Jueves, 14 de diciembre de 2017

De Rosa y Oro

“¡Extraño mundo este del toreo!… Como la muerte lo preside, a veces horripila y a veces emana de él una alecionadora trscendencia. Nunca se podra encontrar en el fútbol un tema de hoda meditación. En el toreo sí”.

(Wenceslao Fernandez Florez)

AL HILO DE LAS TABLAS

 DE ROSA Y ORO

 

Mírame como vengo / Tan sin sangre / Blanca mi tez morena / (Alberti)

 

El toreo, es la profesión idónea para representar  el tan manido tema del éxito repentino y transmutado de personalidades y ambiciones, seguidas del consiguiente fracaso desolador o incluso redentor, que devuelva al protagonista a su inicial estado de sencillez y honestidad originales. Infinidad de veces hemos visto esta  historia, en decenas de ocasiones hemos asistido a las crónicas de perdedores, de toreros que han perdido, la ilusión, el sitio, el valor en que suele consistir  el toreo, pero por más que hayamos sido testigos y veamos la misma historia contada una y otra vez,  las  escenas resultan en ocasiones  excesivamente duras para un matador que ha tenido el éxito y el reconocimiento en su carrera. Fandiño era ese hombre enfundado en su traje de luces,- Rosa y Oro- serio, cabal y consecuente que había conocido la miel y la hiel de esta dura y zozobrante profesión de lidiar reses bravas, estaba aún en ese trance, de volver a engancharse al carro de los elegidos. Pero el toro, que no entiende de triunfos y derrotas hundió su pitón en el cuerpo de Fandiño, y  llego su día fatal, muriendo. Y como siempre un fotógrafo (Igor Gaica) logro la fatídica y dura  instantánea.

Uno como aficionado, siempre tiene un recuerdo, para aquellos que cayeron en los ruedos. Es la suya, una muerte bella y trágica, que añade nuevos y legendarios perfiles al patetismo que todo transito lleva consigo. Los toreros que mueren así, en la plaza, adquieren ya la credencial para entrar en el romance. El espíritu popular y novelesco hermanó siempre a la Fiesta y a la muerte; y en ese espíritu solo adquieren vigencia los diestros que caen en la arena frente al toro. En definitiva, para el alma imaginativa de los públicos taurinos - de todos los públicos en realidad - supervive mucho más el torero, que encontró esa forma de muerte. No importan demasiado, la calidad del arte, los valores auténticos del modo de torear, la personalidad, el estilo. Lo que queda por encima de todo esto; es, aquella dramática belleza de la muerte frente al toro. Por ello entran más en el romance, aquellos que se entregaron a la cita, que la muerte ha hecho en el ruedo del sureste francés; Aire Sur I´ Adour- una nueva plaza se une, muy seguida a la de Teruel, la tarde en Talavera... Aquel día en Madrid... Aquel día en Linares... La tarde angustiosa de Pozoblanco... De la Maestranza… Colmenar… de Bezziers. o ese recóndito pueblo de México… etcétera.

Se mantiene este recuerdo, porque está abonado con sangre, y porque en esa esencia de riesgo, emoción y romance se sustenta la razón de la Fiesta. Incluso la de hoy, esta cimentada en la trágica historia, en el romanticismo, en las luces y en las sombras, aunque muchos lo ignoren. Porque bien sabe el torero como hombre, que puede caer mortalmente herido en el ruedo, y para ello es preciso que el torero esté preparado, como a lo largo de la historia han demostrado muchos de sus protagonistas para ese momento final, para esa otra hora de la verdad, dolorosa y cruel. Haciendo buena la afirmación: “Morir gloriosamente es una bendición de los dioses”. Según el poeta griego Esquilo, padre de la tragedia.

Ahora Fandiño, te esperan a su mesa aquellos, que como tu regaron con su sangre la arena, para cubrir una nueva página de la tauromaquia. Que Dios te bendiga.

           

Fermín González Salamancarvaldia.es