Jueves, 22 de junio de 2017

Cuarenta años es mucho

15-junio-jueves

   Esta es una fecha para recordar la Historia con mayúsculas: hace 40 años se celebraron las primeras elecciones democráticas después del largo túnel franquista tras la Guerra Incivil. Todos los medios de comunicación lo recuerdan con profusión. No es para menos.

    Mi recuerdo de aquel día me lleva a Barcelona, donde vivía. Estaba en plena fecha de exámenes del último curso de Periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona. Estrenaba democracia e iba a estrenar el título para un oficio del que he vivido estos cuarenta años.

     Las calles de Barcelona aquel día respiraban ilusión y alegría. La campaña electoral había sido un canto a la “libertad sin ira”, como decía la canción de Jarcha que entonces lo llenaba todo. Más de seiscientas candidaturas se presentaban en toda España en las urnas. La gente, en masa, acudió a los colegios electorales entre expectantes y emocionados. Era una sensación nueva, una experiencia única.

      A lo largo de estos últimos días diferentes líderes políticos de entonces y de ahora, y relevantes personalidades del mundo social, cultural, económico y empresarial se han expresado recordando qué supuso aquel día histórico. Las recojo: nostalgia, perdón, estabilidad, ilusión, éxito, justicia, libertad, progreso, oportunidad, innovación, gobierno de todos para todos, democracia, zozobra, consenso, concordia, unidad, juntos, valentía, decepción, soñemos, ética, igualdad, normalización. Muchos de estas ideas las recogí de Informe Semanal, que hizo un monográfico, como correspondía a esta efeméride. En Informe Semanal colaboré con frecuencia en los cinco años que trabajé en los Telediarios de TVE, en Torrespaña, desde 1992 hasta 1997. Este programa siempre tuvo un gran prestigio, llegando a ser parte, por propios méritos, de la historia de estos cuarenta años.

     Las Elecciones Generales del 15 de junio de 1977 las ganó UCD y Adolfo Suárez. El PSOE y Felipe González formaron la principal oposición. El PCE y Santiago Carrillo consiguieron un resultado mucho peor de lo que esperaban tras los méritos de lucha realizados a lo largo del franquismo. Los partidos nacionalistas, vascos y catalanes, se situaron en una posición, que con vaivenes, han mantenido, o aumentado, a lo largo de todo este tiempo. Junto a las  cabinas habilitadas para las votaciones había tantas papeletas, de partidos tan dispares, de ideologías tan diferentes, y con logos tan desconocidos, que aquello parecía una auténtica sopa de letras. La campaña oficial fue muy didáctica, dirigida a enseñar cómo se debía votar. Era lógico, porque el pueblo español no tenía experiencia.

     Para mi aquel día fue inolvidable y voté a la izquierda, como correspondía. Yo encajaba perfectamente en lo que había dicho Willy Brandt, el gran líder socialdemócrata alemán: “quien de joven no es comunista es que no tiene corazón.” Cierto que añadió: “y quien de viejo es comunista es que no tiene cabeza”. Tal vez por eso en estos cuarenta años he ido cambiando de ideas y de simpatía hacia los diversos partidos. En estos cuarenta años he votado a los comunistas, a los socialistas y a los populares. Siempre dependiendo del momento y de los líderes que encabezaban las listas electorales. Me gusta cuando se juntan elecciones generales y municipales, o autonómicas y europeas, porque al haber más opciones es más fácil dejar tranquila la conciencia. No he sido nunca unidireccional, como esas personas que lo tienen tan claro: siempre socialistas, o siempre, populares, o siempre comunistas o semejantes. No. No es que cambie de ideas: es que me gusta que las ideas vayan pegadas a la realidad de cada momento. Y a los responsables políticos que las defienden. ¿Es que es lo mismo Felipe González que Pedro Sánchez, por ejemplo? ¿Ha vuelto a tener el centro derecha, o la derecha centrada, un líder como Adolfo Suárez? ¿Acaso se le pueden asemejar Aznar o Rajoy? ¿Debemos comparar a Carrillo, Anguita, Llamazares con Pablo Iglesias?

    También creo que las personas, con sus ideas, deben evolucionar, sin perder la esencia. En estos cuarenta años he podido comprobar siempre que en política nada es completamente negro ni completamente  blanco: que hay muchos grises, y matices, y flecos, y situaciones y circunstancias. Acertar depende mucho de la valoración equilibrada de todos esos elementos a la hora de meter el voto en la urna. Pero por educación, por extracción social, por sensibilidad personal, por influencia intelectual y por muchas cosas más siempre pediré de los políticos sentido general de Estado, inteligencia y preparación para ejercer el cargo, preocupación social - especialmente por los más débiles –, honradez y entrega a la causa.

     Los políticos son necesarios. Alguien de nosotros tiene que estar al frente de los asuntos de todos. Eso debemos valorarlo. Y reconocer como se merecen aquellos políticos que trabajan desde la buena fe, desde la voluntad por contribuir a mejorar la sociedad. A estos políticos los necesitamos. De la misma manera que debemos desechar a los que se benefician de la política y llegan a ella como medio para ganarse la vida. Estos son peligrosos y dañinos.

    Los políticos de todos los partidos, de todas las ideas, se merecen en democracia el mismo respeto de principio. También debemos respetar las leyes, y entre ellas la principal: la Constitución de 1978. Nada se puede ni debe hacer sin su consentimiento. Eso debemos asumirlo todos, y muy especialmente los independentistas catalanes. Valoro positivamente el papel de la Monarquía, recogida en esa Constitución. Y la labor llevada a cabo por el Rey Juan Carlos y Felipe VI. Estos cuarenta años, en una parte muy importante, han contribuido ellos, sobre todo Don Juan Carlos. Mi cabeza no está de acuerdo desde la razón con la idea monárquica, más propia de otros tiempos, pero la realidad ha demostrado que a España le conviene, por lo menos hasta ahora. Los socialistas han sido muy prácticos en este tema, por encima de la puridad de sus ideas, al igual que otras  fuerzas políticas, que también han sabido estar a la altura en este asunto de Estado.   

     A los políticos por sus obras les conocemos. Después de cuarenta años los españoles ya sabemos qué es la democracia y por la forma de andar distinguimos quién es cojo. Ya dominamos los recovecos y los intríngulis. Ya distinguimos a cínicos y maquiavélicos. Ya oteamos con clarividencia  donde está la verdad y la mentira. En definitiva: ya sabemos qué se pajarea.