Miércoles, 22 de noviembre de 2017
Ciudad Rodrigo al día

La memoria de los ‘desterrados’ republicanos en el SO de Salamanca: Martiago y aledaños

En este capítulo se habla de Martiago, El Sahugo y Herguijuela de Ciudad Rodrigo

En el campo de Agadones no consta que hubiera tentativas de oposición al iniciarse el Movimiento, pero se daban con anterioridad  los mismos contrastes sociales que en otros lugares entre labradores y jornaleros sin tierra. Donde no había latifundios de absentistas, los aspirantes a colonos insistían en el reparto de bienes comunales. Era el caso de Martiago. Como en los cercanos pueblos de Robleda y Fuenteguinaldo, allí se trató de roturar la dehesa boyal y se produjeron ocupaciones similares a las de otras localidades (Iglesias 2016: IV. 3.2). Sin embargo, los vecinos martiagueses no sufrieron una represión tan sistemática e intensa. Quizá en ello influyera la circunstancia de que los milicianos fascistas locales fueron pronto incorporados al frente de guerra. De hecho el necrologio de Martiago se reduce a tres o cuatro víctimas mortales identificadas, una directa identificada y dos indirectas (“Croniquillas”, 11/08/16), a las que se añadiría otra dudosa. Esta última sería un hombre, cuya identidad nominal ha sido vagamente revelada por los informantes (“tio Claudio”). Habría sido asesinado en la misma plaza del pueblo y a la vista del público, con intervención de un falangista de nombre conocido (CR 2012). Según información reciente (M 2017), efectivamente, en la actual Plaza de la Constitución y por aquella época se produjo la muerte de un guarda municipal (“al parecer estuvo desangrándose toda la noche sin que nadie le ayudara”), a consecuencia de una multa por corta de leña. Sería otra víctima indirecta de la represión. Tiene descendientes en el pueblo, algún hijo, nietos y sobrinos nietos.

La víctima elegida fue precisamente la persona considerada promotora de la ocupación de la citada dehesa, Cipriano Hernández Vegas, presidente de la Sociedad Obrera, que había  sorteado parcelas sin autorización el 5 de abril de 1936. Según informantes de El Sahugo y de Martiago fue detenido en su domicilio, donde estaba enfermo, con fiebres de malta, escondido en el sobrado. Su mujer, engañada, lo fue a llamar, y él se presentó, ocultamente armado. Lo subieron al camión y, aun estando atado, disparó contra uno de sus captores llamado “el Boticario” y le dio a otro de los sicarios, pero no mató a ninguno. A él lo sacaron para un paraje despoblado, cerca de Vadocarros, en el término de El Bodón, en cuyo cementerio fue enterrado su cadáver (Iglesias 2008a).

En pueblos vecinos e incluso en Martiago confunden a esta persona con el autor de un famoso crimen pasional, que, según las coplas divulgadas, se llamaba “Cepriano Méndez” (cf. Cécile y Ángel Iglesias, Romances y coplas de El Rebollar, Salamanca, Centro de Estudios Salmantinos, 1998, pp. 269-271). La documentación de archivo, debido a que faltan varios libros de actas del ayuntamiento, no ayuda a resolver el enigma. Según el antiguo secretario del Ayuntamiento, este crimen se produjo antes, en los años veinte, y este Cipriano Hernández no es el Cipriano de la copla (M 09/09/2008), pues por entonces quizá residiría en Francia, donde en 1927 se comprueba que tuvo al menos uno de sus hijos con Cristina Durán, su esposa (infra). Después regresaría y, quizá debido a su brega sindical o tal vez por su solidaridad con los sucesos de Asturias en 1934, estaría detenido en la prisión de Ciudad Rodrigo, pues la informante robledana Mª Antonia Ovejero afirmaba que su primer marido (José Mateos García) por aquellos años había compartido con Cipriano una breve detención, a causa de una reyerta. También se contaba que había quedado tuerto en un intento de suicidio, lo cual parece clara amalgama con el caso de la segunda víctima de crimen pasional. Añade  dicho informante (y esto sí se confirma en el archivo municipal de Martiago) que durante la guerra civil María Calvo Sánchez fue asesinada (15/08/1937) por Juan Francisco Vicente Manchado, antiguo novio y ex soldado inútil para el servicio, de nuevo pretendiente de María. El homicida trató de suicidarse y de esta tentativa quedó tuerto y malherido (según él mismo declaró habría sido golpeado en el suelo por familiares de su víctima); finalmente murió (12/07/38) en el Hospital Provincial (C.1285/37).

De un informe de la policía mirobrigense (17/09/1941) sobre la viuda de Cipriano Hernández, Cristina Durán Sánchez, se deduce que había dejado dos hijos menores (AMCR: legajo 458), que residían con ella en Ciudad Rodrigo. Estos últimos emigraron a Barcelona (M 2010), pero seguramente con anterioridad uno de ellos estuvo detenido en la cárcel de Salamanca entre el 16 y 30 de junio de 1948. Se llamaba Cipriano Hernández Durán. Como tantos otros hijos de represaliados, había nacido en Francia (París), tenía 21 años, era jornalero, estaba soltero y residía en Ciudad Rodrigo. Su ficha carcelaria no especifica el presunto delito que hubiera cometido y estaba a disposición del Gobernador Civil de la Provincia, que también daría la orden de su puesta en libertad (FCS). En la actualidad no se tienen noticias de esta familia en Martiago, donde Cipriano (padre) tiene tres sobrinos nietos (M 2017).

Natural de Martiago era Maximiano Vallejo Casado, estudiante y afiliado a las Juventudes Socialistas Unificadas, con residencia en Salamanca. Trató de evitar la represión en la capital provincial mediante una fuga a su lugar de nacimiento, que se traduciría en una saca fallida en el Risco de Martiago (puente sobre el río Águeda), antes de ser procesado con otros 25 vecinos de Salamanca (P.Sum.512/36), en cuyo consejo de guerra (28/11/36) fue condenado a 30 años de prisión, en parte cumplidos en la prisión de Burgos. Sus descendientes directos residen en Salamanca, aunque no están desarraigados de Martiago. Tenía un hermano menor, José Martín Vallejo Casado, también afiliado a las JSU, igualmente represaliado, como lo serían otros vecinos o naturales martiagueses de quienes se ignoran las vicisitudes de su entorno familiar. Lo mismo cabe de decir del maestro Elisardo Suárez Serrano, depurado.  

En El Sahugo y La Herguijuela de Ciudad Rodrigo, localidades cercanas a Martiago, también hubo una represión considerable, aunque solamente en esta última se registra una víctima mortal entre su vecindario. Se ignoran las razones exactas de la saca de Simón Barbero Merino, aunque están relacionadas con los trabajos que se efectuaban en La Malena (carretera de El Sahugo a Descargamaría), donde fue detenido probablemente en las primeras semanas del Alzamiento y asesinado en la finca de Valdespino [de Arriba], donde habría sido enterrado su cadáver con los de otras víctimas en agosto de 1936. Estaba casado con Florencia Aparicio Merino, con quien tenía un hijo (Gonzalo); el matrimonio criaba también dos  hospicianos (Josefa y Carlos “el Caqui”). Su hija  adoptiva Josefa haría gestiones ante el cura de Carpio de Azaba para que los restos de su padre adoptivo fueran llevados al cementerio de este pueblo, lo que está por comprobar  (“Croniquilla”, 06/08/16). Estas personas debieron de emigrar, sin constancia del destino. Simón también tiene descendientes en La Herguijuela, donde vivía una hermana y sobrinos, pero otros emigrarían al Norte. Según su sobrino Esteban Mateos Barbero, Simón era vaquero, analfabeto, a diferencia de su esposa, mujer instruida; lo mataron porque era de izquierda y por envidia; fue denunciado quizá por temor a represalias, gente moza de su propia familia que, sirviéndose de una garrocha, le había robado los chorizos que tenía colgados en la sala de su casa, junto a la iglesia (LHCR 2008a).

En esta u otras detenciones en las que intervenían milicianos fascistas y guardias civiles de Descargamaría (Cáceres), según Juan Iglesias (R 1973, R 1976), consiguió fugarse un tal Agapito, quien se escapó de la cárcel, huyó a Portugal y posteriormente volvió, antes de emigrar a San Sebastián. Aunque esta información parece fragmentaria e imprecisa, queda confirmada en la investigación de Carlos Ramos Muñoz (Represaliados sin causa, 2010). Agapito Sanz Hernández, hijo de resineros, estaba casado con Amada Muñoz García (1932), natural de Buenamadre. Tenía, pues, veinticinco años en 1936, cuando, por exigir trabajo en el tramo de La Malena de la citada carretera, fue detenido por Demetrio Martín García, el jefe de Falange de  Descargamaría. En la conducción al pueblo estuvo a punto de ser fusilado,  de lo que se libró gracias a la decidida intervención de Alfonso García Roldán, dueño del camión que habitualmente transportaba el carbón vegetal (cepa de brezo), preparado en los montes. Después estuvo detenido de modo intermitente en la cárcel local, hasta que aceptó un alistamiento engañoso de izquierdistas, con el doble señuelo de que salvaría la vida y se le entregaría una peseta diaria a su esposa. Fue destinado a un regimiento de Cáceres. Se evadió para el Ejército de la República (1937). Al término de la guerra, pasando por la casa familiar en Garcirrey y después por Ituero de Azaba, consiguió evadirse a Portugal. Su esposa también pasó poco después la frontera por Fuentes de Oñoro. En 1949 fue denunciado y deportado a España, donde sería encarcelado y procesado, aunque la causa sería sobreseída. Volvió a Buenamadre y Garcirrey, tratando después de conseguir algún trabajo en Villasrubias, pero finalmente emigró a San Sebastián, en el País Vasco, adonde emigraría el núcleo familiar. Agapito murió en 1968 en el hospital de tuberculosos de Amara.

En este contexto de persecuciones en la Sierra de Gata, pero ya con motivo de la lucha y represión de la guerrilla de Extremadura, se inserta la muerte de Celestino Martín, otro vecino de Descargamaría que había sido sargento del Ejército. Acusado de formar parte de los guerrilleros (“bandoleros” para los represores), fue abatido por la Guardia Civil en el término del pueblo. Al parecer, con motivo de la guerrilla extremeña fueron molestados enlaces de Agallas y Vegas de Domingo Rey (M 2107). 

La represión en El Sahugo quizá estuviera motivada por el asentamiento de 28 colonos en el cuarto de Navacartas de la dehesa de Posadillas, perteneciente a Carlos Bernaldo de Quirós. Uno de ellos era Juan Iglesias Muñoz, que sería sacado en agosto con otros dos vecinos, Ventura Manchado y Gabriel “del Carretero”, que serían perseguidos por otros motivos, pues eran mozos solteros y, por ello, no habrían figurado como cabezas de familia beneficiarios de parcelas. Juan Iglesias enviudó durante la guerra y en 1941 se casó en segundad nupcias con Mª Antonia Ovejero, también viuda (de José Mateos García, sacado), vecina de Robleda. Allí vivió y murió (detalles en Iglesias 2016: cap. I). De Ventura y Gabriel no se tiene hasta ahora el menor rastro. Otras personas fueron molestadas o amenazadas, como Manuel “Marquitos”, a quien se le disparó una pistola al entregarla en casa del Emeterio Martín, el jefe de Falange (ES 2008). Un hijo del pueblo fue víctima de una saca carcelaria de Salamanca, cuando cumplía condena después de ser procesado con algunos cargos municipales de Ciudad Rodrigo, responsables políticos y sindicales (J.Sum.265/36). Se llamaba Emilio Calvo Vallejo, soltero. Desde 1914 residía en la Ciudad con sus padres, que probablemente habrían muerto en 1943, cuando el juez militar encargado de la aplicación de penas hizo pesquisas para dar con su paradero. En El Sahugo residía familia cercana, tíos y primos carnales, que no tenían noticias de Emilio, pero por ellos se supo que tenía hermanos avecindados en Ciudad Rodrigo  (“Croniquillas”, 10/11/16).