Miércoles, 26 de julio de 2017

Conviene que el aire puro se respire por la nariz...

Hay ciertos emplastes que cuando se remueven con un palo huelen peor, lo malo es cuando nos vemos obligados a olerlos, sin comerlos ni beberlos...

Día tras día, el nacionalismo periférico y la actitud de cierta clase política huelen peor. Por ello como no debemos de privarnos de una ración de aire, quizá tengamos que usar tapones en los oídos y en la nariz, de vez en cuando, frente a la realidad que nos rodea, y ante tanta inoperancia; o gafas de sol para ver y leer las noticias de los acontecimientos que se producen.

Si pudiéramos aspirar, de vez en cuando, aire puro por la nariz que felices nos sentiríamos. Las ciudades, como la política, con sus viviendas sin aire, sin sol, con sus calles agresivas y ruidosas, estrechas y sin higiene deberían sanearse perfectamente. Así con el aire puro y sano la gente se desenvenenaría de este aire espeso, viciado y mefítico que está intoxicando a gran parte de la humanidad.

A los que han ayudado a crear esta situación y entorno que nos rodea, y en el que nos obligan a vivir y soportar, deberían obligarles a devolver cuanto antes lo que se han llevado en crudo, y a pagar el doble por cada agresión que se inventen y que podamos sufrir. Ellos tienen la culpa del envenenamiento de la sangre de media humanidad y de parte de la otra media.

Aspiremos de un modo más constante, como quien acaricia una ilusión, a acabar aquello de que se haya convertido al honrado ciudadano y contribuyente, en “una tórtola enjaulada, en una jaula nacida, que no sabe si hay más vida, ni más aire para volar”. El ciudadano triste, o enardecido de seguro que sería más feliz sin ruidos, si pudiera aspirar el aire puro, eso sí, ¡siempre por la nariz!