Miércoles, 22 de noviembre de 2017

Colegio Concertado Pizarrales

     La educación de un niño es una empresa larga, que dura, si se respeta la ley, como mínimo, más de tres legislaturas, aunque sería deseable que durara más de cuatro, pues los padres tienen actualmente muchas dificultades para la conciliación familiar, de modo que un niño normal puede pasarse en el Colegio dieciséis años…o más, desde los cero años hasta los dieciséis. Las familias “de posibles”, siempre han podido –por eso tienen posibles- mandar a los niños a una escuela privada a Suiza o Inglaterra, pero es muy difícil que una familia normal –mucho más, si es pobre- pueda seguir ese camino.

     Por otra parte, la “materia prima” con la que se trabaja en educación es muy compleja: son niños, personas humanas pequeñitas al principio, pero llamadas a crecer inexorablemente. Mucho se ha investigado y experimentado en educación, pero siempre se llega a la conclusión de que, además de una Ciencia, es sobre todo un Arte. Un arte colectivo, pues los padres no lo pueden todo y necesitan la colaboración del maestro; y el maestro no es nadie sin los demás compañeros, formando equipo y piña; y los profesores se apoyan en el personal no docente, de modo que todos son responsables de la educación de los niños, también el personal de limpieza y los administrativos, y el portero si lo hay, que ya alabó suficientemente San Juan Bosco la importancia de un conserje, que conoce a las familias mejor que nadie; y los responsables del mantenimiento, que en un aula con goteras o con la calefacción averiada es muy difícil trabajar, o sea, enseñar y aprender.

     En el mundo hay niños que tienen suerte porque disfrutan, a lo largo de toda su etapa escolar, de una sola Ley de Educación. No es nuestro caso, pues la politización ha degradado mucho el Sistema Educativo español, o no le ha permitido desarrollar todas sus potencialidades. Y, a más a más, como dirían los catalanes, las tecnologías adelantan que es una barbaridad y todos los agentes educativos han de intentar estar al loro y ponerse permanentemente al día.

     En estas circunstancias tan complejas ¿cómo ayudar a un niño a crecer y a formarse como persona? A este respecto es muy importante que todos los agentes educativos participen de un proyecto válido a muy largo plazo. Y además, nadie va a “descubrir la pólvora” educativa y no podemos dejar de apreciar y considerar los orígenes, la intrahistoria de ese proyecto.

     Este es el caso del Colegio Concertado Pizarrales, único Colegio diocesano en Salamanca, que surgió del compromiso de los sacerdotes de la parroquia “Jesús Obrero” de Pizarrales que formaron una red tupida con un buen puñado de laicos cristianos y algunos religiosos que vieron claro que una forma muy adecuada de llevar a cabo su vocación cristiana era crear un Colegio para que los niños del barrio de Pizarrales tuvieran una oportunidad de calidad para formarse.

     Hoy en día, hay compromisos sociales muy mediáticos. La educación no tiene en España tan “buena prensa” y, además, necesita de un compromiso personal muy a largo plazo. Y así, la Utopía del Reino de Dios, que brota del Evangelio, es un horizonte que permite a los agentes educativos, sobre todo a los padres y a los maestros, tener una fuente de esperanza y energía espiritual hasta más allá de la edad de la jubilación. Naturalmente, esto exige de la Titularidad, en este caso la diócesis de Salamanca, un compromiso de apoyo constante y a muy largo plazo, para complementar en sinergia el esfuerzo que hacen la administración educativa, el equipo docente y los propios padres. En ello confío y para conseguirlo me implicaré en la medida de mis posibilidades.

Antonio Matilla, sacerdote profesor jubilado de Primaria, Secundaria, Bachillerato y Universidad (nótese que lo primero, y más importante, es la Primaria).