Sábado, 20 de enero de 2018

Medallas y sambenitos

No deja de ser irónico que San Benito sea el patrón de Europa… Y su medalla sirva para espantar demonios.

Los triunfos de la selección femenina de baloncesto, además de alegrarme, me llenan de orgullo charro porque este apogeo coincide con el del Avenida, porque muchas juegan en el equipo salmantino… o han pasado por él.

Como Sancho Lyttle, mi paisana… Sí, porque esta mujer es tan española como yo… Que, al mismo tiempo, soy tan mexicano como mi medio tocayo Javier “Chicharito” Hernández.

Perdonen que insista pero la ignorancia de un francés que juega en Estados Unidos y que aludió al tema me puso otra vez en el disparadero. Si las federaciones manejan, o manejaron esto de las naturalizaciones a su conveniencia, critíquenlo… Pero en el momento que alguien adquiere una nacionalidad, aludir a ello como característica es exactamente lo mismo que decir que tiene una raza determinada, un color, una religión, una preferencia sexual… O sea, que resaltarlo es discriminatorio, como lo es decir “una banda de x nacionalidad”, cuando la tienen unos ladrones atrapados en flagrancia… Cuando, si son nacidos en diversos pueblos de la geografía española, no es un dato pertinente.

La discriminación ahí está, y la xenofobia late abajo… como la intolerancia inquisitorial late bajo otras “notas” del fin de semana; “nota” de redes sociales y de esos medios tan “serios” y “modernos” que están llenos de noticias que suelen titularse: “Escándalo en Twitter por…”, “Arden las redes con…”, “Tunden a…”

Una de esas notas tiene como protagonista a Javier Marías, un señor que escribe en una columna sobre lo que le da la gana; Marías manifestó una opinión sobre otra persona que escribía; dijo que esa persona estaba de moda y que a él no le gustaba; por lo mismo, mejor recomendaba a otras personas que escriben y que a él le parecen mejores.

Escándalo mayúsculo… ¿por qué? Quienes insultan a Marías, con perdón, parecen darle la razón: siguen moda y anatemizan a quienes no lo hacen.

Otra nota es sobre las declaraciones de una actriz; parece que no tiene derecho a opinar, incluso, si así les parece a equivocarse.

Yo, como mi colega de columna y amiga de años, Charo Alonso, creo que Gloria Fuertes tiene textos muy buenos y cosas rescatables y, sobre todo, qué coño, me cae bien porque es una voz de mi infancia y una de las puertas por las que entré a la poesía, pero, como Marías, también recomendaría leer, primero, a Emily Dickinson o a W. H. Auden; con respecto a Marías, me gusta como columnista y no me atrapa como narrador… Y Blanca Suárez puede decir lo que le dé la gana del feminismo; a mí me parece una actriz con pocos registros… Pero considero mala la serie en la que la he visto, así que tendré que verla más veces. Respecto a sus opiniones, son suyas de ella, como las mías, de mí.

Por supuesto, que Sancho Lyttle sea española no es un asunto de creencias, sino de leyes. Quien “crea” que no lo es, o crea que con esta columna lo estoy ofendiendo, está más cerca de Marine Le Pen de lo que se piensa.

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