iglesia en Mateo... Por eso responde diciendo que su fundador y "papa" esa Santiago, el buen gnóstico.

-- Ev. Tomás no puede aceptar tampoco el magisterio y ministerio de Pablo, tal como ha sido ratificado por Efesios, pues le parece que es un magisterio "carnal", que no ha penetrado en el misterio de la realidad.

E. Tomás está cerca del Ev. Juan, pero tampoco acepta su palabra clave, aquella donde se dice que la Palabra se hizo carne (Jn 1, 14)..., ni acepta el pacto entre el Discípulo amado y Pedro.

El evangelio de Tomás apela a la figura y testimonio de Santiago, el hermano del Señor (que en el fondo es el mismo Tomás) a quien interpreta ya en línea gnóstica, más que "legal". De esa manera, ya a principios del siglo II d. C., se establece y ratifica una Iglesia de tendencia gnóstica, cuyo evangelio no ha sido aceptado por la Gran iglesia.

Encuadre

En una línea en parte semejante a la del evangelio de Juan se sitúa el de Tomás, escrito a principios del II dC, con textos de tradición venerable que provienen de Jesús o de comunidades cristianas antiguas (con dichos semejantes a los del Q).

Pues bien, para fundar su mensaje, en vez de apelar al Discípulo Amado, como Juan, el evangelio de Tomás apela a la tradición de los dos hermanos de Jesús: Judas-Tomás, el Mellizo (cf. EvTom inscriptio y num 13), y Santiago, el Justo, por quien fueron hecho el cielo y la tierra (EvTom 12) (que pueden tomarse como distintos, pero también como un único discípulo gnóstico, con el que Jesús se identifica).

Esto parece indicar que al menos una parte de la iglesia representada por ellos ha desembocado en un tipo de gnosis, pasando, en nombre de Jesús, de un legalismo nacional judío a una experiencia de interioridad mística, donde la Ley Judía acaba interpretándose como símbolo de autenticidad de la persona, en una línea intimista.

Este Evangelio de Tomás se parece bastante al de Juan, pero con una diferencia básica:

-- Desde la raíz de su experiencia gnóstica, Juan pone de relieve la “carne” o historia de Jesús (cf. Jn 1, 14), y así narra con toda detención su muerte en cruz, pudiendo elaborar una visión histórica de la Iglesia, apelando para ello a Pedro, como acabo de indicar.

-- Por el contrario, Tomás tiende a prescindir de la carne (es decir, de la historia y muerte de Jesús), de manera que resulta difícil defender en esa línea una iglesia que tenga una función histórica, como la representada por Pedro en el evangelio de Juan.

Desde ese fondo se entiende su logion central sobre Santiago:

Los discípulos dijeron a Jesús: «Sabemos que tú te irás de nuestro lado; ¿quién va a ser el mayor entre nosotros?» Jesús les dijo: «Dondequiera que os halléis reunidos, dirigíos a Santiago el Justo, por quien el cielo y la tierra fueron creados» (EvTom 12) .

Conforme a la tradición sinóptica, asumida, por Mateo, el más grande en el Reino de los Cielos (en la Iglesia) es aquel que se hace más pequeño, siendo de esa forma servidor de otros (Mt 20, 24-28; cf. 18, 3; 19, 13-15). No se trata, por tanto, de “hacerse mayor”, y en esa línea la “función de Pedro” (cf. Mt 16,17-19) no puede entenderse como superioridad, sino como servicio a los demás.

En contra de eso, según el Evangelio de Tomás, la superioridad se mide en línea de conocimiento, de manera que quienes más conocen, como Santiago el Justo, son superiores a los otros.

Según esa visión de Tomás, la autoridad se expresa en forma de conocimiento interior del misterio, de manera que el más grande no es el Pedro, ni Pablo, ni siquiera el Discípulo Amado, sino Santiago a quien se considera como receptor y signo de la creación de Dios y verdadero gnóstico.

La autoridad de Santiago no va en línea de organización eclesial, sino de interiorización, lo mismo que la la autoridad de Judas/Tomás, que aparece como hermano mellizo del Jesús gnóstico, como una especie de logos/revelación de Dios, pues por él se han hecho cielo y tierra.

Santiago el Justo (lo mismo Tomás) no es ya un simple discípulo de Jesús, un hombre histórico, creador de una comunidad de discípulos a quienes orienta y encamina en un proceso histórico (como Pedro y Pablo, e incluso como el Discípulo Amado), sino un signo de la revelación de Dios, como el Logos de Jn 1, 1-3.

‒ Tomás, una deriva gnóstica. Entendido en la línea del Evangelio de Tomás, Santiago (que no es ya el judeo-cristiano radical del principio de la Iglesia, al lado de Pedro y Pablo) aparece como símbolo de todos los gnósticos, es decir, de aquellos que tienen un conocimiento superior de la verdad de Dios, con la que en el fondo se identifican, de tal forma que se puede afirmarse de él lo mismo que se dice de Jesús resucitado (o del logos de Dios en Jn 1, 3): Que por él se hicieron los cielos y la tierra. Santiago no tiene, pues, una autoridad eclesial, de tipo organizativo, sino de conocimiento interior, es decir, de vinculación con Dios.

‒ Mateo, un evangelio “carnal”, social. En contra de eso, fundándose en la la autoridad de Pedro (cf. 16, 17-19), Mateo ha escrito un evangelio profundamente judío y cristiano, de tipo social, de organización y misión de las comunidades, de apertura a todas las naciones. Mateo es un evangelio de profundidad radical, de gran mística (expresada en el “Dios con nosotros” y en la identificación del Cristo con los pobres: 1, 23, 25, 31-46; 28, 20); pero es, al mismo tiempo, un evangelio de “carne”, muy preocupado por las relaciones concretas entre los creyentes y las comunidades, un libro que apela a Pedro como intérprete de Jesús.

Anotación hermenéutica

Este logion de Tomas recoge un hecho histórico (la importancia de Santiago en la comunidad de Jerusalén), pero también una posible disputa, entre partidarios de un cristianismo en la línea de Pedro, Pablo o Santiago.

Parece evidente que, en su formulación actual, este dicho atribuye a Santiago unos poderes supremos de conocimiento, en una línea de identificación con Dios o con su revelador supremo.

En esa línea, Col 1, 16 afirma que cielo y tierra fueron creados por Cristo, Hijo de Dios, conforme a una visión que ha sido ratificada por Jn 1, 3. Pues bien, este pasaje de Tomás atribuye esa función al mismo Santiago.

En el fondo de ese pasaje puede hallarse también la disputa de los discípulos de Jesús por los primeros puestos (cf. Mt 18, 1-5; 20, 20-28 par).

Estudio básico del tema en R. Trevijano, Santiago el Justo y Tomás el Mellizo (Ev. de Tomás, log. 12 y 13), en Estudios sobre el evangelio de Tomás, Ciudad Nueva, Madrid 1997, 285-320; W. Schrage, Das Verhältnis des Thomas-Evangeliums zur synoptischen Tradition und zu den Koptischen Evangelienübersetzetzungen. Zugleich ein Beitrag zur gnostischen Synoptikerdeutung, Töpelmann, Berlin 1964; R. McL.Wilson, Studies in the Gospel of Thomas, Mowbray, London 1960.

Desde un punto de vista histórico, puede suponerse que EvTom 12 ha sido compuesto para contrarrestar la importancia que Mateo ha concedido a Pedro, poniendo a Santiago (=iglesia gnóstica) por encima de Pedro (iglesia hýlica o psíquica). Pero puede pensarse también que ambos textos han surgido en “medios” semejantes, con el fin de fundamentar una u otra tradición cristiana (la de Santiago y la de Mateo). Cf. también B. Chilton y C. Evans (dds.), The Missions of James.