Sábado, 18 de noviembre de 2017

Algo inquietante chirría en esta ciudad

El pasado viernes fui a la Catedral a escuchar un concierto de un buen organista, programado dentro del Ciclo de Órgano que la Catedral de Salamanca ha programado para estas semanas. Nada más sentarme, unos diez minutos antes de la hora del comienzo, las 20h, comencé a escuchar sonidos y ruidos extraños, muy impropios de un recinto sagrado. Como era la primera vez que me ocurría esto pensé que sería algún ensayo de algún grupo de rock en el exterior, y que de un momento a otro se callaría. Pero no, comenzó el concierto de órgano y simultáneamente todos oíamos el concierto, la voz del animador, y los gritos y aplausos de los asistentes a un “Concierto” programado ¡¡a la misma hora!! en el Patio Chico, adyacente a la Catedral.

Muchos asistentes nos miramos sorprendidos, y esperanzados de que de un momento a otro alguna autoridad catedralicia dialogara con algún organizador de FACYL y resolvieran el grave conflicto planteado. Pero no: pasaban los minutos, seguíamos escuchando esquizofrénicamente ambos conciertos, como si Dios y el diablo estuvieran presentes en el interior de la catedral esa tarde del viernes, de comienzos del verano. Así hasta el final. Muchos oyentes se levantaban y se iban, quizás no conscientes de por qué su huida, pero era obvio que aquellas obras de órgano, a pesar de la buena interpretación del concertista, no llegaban a las almas de los que allí estábamos; por eso unos se iban, otros cuchicheaban, otros paseaban por las naves con atuendos muy inapropiados para entrar en una Catedral, y, en general, sin un mínimo de elegancia.

¿Cómo es posible que dos instituciones que gestionan dos acontecimientos musicales simultáneos en Salamanca no caigan en la cuenta, no negocien, o vean la incompatibilidad completa de dos tipos de eventos, pegados uno al lado de otro, tan distintos? ¿Cómo es posible que estos gestores u organizadores tengan tamaña insensibilidad musical?

El hecho me recordó una frase que pronuncia una de las jóvenes  del bello documental de A. Aguirre “Dancing Beethoven” recientemente estrenado: “Dios y el diablo actúan en los mismos espacios”.

Como la vida siempre nos da una de cal y otra de arena, al salir del frustrado concierto, me encontré con un amigo sacerdote, que mientras saboreábamos un delicioso chocolate con churros me contó sus interesantes trabajos en Latinoamérica, apostólicos y de investigación, en torno a la figura de Vasco de Quiroga, primer obispo de Michoacán. Su culta charla me endulzó la amarga experiencia de la catedral salmantina.