Domingo, 24 de septiembre de 2017

Añoranzas

Las cuadrillas de pescadores, el día antes de la apertura, era sábado, cargados con todos los archiperres, costeras, reteles, cañas, cebos y viandas para aguantar el día

Añoranzas de tiempos aquellos en los que la apertura de las vedas de las distintas especies de peces y cangrejos era el motivo de nuestros desvelos y noches sin dormir, esperando la llegada de un nuevo día y con el clarear del amanecer echar nuestras artes y señuelos en busca de truchas, salmones –tanto el salmón salar como el salmón hucho hucho– y, cómo no, de los cangrejos

Nos afanábamos preparando cañas y carretes, hilos boyas y anzuelos, y montando moscas y ninfas; repasando los reteles y horquillas, haciendo nuevas lamparillas, boyas de corcho y las cuerdas para coser la red de los reteles; cambio de los muelles y aguja que sujetan el cebo; preparar los cebos, el hígado de cerdo, ternera o menudos de pollo, trozos de pescado, carne de caballo y todo un mundo de secretos que utilizábamos.

Las cuadrillas de pescadores, el día antes de la apertura, era sábado, cargados con todos los archiperres, costeras, reteles, cañas, cebos y viandas para aguantar el día, pasábamos la noche al lado del río, preparando todo para con las primeras luces del día echar los reteles en el tramo que habíamos elegido, riberas, ‘cahozos’ y regatos se llenaban de ilusionados pescadores en busca de los peces y cangrejos. Para hacer más agradable la jornada entre cigarro y cigarro, pinta de vino peleón de la bota.

También se pescaba con las cañas para intentar conseguir alguna tenca, sarda o bermeja, carpas o barbos, que –por cierto– en Salamanca tenemos una calle en honor a los pescadores que vivían de la pesca de las bermejas o sardas, es la calle Bermejeros. Desgraciadamente de todo esto ya no queda nada, ni cangrejos, ni sardas, ni gallegos o cachos, colmillejas y jaramugos han desaparecido prácticamente de nuestras aguas sin que nadie pusiera algún remedio para recuperar las especies que eran y son patrimonio de todos.

Tan solo se miró un poco por la trucha, el resto de especies han ido desapareciendo en los últimos años, desde el gigantesco esturión, que yo personalmente tuve la suerte de verlo capturar, en aguas de los ríos Duero, Águeda y Huebra, hasta los más pequeños como el fraile y la gambusia, a pesar de que este pez era importado.

También vivían las sanguijuelas, coco verde, canutillos, cangrejillas, gusarapas y otros seres vivos. ¡Qué tiempos en los que con la gusanera de esparto y la redecilla nos desplazábamos al río a buscar el cebo con los que pescar!

Lo que sí es cierto es que a pesar de los tiempos y leyes de cambio que nos está tocando vivir, nada ni nadie nos puede quitar la ilusión de ver el amanecer a la orilla de los ríos con una caña o un retel, y que cuando llegue el ocaso del día podamos contar a nuestros familiares y amigos cómo hemos disfrutado y compartido una agradable jornada a la sombra de sauces y chopos. Prefiero un mal día de pesca antes que un buen día de trabajo. Buena pesca.

Por José Ignacio Hernández