Sábado, 18 de noviembre de 2017

Sacerdotes o "religiosos" movilizados

     En el periódico de papel de más difusión en nuestra ciudad y provincia apareció a raíz de la procesión del Corpus una crítica contra los sacerdotes católicos que usaban el móvil para tomar fotos revestidos de alba y estola y, según todas las apariencias, acalorados por la calor inmisericorde de esos días pre veraniegos. Debo confesar y confieso que a mí no me pillaron porque, como “el miedo guarda la viña”, no quise arriesgar mi salud acalorándome en exceso, que, como decían los antiguos, “hay que cuidar el sujeto”.

     Dicho lo cual, puede ser que yo también esté de acuerdo en que es poco adecuado que los sacerdotes hagan uso del móvil en la procesión, lo que pasa es que “las nuevas tecnologías” forman ya parte de nuestra vida y, como el Evangelio tiene la manía de inculturarse, o sea, sumergirse en todas las culturas, sin identificarse con ninguna, pero transformándolas todas, o al menos intentándolo, pues no sé, no veo yo fácil ponerle puertas al campo, mucho más cuando “el campo” –el terminal celular de telefonía, más conocido entre nosotros como móvil- tiene una clara dimensión espiritual, como más adelante se verá. Como todas las cosas nuevas, es posible que haya exageración en el uso del móvil y tengamos que moderarnos todos.

     Pues, señor, sucedió que tuve que ir una vez, hace muchos años, a una reunión en la sede de la Conferencia Episcopal Española de la C/. Añastro, en Madrid. Como me gusta llegar con tiempo, me fui un rato a rezar mientras descansaba en la capilla, o a descansar rezando, que como dijo el torero “tié qu’haber gente pa tó”. Una vez acostumbrados los ojos a la penumbra del lugar sagrado comencé a indignarme y, al salir, le pregunté a mi ex compañero y sin embargo amigo D. Casimiro López Llorente, obispo de Segorbe-Castellón: “Oye, Casimiro ¿se puede saber qué hacíais seis obispos jugando con el móvil en la Capilla?”. “No estás al loro, muchacho, estábamos rezando. ¿No conoces las aplicaciones que te permiten descargar el Breviario en el móvil?” Pues no, confesé. Y muy pedagógico, con su típico deje de ironía afable, me mostró y me ayudó a descargar la aplicación. Ahora, cuando tengo que esperar horas en el Hospital Clínico para mi periódica consulta médica, aprovecho para rezar Laudes, que Dios también está, y quizá más que en otros lugares, en la Sala de Espera del hospital.

     Y cuando voy a llevarles la Sagrada Comunión a los enfermos a su casa, que es como una mini procesión del Corpus, pero en privado, utilizo el móvil para compartir con el enfermo el Evangelio del día y rezar con él el “Alma de Cristo” u otras muchas oraciones adecuadas, que ya no puedo confiar a mi memoria, pero sí a la memoria RAM del móvil. También es útil el móvil para enterarse de que San Romualdo nació en el año 954 y que se convirtió a raíz de ver cómo su padre mataba a un adversario en un duelo a espada. Bueno, esto de la espada no sé si es muy espiritual, pero puedo asegurar que lo vi hace poco en Wikipedia, en mi móvil, preparando precisamente la misa del día de San Romualdo. Podía llevarme el tocho del Año Cristiano que tengo en mi biblioteca, pero, francamente, el móvil pesa y ocupa menos.

     Confieso que he pecado. Yo también saqué fotos en la procesión del Corpus otros años. Acepto la crítica y prometo domesticar al móvil y no volverlo a usar en esa procesión. De ahora en adelante lo emplearé más en la Liturgia y lo emplearé mejor, procurando no escandalizar a las personas religiosas. Una persona religiosa, por cierto, fue la que me introdujo en el uso del Skype, porque hablaba frecuentemente con un hijo sacerdote –no religioso- que tenía en Roma y con otro, ejecutivo bancario, no sacerdote, pero sí religioso, que trabajaba en París. Y hablando de “religioso” quiero manifestar mi malestar y confusión por el uso errático de esta palabra en algunos medios de comunicación. Dice “La Gaceta” –un ejemplo más entre mil- que “…nadie pone en duda el respeto que tienen estos religiosos hacia la adoración eucarística…”. Parece que se refiere a los sacerdotes católicos salmantinos, pero eso confunde, porque en las fotos hay sacerdotes seculares y sacerdotes regulares, vulgo “religiosos”, que yo los conozco y sé que pertenecen a una Congregación u Orden religiosa. Y si ‘religiosos’ se dice de modo general, como sinónimo de creyentes en una religión, también confunde, porque está claro que los “religiosos” que allí aparecen no son musulmanes, ni hinduistas, ni practicantes del vudú o del culto a la Pachamama. Podrían haber repetido por tercera vez la palabra sacerdotes, sacerdotes católicos, aplicando aquel dicho de “valga la repetición, que para eso la he puesto”. La repetición no confunde, sino que reafirma el concepto.

     Toda la información que traía el periódico de papel  me dio la impresión de tener un cierto carácter “funerario”…Será por la calor, o porque he tenido demasiados funerales últimamente.

Antonio Matilla, sacerdote católico no religioso; bueno, religioso sí, pero no regular sino secular, aunque espero que no muy secularizado…Vds. ya me entienden…

En la foto: feligresas rezando “movilizadas”: A Dios rogando y con el móvil dando...