Jueves, 17 de agosto de 2017

El oficio de oyente en la era digital

Entre las múltiples que titulaciones que se les ofrecen a los estudiantes cuando terminan la selectividad no hay ninguna que los capacite para el oficio de “oyente”. Tampoco hay un colegio profesional que cuide del que parece ser uno de los oficios con más futuro de la era digital. Falta saber si esta ocupación dará para ganarse la vida de una manera decente porque aún no sabemos de nadie que haya colocado una placa en la puerta de su casa anunciando: “Juan García. Oyente profesional. Colegiado número: 1234. Horario: mañanas de 10 a 14, tardes de 17 a 19”.

No se sorprenda el lector porque todo llegará. De hecho, este año en Valencia hemos abierto en el Centro Arrupe un “Centro de Escucha”. Lleva el nombre de “Centro de Escucha San Camilo” por tratarse de una iniciativa conjunta entre los jesuitas y los religiosos Camilos. Apoyada por el Centro de Humanización de la Salud que tienen estos religiosos en Tres Cantos (Madrid) y el Centro Arrupe de Valencia, esta iniciativa de J. C. Bermejo e Ignacio Dinnbier se ha materializado después de dos años en los que un buen grupo de voluntarios se ha formado como “oyentes”.

Ahora me dirán ustedes que si son voluntarios quienes ejercerán de “oyentes” no tendríamos que hablar de “oficio” sino de “actividad altruista”. Quizá tengan razón porque ninguno de los voluntarios que prestan sus servicios se gana la vida como oyente. Dirán, incluso, que se han entrenado sin ninguna intencionalidad pecuniaria o lucrativa porque lo han planteado como actividad caritativa o benévola con las que hacer sencilla y llanamente algo por los demás. En lugar de apuntarse en los grupos de 15M, administrar su indignación implicándose con los grupos que piden Democracia-Real-Ya y gestionar la revolución pendiente, han decidido oficiar como escuchas.

Hace más de un siglo, los primeros profesionales que aplicaron los datos de las ciencias para estudiar la acción, la conducta o la mente humana no imaginaban que terminarían como psicólogos “profesionales”, con su colegio profesional, sus códigos deontológicos y sus cuotas mensuales. Y qué decir de otros oficios que hasta hace dos días no existían y serán los primeros puestos de trabajo que ocupen muchos de nuestros hijos como orientadores, trabajadores sociales, educadores sociales, mediadores o “técnicos en igualdad de género”. Tendremos que acostumbrarnos a estos nuevos oficios y quizá entre ellos, dentro de unos años, destacará con luz propia el de “oyente”.

En el último capítulo de su libro “La expulsión de lo distinto”, el filósofo alemán de origen coreano Byung-Chul Han, afirma: “En el futuro habrá, posiblemente, una profesión que se llamará “oyente””. El capítulo lleva por título “Escuchar” y en él analiza lo que podrían ser las características de quienes quieran desempeñar este oficio. Las enumero brevemente para que no pierdan detalle:

  1. Escuchar no es un acto pasivo, sino una actividad humana que consiste en dar la bienvenida al otro, es decir, afirmar al otro en su alteridad.
  2. Escuchar es un prestar, un dar y, por tanto, un don. La escucha antecede al habla. Escuchar es lo único que hace que el otro hable.
  3. Escuchar es una invitación a que el otro hable, liberándolo para su alteridad. El oyente actúa de caja de resonancia en la que el otro “se libera hablando”. Por eso escuchar no sólo tiene una función terapéutica sino salutífera, es decir, generadora de salud.
  4. Debemos distinguir entre un silencio analítico y un silencio hospitalario. Mientras que el primero consiste en tomar nota de lo que el otro dice para no perder nada de sus expresiones, el segundo consiste acoger cada una de las expresiones del otro. Escuchar no es solo oir atentamente sino acoger hospitalaria y ceremoniosamente al otro cuando nos habla.
  5. La acogida hospitalaria debe tener el ritmo del arte respiratorio, se trata de albergar y proteger al otro. El oyente no se anexiona al otro sino que se vacía para custodiarlo.
  6. La actitud más propia del oyente es la paciencia. La pasividad de la paciencia es la primera máxima de la escucha.
  7. Escuchar es ponerse a merced del otro, por eso “Quedar a merced” es una expresión que resume bien otra máxima de la escucha.
  8. Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en intercambio más o menos acelerado de información, no hay relación, tan solo conexión.
  9. Estamos conectados con mucha gente a través de las redes pero nos relacionamos cada vez con menos profundidad. Hay conexión pero no hay cercanía, ni autenticidad, ni vecindad.
  10. Sin vecindad, relación y escucha no hay comunidad. La verdadera comunidad de comunicación no es aquella donde todos hablan, todos intercambian expresiones y todos están conectados. La verdadera comunidad sanadora de comunicación es aquella que son capaces de formar el conjunto de oyentes.

Ahora cada lector debería leer con cuidado estos puntos y, si tiene hijos o esposa, preguntarse en algún momento si estos otros familiares y más próximos tienen razón, o no, cuando dicen: “…¡Es que no me escuchas”!