Martes, 24 de octubre de 2017

El salmantino Juan del Álamo abre la puerta grande de Las Ventas

El diestro charro firmaba dos actuaciones de verdad y entrega con las que lograba sendas orejas, la primera con dos vueltas al ruedo incluidas

Puerta grande para Juan del Álamo en Las Ventas. Foto: Cultoro

La Real Academia de la Lengua Española define robo como un delito que se comete apoderándose con ánimo de lucro de una cosa mueble ajena, empleándose violencia o intimidación sobre las personas, o fuerza en las cosas. El nombre propio que acomete el robo es o debería ser juzgado, y hoy Las Ventas crujió ante el atraco, el descaro, la violencia en forma de protagonismo y el rechazo al sentido común de un presidente embustero que se empeñó en ser protagonista. Que no señores, que no está la Fiesta de los toros para permitirse estos lujos de ese presidente  que se hace llamar señor y juega con el pan del débil. Pero no, le robó una oreja pero no pudo robarle la puerta de la gloria porque hoy el débil charro vino a Madrid a jugarse los muslos sin arrugarse un pellizco porque sabe que el hambre no la quiere para él.

No se arrugó cuando salió hondo el tercero de Alcurrucén que se lo pasó muy cerca en las verónicas después de hacerlo romper hacia adelante. Rodilla en tierra templó las telas, se la ponía baja, cadencia al natural. Suavidad con la diestra en series de hondura y temple. Madrid con él y la muleta siempre puesta. Mucha fijeza la del toro y bravo el de Alcurrucén que enloqueció a riendas del valor sereno del salmantino que lo mató de estocada entera para que ese bravo animal cayera sin puntilla. A sus pies Madrid, brotó la afición para puntuar y pidió con fuerza la segunda pero era el turno del palco que se aferró al empeño de mostrar lo mal aficionado que es negándola. Pero no, hoy Juan no iba a ser el blanco fácil que ese señor quería, y recibió al cierraplaza con la raza, la verdad y la entrega de quién tiene todo por ganar, y lo ganó.

Volvió a no arrugarse Juan cuando este también se le frenó de salida. Fue mansurrón el de Alcurrucén pero fue Juan a por lo que Madrid le debía. Se la jugó de verdad. Un toro exigente de embestida descompuesta que se la vio de frente con un charro enrazado que se la dió a media altura recogiendo las embestidas y con la firmeza que esta plaza reclama, el mismo coso que enloqueció cuando volvió a matar de estocada entera y sabía que otro loco saldría hoy en volandas caminito de Alcalá con el alma rota y el corazón ardiendo sentenciando que no, que ese blanco y oro no iba a ser hoy el blanco fácil.


FICHA DEL FESTEJO

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid. Feria de San Isidro, vigésima novena de abono. Dos tercios de entrada.

Cinco toros de Alcurrucén y uno de El Cortijillo, de correcta presencia y buena hechura. Reservón y sin entrega el primero; mansurrón y noble el manejable segundo sin raza; con fijeza, temple y clase el buen tercero; de gran fijeza, transmisión y codicia el gran cuarto, aplaudido; desentendido y pasador el insulso quinto; desentendido, reservón y sin entrega el sexto.
 
El Cid (marino y oro): silencio y ovación.

Joselito Adame (verde hoja seca y oro): silencio y silencio tras aviso.

Juan del Álamo (blanco y oro): oreja con dos vueltas al ruedo y  oreja.