Miércoles, 26 de julio de 2017

Los Caminos del Señor Santiago

Decimos siempre el Camino de Santiago, y pudiera parecer que sólo hay un camino a Compostela. No, son muchos los caminos, más de los que se piensa. El Camino Francés es el más famoso y el más transitado, pero no es el único. Mis piernas ya han ido desde Saint Jean Pied de Port, en Francia, hasta Santiago de Compostela. Ya sé lo que es esta ruta llena de contenidos, de patrimonio, de paisajes y paisanajes, de pueblos y ciudades. Ya sé lo que es el sol y la lluvia, el viento y el frío, la sed y el hambre. Ya conozco lo que es sufrir y lo que es alegrarse. He visto todas las caras del mundo reflejarse en ese sendero, he comprobado la fe de muchos y la duda de otros ante la esencia del Camino, ante la trascendencia de la vida, y de los pasos como su metáfora. He disfrutado del canto de los pájaros, del frescor del amanecer, de las puestas de sol, del cariño de los hermanos peregrinos, y he descubierto que el Camino, para muchos, es sobre todo una huida, un avanzar hacia no se sabe dónde, hacia que lugar interminable, inconcreto. Porque Santiago de Compostela, con sus estrellas y sus luces, con sus piedras en la tierra y su cielo en lo alto, no es más que una parada y fonda, una meta volante, momentánea, ante el infinito desconocido del alma individual, esa que cada uno tenemos, y que nos confunde con frecuencia entre pensamientos y obras, entre realidades y sueños, entre rezos y plegarias al Dios infinito y desconocido, que en la tierra lleva el nombre del  silencio, esa paz callada, interior, que viene a hacer en la tierra las veces de lo que llamamos cielo.

     Además del Camino Francés, están el Aragonés, el de Le Puy, el de Levante, el de Madrid, el del Norte, el del Salvador, el Portugués, el Primitivo, el Sanabrés, el del Vía de la Plata, el Camino Vasco Interior, el Ruta de la Lana, el Inglés y el Sanabrés. El Camino Inglés, o Camino de los Ingleses, lo han pisado también mis pies. Tiene dos recorridos, desde El Ferrol y desde A Coruña. Se juntan en Hospital de Bruma. Ambos itinerarios son excepcionales por su belleza paisajística y el patrimonio que puede contemplarse. Hay, eso sí, cuestas de relive, que obligan al peregrino a entregarse a fondo. Tiene también la originalidad de pasar muchos kilómetros, desde El Ferrol, junto a la playa, hasta Neda, y después volveremos a ver el mar en Pontedeume y en Betanzos. Camino muy recomendable, entre otras cosas, porque no hay aglomeraciones de peregrinos como sucede en el Francés. Respecto al Camino Sanabrés tengo previsto hacerlo en los próximos meses. Seguro que me encantará porque el itinerario, montañoso y abierto a la vez, transcurre en la maravillosa comarca zamorana de Sanabria, siempre por descubrir algo, siempre llena de sorpresas,  para adentrarse después en Galicia, esa tierra dulce cargada de misterios, lo que siempre envuelve y entusiasma al caminante.