Domingo, 25 de junio de 2017

Sexta crisis psicosocial II

En otras época,  hubo una identidad basada en el sexo y hoy justamente denostada (y no sólo por las feministas) de la mujer que entrega su vida al cuidado de su esposo y  al de su familia. Esta identidad, basada en el sexo , tiene, además, el inconveniente añadido de que la excesiva dedicación a otra persona pone,  literalmente, la propia vida en manos ajenas.

Mago Al

 

 

 

El amor de pareja (reanudó el mago su clase en este punto porque sabía que para Kay,  que se marchaba ya a su casa,  era muy importante)  es sólo una de las variantes de la normal tendencia afectiva hacia los demás.

Ya en la Grecia clásica, e incluso ahora, dijo Al irónicamente,  se distinguía entre eros, el amor sexual, filos, la amistad, y ágape, el sentimiento puro de amor, inespecífico y difuso,  que se dirige más hacia entes cómo Dios, la Humanidad o la Naturaleza y no tanto hacia personas concretas.

En realidad,  los tres componentes no son mutuamente excluyentes, sino que pueden coexistir en diversas combinaciones.

En una pareja formada por mortales como vosotros (dijo el mago, mirando fijamente a sus alumnos y especialmente a Kay) bien constituida,  deben de estar los tres presentes: el eros en la atracción sexual, el filos como compañerismo y mutua ayuda y el ágape en la devoción de ambos  a un fin más amplio que la propia pareja, a un proyecto de vida común que hace de la familia la clave,  incluso,  de vuestra supervivencia como especie.

El trabajo que tenéis que hacer en esta sexta crisis se centra en los dos primeros elementos, siendo el tercero  cuestión para resolver en la crisis posteriores.

La intimidad, continuó el Maestro, se inicia con el reconocimiento de otra persona como ser independiente, continúa con el  desarrollo de sentimientos mutuos de unión y se completa con el afianzamiento de la capacidad de mantener compromisos emocionales estables.

¿Recordáis lo que os dije de que en la vida hay que decidir, y a muy temprana edad, entre odiar y ser odiado  o  amar y ser amado?

Interrumpió el mago su discurso con esta pregunta y, como sucedía siempre, los alumnos permanecieron en silencio, expectantes a ver que seguía…

Pues bien, mis  desmemoriados y jóvenes amigos,  dijo el Maestro, es en esta sexta crisis cuando se plantea con mayor intensidad este dilema. Descubrir que uno puede ser  odiado o amado es tarea de la primera crisis y es ahora,  con la sexta crisis,   que se añade el segundo factor de la ecuación: descubrir que uno puede amar o en su caso, odiar.

Como siempre  ocurre  en cada fase, los restos no resueltos de crisis anteriores vuelven con toda su virulencia. Por eso, suspiró el mago,  son muchos los jóvenes adultos, como alguno de vosotros,  y volvió a mirar al grupo,  exceptuando esta vez a Kay (lo cual, ni que decir tiene,  produjo en el joven una repentina y agradable subida de la autoestima) que piensan que amar es cosa del otro,  no una tarea personal y que agonizan por la necesidad de ser queridos sin darse cuenta de que, de lo que se trata,  es de aprender a querer.

Esto es un retorno a épocas anteriores del desarrollo que plantea el difícil problema de los amantes- niños, que no pueden formar pareja porque el amor que buscan,  no es el que ahora se les ofrece.

Afortunadamente, siempre existe la posibilidad de éxito en esta “segunda vuelta”. Esta crisis os da la oportunidad de conformaros con los  padres que habéis tenido y dejar de buscarles  sustitutos y abriros al amor maduro, que es siempre un amor entre iguales.

Y habéis de tener especial cuidado con esto, advirtió el mago Al a sus alumnos, pues la alternativa, deplorable por cierto, es la absorción en uno mismo, el rechazo y el abuso de la posible pareja, o  peor aún , como parece que ocurre últimamente en vuestra sociedad,  el intento de crear un control agresivo sobre ella.

 

Fotos: www.arteparaniñosbloger.com         www.centroviday familia.com