Martes, 26 de septiembre de 2017

Ecosistema del discurso innovador

Tenemos que romper la inmovilidad del “mastodonte” de la instituciones públicas y privadas, y ese anquilosamiento académico actual de la docencia, la gestión y la investigación de muchas universidades.

                    

Uno de los aspectos más interesantes del discurso innovador es la convivencia entre ecosistemas muy diferentes. Por ejemplo, la Tecnología relacionada con la Cultura y el Arte, con lo Social, con las Ciencias, con las Humanidades. Esta interacción fomenta la creatividad, la innovación y los negocios, y por tanto el crecimiento económico.

¿La panacea de las startups? Unas pocas son exitosas y se venden por mucho dinero, pero bastantes no aportan nada fundamentalmente innovador ni a la ciudadanía ni al mercado. La mayoría de las startups acaban como el rosario de la Aurora, arruinando a los jóvenes autónomos, a sus familiares, amistades y vecinos. 

En nuestra autonomía de C y L, nuestros políticos, gobernantes, responsables académicos y directivos de empresas, manosean excesivamente la palabra Innovación y confunden Emprendimiento con Innovación. El discurso innovador está dañado por el paradigma del emprendimiento tantas veces utilizado por las instituciones, fundaciones y entidades financieras para justificar su gran ignorancia en estos temas. Pues una cosa es llevar una pequeña empresa que marche bien en lo económico, y otra bien distinta es que sea innovadora y creativa, eficaz en lo social y en lo laboral.

      Muchos de los fondos FEDER, los HORIZONTE 2020, y otras ayudas para I+D+i de la UE, de los gobiernos autonómicos, ayuntamientos y del Estado, no son utilizados ni repartidos adecuadamente. También encontramos una dudosa justificación de miles de facturas en este sentido, salvo los cumplidores de siempre. Se ha generado una quimera frustrante con los startups, las smart city, la excesiva tecnificación de nuestro futuro económico. Existe mucha mentira y anhelos desorbitados de innovar de mentiras, como aseguran acreditados analistas del talento creativo e innovador. Y algunos ayuntamientos, consejerías y empresas se aprovechan de ello para justificar esta actividad mercantilista que no entienden o que les viene bien a sus amigos empresarios y/o políticos.

Las “fábricas del talento” –que tanto gusta decir a algunos iluminados de utópicos paraísos tecnológicos– se están convirtiendo en cárceles del “curro precario y de los salarios bajos”. Nada ilusionante: se acabó el cuento de Cenicienta de las startups y del romanticismo del emprendimiento. El discurso del emprendimiento voraz sacralizado por los poderes financieros no nos sacará de la crisis ni nos hará reconquistar las cuotas socioeconómicas destruidas del Estado del Bienestar.

                         

Los Parques Científicos presumen de ello, pero quizás no sean tan eficaces económicamente ni tan socialmente beneficiosos como nos quieren hacer ver. Creen que impulsan el emprendimiento, pero raramente fomentan la innovación, la creatividad, los derechos laborales y los salarios digno. Tenemos que romper la inmovilidad del “mastodonte” de la instituciones públicas y privadas, y ese anquilosamiento académico actual de la docencia, la gestión y la investigación de muchas universidades.

En la Universidad también se magrea la palabra innovación educativa y algunos piensan que con las nuevas tecnologías, las TIC´s, ya está todo dicho de la modernidad y renovación de la educación superior. La Innovación no es una mera suma de acciones más o menos novedosas, sino un cambio radical de mentalidad “creativa” en la gestión empresarial, y sobre todo en la pre, en la post y en la producción. No en todo se acierta, sobre todo en la innovación y en la gestión, y de ahí viene el fracaso de miles de pequeñas pymes y/o startups.

Incluso, toda la parafernalia entorno a las aceleradoras, viveros, spin-off, lanzaderas, nidos, parques científicos, cátedras, para ser emprendedores, debe revisarse por mostrarse ya obsoletas ¿Cuántos de estos inventos burocráticos –fomentados por las multinacionales y los gobiernos afines a los recortes y reformas laborales– son ineficaces y han nacido al abrigo de las subvenciones “amigas” de la UE, de la Junta de C y L y de las universidades? ¿Y si con la proliferación de estos entes pro emprendimiento no mejora el modelo de producción ni la sociedad ni la economía?

Y para muestra un media docena de botones. Harto es sabido que la inversión en I+D languidece en España mientras el Congreso pide al Gobierno un pacto por la ciencia. Las becas y ayudas económicas para estudios universitarios y para Investigación están a nivel de 2008; los jóvenes que han acabado sus carreras o se exilan o abonan el paro juvenil con más del 43% (los segundos de la UE). La mayoría no se pueden emancipar por su excesiva inestabilidad laboral, estando uno de cada cuatro en riesgo de pobreza. Por último, a los que intentan formar su propia empresa, el Gobierno sigue machacándoles –colectivo de jóvenes autónomos innovadores–, sin favorecer decididamente su formación y su empleo. Solo les dan migajas y precariedad.