Miércoles, 24 de enero de 2018

Recuerdo, memoria, evocación, remembranza... todavía.

Como colofón, guinda, broche, remate o epílogo de una no reconocida campaña casi unánimemente periodística y mayoritariamente política de conmemoración, celebración, homenaje, tributo o aclamación de lo que ha venido en llamarse “La Transición”, las fuerzas medio vivas medio muertas de este país organizan el 28 de junio sarao, fiesta, desfile, besamanos o convite de gala con toisones, charreteras, fracs, moños y aplausómetro, para recordarnos, aburrirnos, manipularnos, mentirnos o hipnotizarnos a los mortales súbditos con lo que ellos denominan ‘las primeras elecciones democráticas’ de junio de 1977, y remachar, subrayar, atornillar, reiterar o recalcar que nuestra supuesta democracia parte de aquellos esfuerzos, aquellos próceres, aquellos abrazos y aquellos sacrificios, pactos, cesiones, acuerdos, capós, forcejeos o visiones  que lograron forjar, según ellos y sus memorias en tapa dura, un país tan envidiable, apetecible, delicioso, querido o ansiado como éste del que hoy disfrutan. Y se quedan tan anchos, satisfechos, sonrientes, ufanos, campantes o prendados de sí, sintiéndose herederos, seguidores, deudos, hijos, legatarios o continuadores de aquellos para ellos prístinos, claros, relucientes, brillantes, inigualables e irrepetibles trabajos y días, mientras se limpian los restos del banquete de autosatisfacción  con las bordadas servilletas de nuestro silencio y los postres del suyo en su barrigona, satisfecha, ufana, rebosante y repetida autocomplacencia.

Podría decirse que toda opinión cabe en su contrario, es decir, en su contestación, y que en los diferentes puntos de vista con que se aborde cada tema, podría atisbarse un punto medio que, devoto este país del ni fú ni fá, dijese más verdad de lo que fueron aquellos iniciales tiempos  pre y post constitucionales de este régimen seudodemocrático asentado en España; más verdad, o alguna verdad al menos, que esa leyenda épica que se ha venido vendiendo durante décadas en fascículos mentales y dominicales... y todavía. Mas la verdad, lo saben los vivos y sobre todo los muertos, es siempre única y no admite interpretaciones ni redondeos ni maquillaje ni abrillantador alguno, y mucho menos aliños realizados por quienes medran a la sombra de la invención, la quimera, el delirio y la fábula de una casa de todos que no existe.

Cientos, miles de publicaciones indagan –con probidad y capacidad de investigación, consecuentes, serias... veraces- en lo que es la historia de un tiempo, la llamada Transición, que aprovechando la absoluta necesidad de salir, escapar, huir de la sangrienta dictadura que sumió a este país en la indignidad, el desprecio, la inquina, la crueldad, el crimen y la vergüenza durante tantos años, remachó y consagró sin embargo unos equilibrios de poder herencia del franquismo y que todavía; unos compromisos irrompibles con los vencedores bajo amenaza... y todavía; un silencio vergonzante sobre el pasado reciente que se alarga y se alarga... y todavía; una forma de estado anacrónica, inútil e impuesta por el franquismo, como la monarquía... que todavía; unas prioridades, excelencias, intangibilidades, clases, escalas, beneficios, exclusividades y aprovechamientos... que todavía condicionan, paralizan y lastran el desarrollo de una auténtica democracia en cuestiones tales como la defensa de la identidad, la personalidad, la cultura, la opinión y los afanes de las mujeres y los hombres que constituyen y forman y llenan la patria y no de ese monigote para el pimpampún llamado patria; o la administración de justicia que imparte algo cuyo valor es ya sólo su digno nombre y no su contenido a base de bailar nombres y cargos en sus escalas, escalillas, traslados, cuotas, nombramientos, competencias y cosas de esa especie de vida paralela que parece moverse en los juzgados; o la nunca conseguida reparación a las víctimas del crimen, muertas, arrojadas a las cunetas, despreciadas, olvidadas, pisoteadas, escupidas, insultadas... todavía; o el  nunca conseguido reconocimiento total de derechos  o la detestable condición de vasallaje y cualidad de súbdito con que a todos se nos ha signado y con que nace cada español desde noviembre de 1975.... y todavía. Así que respecto a ciertas cosas, juergas, guateques, convites, verbenas y discursitos... los justos.