Viernes, 28 de julio de 2017

Frut-Eros

     Corre estos días por internet la imagen del cartel que alguien hoy por hoy desconocido difundió en la Costa del Sol malagueña con la foto de una mujer desnuda y el texto: “CÓMEME TOERHIGO”. Al margen de la intencionalidad más o menos escandalosa de la campaña publicitaria (que no tardará en desvelarse) es interesante la abundancia de términos de significado sexual procedentes de los vegetales y en particular de frutas y flores. Entre un objeto o un concepto y las voces que los expresan o definen pueden existir relaciones directas, indirectas y hasta azarosas. El lenguaje popular cotidiano conlleva ingredientes coloquiales, vulgares y jergales de notable carga expresiva que sólo pueden calificarse como buenos o malos, correctos o incorrectos desde un punto de vista teórico. El ámbito del sexo es uno de los más prolíficos y heterogéneos. Por ejemplo, en el Diccionario de argot del español de Víctor León se recogen unos cuarenta sinónimos y acepciones de picha y setenta de coño. El pene es mentado, entre otras muchas acepciones, como ciruelo, berenjena, nabo, pepino, haba, cebolleta, rábano plátano (esta última acepción en Méjico y Costa Rica). El órgano sexual femenino es higo, castaña, seta, patata, amapola, mazorca (en El Salvador) y chocho, nombre también del dulce de azúcar típico de Salamanca. Los pechos femeninos son peras, melones, limones y margaritas. Los testículos son higos, güitos y aguacates. Y una paja, una pera y una yuca (en Cuba) aluden a la masturbación. En cuanto al higo, en singular, llama la atención el hecho de que no lo recoja la Real Academia como apelativo de coño pese a que su uso vulgar está muy extendido e incluso figura en canciones populares. De 1931 (durante la Segunda República) es un cuplé escrito por Enrique Parada y Joaquín Jiménez, que empieza así:

    Aquí te ofrezco el higo / La fruta más sabrosa / La mas estimulante / La más apetitosa / La fruta que a los hombres / Les gusta con pasión. / Para ellos esta fruta / Siempre fue su perdición.

    El proceso por el que se forman las palabras contiene a veces derivaciones simbólicas, metafóricas, sinecdóticas, hiperbólicas, irónicas e incluso sarcásticas. Debido a que el lenguaje sexual se ha visto influido durante siglos por motivos morales tanto o más que por la lógica lingüística, abunda en metáforas y dobles sentidos, de los cuales recogeré otras muestras en próximos artículos.