Viernes, 22 de septiembre de 2017
Ciudad Rodrigo al día

La memoria de los “desterrados” republicanos en el SO de Salamanca: Navasfrías

Ángel Iglesias también valora la desaparición esta semana del último gran símbolo franquista de El Bodón

> Además del artículo semanal que aparece un poco más abajo, Ángel Iglesias quiere realizar el siguiente comentario en torno a la retirada esta semana del último gran símbolo franquista de El Bodón:

Es una excelente noticia, en espera del resultado de la operación. La retirada de la leyenda nacional-católica supone la desaparición de un símbolo permanente de exhibición de impunidad (palpable en una localidad ferozmente castigada en 1936) y de carácter injurioso para todos los españoles en general y para los bodoneses en particular. Implícitamente, todos ellos eran considerados condenados redimidos por la guerra y por la represión (que fue lo que hubo en El Bodón). Desde que se denunció la existencia de este símbolo han transcurrido varios años (Represión franquista: II.10), pero nunca es tarde si la dicha es buena. Para serlo del todo, actos como éste deberían tener el relieve que merecen, pues según la Ley de Memoria Histórica a los represaliados y a sus las familias les asiste el derecho al “reconocimiento” y  la “reparación”. Obviamente, este objetivo no se consigue con operaciones mecánicas de derribo, anodinas, sin anunciarlas con antelación,  como si actos clandestinos o subversivos se tratara.

La memoria de los “desterrados” republicanos en el SO de Salamanca: Navasfrías

Las secuelas de la represión en Navasfrías, que afectó a una veintena de personas identificadas, se conocen mejor que en otros pueblos, gracias a la excelente información oral, combinada con la de archivo, aunque sin duda queda mucho por averiguar. Esto es válido para los “exilios” que afectaron a dos familias de vecinos navasfrieños, ya evocados en las “croniquillas” (27/11/2016). El caso de Félix González Alfonso (a) “Mosquita” resulta ejemplar a doble título, por el laborioso trabajo de identificación a lo largo de varias décadas, expuesta en la Represión franquista (2016: 40), y por la repercusión de su sacrificio en la familia más directa (ibíd.: 129, 307). Como tantos otros elegidos para el sacrificio de esta comarca mirobrigense, Félix había emigrado a Francia y tuvo que volver a su pueblo natal antes de la guerra civil, bien por asuntos familiares, según el testimonio de una nieta, o a consecuencia de la crisis  económica en el país de acogida. Tenía unos 50 años, era sindicalista, estaba casado y volvía con tres hijas, al parecer. Al producirse el Alzamiento fue detenido, “por no entregar una pistola”, y llevado a un destino desconocido en su localidad, que fue de hecho la cárcel del partido judicial, de donde sería sacado con otros detenidos, con quienes sería enterrado en la finca de Campanilla (25/11/36). Este pormenor fue totalmente ignorado de su familia, a la que Félix había acompañado a Fuentes de Oñoro para que regresara a Francia antes de que empezara la represión sangrienta. Su esposa se creyó abandonada y murió con esa mala imagen de Félix, quien fue asesinado, sin que éste a su vez llegara a enterarse de la muerte de dos de sus hijas a consecuencia de una meningitis. Sus descendientes residen en Francia y concretamente tiene una nieta en la región de Burdeos. En los años cincuenta dos hermanos de Félix emigraron al País Vasco.

Con anterioridad a Félix González había sido asesinado un navasfrieño avecindado en Moraleja, donde estaba casado: Valentín Devesa Caballero. Era padre de cuatro hijos, que han sabido conservar y transmitir su recuerdo, así como sus nietos, unos en su lugar de origen y otros emigrados.

De inicio, a primeros de agosto de 1936, la represión en Navasfrías se focalizó en la familia del alcalde republicano León Almaraz Moreiro y su yerno Ángel Ramos Navais, que era concejal y secretario de la STT local. Según los testimonios orales, ambos se beneficiaron de la ayuda solapada de Braulio Manzano Aguilar, brigada de Carabineros y comandante militar de la plaza para fugarse a Portugal. En esta labor colaboraron otros convecinos, que a su vez serían perseguidos, pero no se ha comprobado si Agustín Cuevas, que sería uno de los que dieron cobijo a los fugitivos, murió a consecuencia de malos tratos (N 2009).

 Así pues, León y Ángel fueron de los afortunados que encontraron una acogida hospitalaria y eficaz del otro lado de la Raya, aunque el exilio generó nuevos problemas e impensados avatares en su entorno familiar. Como ya se indicó, uno y otro fueron procesados en rebeldía en 1937 (C.1886/37), siendo condenados oficialmente a un destierro interior al que ya se habían adelantado en el país vecino y, además, a una pesada multa y embargo de bienes, que obviamente recaerían sobre sus familiares más cercanos. En las actuaciones procesales el párroco Matías García Miguel dio informes desfavorables sobre los encausados, pero sobre todo se ensañó con la hija de León y esposa de Ángel, Petra Almaraz Marcelino,  describiéndola como “más agresiva y violenta” que los dos fugitivos. Tenía dos hijos con su marido, a los cuales no había bautizado, y estaría embarazada de un tercero. Esto confirmaba la presencia cercana de Ángel  al otro lado de la frontera portuguesa. Los represores torturaron a Petra para que revelara el escondite. Los malos tratos serían la causa o acelerarían su fallecimiento a los 26 años, pues oficialmente murió de “miocarditis escarlatinosa” (RCN, def. 05/09/1937).

La muerte de Petra condicionaría la separación de suegro y yerno. Ángel Ramos se casó en segundas nupcias en Portugal, en las que tendría otro hijo. Después emigró sucesivamente a Francia y Brasil, donde tiene descendientes. León  no pudo seguir a su yerno en la emigración remota, de modo que siguió en la semiclandestinidad hasta 1956, asentado en el caserío de El Cuisal, a escasa distancia de la raya de Portugal, donde se internaba al menor atisbo de peligro para él.

Un hermano del mencionado Ángel, Domingo Ramos Navais, fue procesado y condenado a prisión porque, siendo soldado ya casi al término de la guerra, se pasó con otros compañeros a la zona republicana. No estaría mucho tiempo en el exilio “interior” de la cárcel. Su hijo Celso fue de los que buscaron una mejora social, dejando el pueblo por Valladolid, aunque sin desarraigarse de su localidad natal, en la que ha sido alcalde.

Se ignora la incidencia que tuvieran las muertes de las víctimas indirectas de la represión, en su mayoría contrabandistas portugueses, tratados como si fueran miembros de la guerrilla en determinados casos. Y tampoco se dispone de información concreta sobre otros afectados por la limpieza política (Román Martín o “ti Román”, presidente de la STT,  Juan Caballero o “ti Manillas”, “ti Manillas”, Plácido Ramos, considerado comunista) y sus familias, más allá de la circunstancia genérica de que muchos de ellos emigraron.