Miércoles, 26 de julio de 2017

Cazadores de ecologistas

En psicología, la percepción es la capacidad “que posibilita al organismo recibir, procesar e interpretar la información que llega desde el exterior valiéndose de los sentidos”. La noción de percepción describe tanto la acción como la consecuencia de percibir, de tener la capacidad para recibir, mediante nuestros sentidos, las imágenes, impresiones y sensaciones externas, o comprender y conocer algo. Los psicólogos aseguran que es el primer procedimiento cognoscitivo que nos permite a cualquiera capturar la información del medio que nos rodea a través de la energía que nos llega por los distintos sentidos. Es un proceso inferencial y constructivo, la información es interpretada individualmente, aunque se logre establecer una idea común. Según los diferentes estudios, la percepción depende de factores biológicos, con los que nacemos, y factores aprendidos, aquellos que son fruto de la experiencia.

Queda patente, con esta explicación, que la percepción es algo subjetivo, personal, aunque esté de acuerdo la mayoría de la gente en algo concreto. Evidentemente, hay trastornos que conllevan una distorsión en las percepciones recibidas, bien sea por ilusiones, o falsas percepciones, es decir, una interpretación errónea del estímulo recibido; o, por alucinaciones, que son falsas percepciones sin estímulo externo, es decir, es la percepción de algo inexistente.

Un claro ejemplo de disfunción perceptiva lo encontramos en la reciente carta de la Real Federación Española de Caza, RFEC, y las Federaciones Autonómicas de Caza, FAC, donde “instan a todos los cazadores, pescadores, agricultores y ganaderos, al mundo del toro y a los ciudadanos con sentido común a levantarse contra el radicalismo ecologista y animalista y contra aquellos políticos ignorantes que no son más que palmeros del ecologismo más radical, cuya única finalidad y razón de existir es arremeter contra las tradiciones, la naturaleza real, la caza, la pesca, el mundo rural y la cultura natural de los pueblos”. El consumo de estupefacientes está prohibido por la ley, con lo que habrá que imaginar que quien haya escrito la carta tiene alguno de los trastornos mentales antes mencionado.

Ojiplático me dejan varios aspectos del panfleto en cuestión, empezando porque los ecologistas y animalistas quieran, queramos, “acabar con el mundo rural”, cuando es todo lo contrario, pues siempre hemos estado por la defensa en su totalidad, no como espacio de diversión de unos pocos. No conviene olvidar que estos sectores que tanto reivindican el mundo rural son los que poseen unos privilegios que ya quisieran para sí otros sectores del mundo rural. Por ejemplo, no poder pasear por montes públicos, de todos, cuando están ocupados por los cazadores, minoritarios, pero a los que se les da prioridad sobre todos los demás, salvo que te arriesgues a recibir un tiro. Termina la carta aseverando: “Que no se olviden los políticos que somos más de 10 millones de afectados dispuestos a toda clase de acciones…”. Les ha faltado añadir que están armados… Sieg Heil!