Miércoles, 25 de abril de 2018

Nación, naciones, pueblos...

Recupero la esencia de otro artículo publicado, allá por 2010, en El Adelanto. “Si tots dicemos bai”, se titulaba…

 

La semana pasada visité mi archivo para buscar algo que había escrito sobre Guardiola… y al lado, por aquello de que ambos artículos empezaban por la letra ese, me encontré otro, muy “de filólogo”, como pueden ver en la entradilla. Creo que ver los idiomas como algo que enriquece es algo bueno, útil.

Ahora que acaban de pasar las elecciones a la Generalitat, recordé algo que me pasó hace poco: en una reunión con músicos, poetas, pintores y demás, Manolito Mulet, un gran guitarrista cubano, me preguntó por "esa vaina de las autonomías que tienen ustedes los gallegos, chico". Ya saben que, por acá, todos somos gallegos; también allá se generalizó el sudacas, así que no hay que darle vueltas. Pero bueno, en el intento de explicar, salió el asunto de los idiomas. ¿Entonces los gallegos, los catalanes y los vascos no hablan español? –de este lado del charco, no se suele diferenciar entre castellano y español, nos guste o no–; sí, claro que lo hablan, pero el castellano –ya ven, soy bilingüe– es tan oficial como el catalán, el gallego o el euskera, que, además, te tiene que quedar claro que son lenguas, tan importantes...

Ahí ya me quería salir lo filólogo y empecé a enrollarme, que el galaico-portugués, las lenguas romances, el euskera y su origen... No era por ahí. Terminé reflexionando sobre todo eso, y sobre la imagen que da de nosotros, sobre lo difícil que es para otros, los de acá, entender eso que a los naturales de allá nos ocupa tantos ratos, discusiones y presupuesto, amén de quebraderos de cabeza.

 

Hasta ahí la cita propia en extenso. Decía entonces que cuando en un instituto de Salamanca llegue a ser normal estudiar catalán como segunda o tercera lengua, según el plan de estudios de la ley en turno; o en un colegio mixto concertado en Albacete, hagan lo propio pero con la materia de gallego, habremos empezado a vencer a las fuerzas oscuras, de uno y otro signo –no creo que los objetivos políticos de la CUP y Rajoy difieran mucho, tener el poder o conservarlo, sin muchos escrúpulos–; si esto de la plurinacionalidad es llamarada de petate –mexicanismo de hoy– o inicio de algo, el tiempo lo dirá.

Por cierto, lo de estudiar esas lenguas, que desde luego nos enriquecen, no lo sugiero como algo romántico, no; puro pragmatismo, para facilitar después el acceso a puestos de trabajo, a la movilidad, a lo que sea. El cambio es lo único seguro, y noto una cierta resistencia al respecto… Tal vez

Que Pedro Sánchez lo hace para ocupar un hueco, pues qué bien; la política es eso, encontrar caminos, superar desacuerdos; así que no me parece mal que empiece integrando a su grupo a quienes se pueden integrar –no creo que Susana Díaz lo hubiera nombrado Secretario de Organización, por decir– y aportando ideas. Si otros no las secundan, no habrá consenso, pero el camino es ese, no la imposición.

Corre riesgos Sánchez, por supuesto… No como El País, que hace mucho que renunció al prefijo “pluri-”…

 

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