Domingo, 17 de diciembre de 2017

Demasiado pronto para ser historia

Y yo cómo te lo explico. Si la visión de ese tipo al que han detenido por quedarse dormido al volante la noche de un lunes en Florida te asusta y te impide dormir, si has permanecido cinco minutos abrazado a tu madre después de que en el informativo se hicieran eco de su detención y has sido incapaz de terminarte el yogur con sabor a limón –tu favorito–, al que apenas le quedaban cuatro cucharadas. “Qué es eso que le cuelga de los ojos”, preguntas, “a cuántos hombres ha matado”, pronuncias con voz temblorosa, pero sin atisbo de turbación en el rostro. Con la inocencia de quien no sabe qué es el golf ni, por supuesto, quién fue su máximo representante y embajador hasta hace menos de una década.

 

Tiger Woods. “¿Tigre? ¿Por qué?” Déjame seguir, anda. Uno de los dos mejores golfistas de todos los tiempos, un niño prodigio que a los tres años ya pisaba platós de televisión y a los veintiuno recién cumplidos ganaba el Masters de Augusta. El jugador al que todos temían por su capacidad de intimidación, su potencia desde el tee y su precisión con los hierros; por la finura con la que embocaba un putt tras otro en los greenes, como aquella vez que venció por quince golpes en el US Open de Pebble Beach. El deportista mejor pagado del planeta por delante de pilotos de Fórmula 1 como Michael Schumacher o futbolistas de la talla de Zinedine Zidane.

 

No sabes que es el golf, pero igualmente no me crees. Piensas que deliro, que solo soy un señor demente incapaz de analizar en profundidad la fotografía de ese divorciado con claros signos de envejecimiento prematuro y un notable déficit de sueño del que desconoces por qué acapara portadas y titulares en los medios de comunicación. Tienes motivos para ser escéptico, desde luego, pues lleva tiempo sin encadenar dos participaciones consecutivas en torneos después de enlazar varias lesiones en espalda y rodilla como importe de todas las facturas que su cuerpo ha ido acumulando. Lo que es peor, aún acarrea el dolor moral de haber sido descubierto adúltero por su mujer y todo un país como Estados Unidos, estandarte del puritanismo y valedor de una ética muy férrea en todo lo relacionado a la institución del matrimonio.

 

Pero te pongo un vídeo y entonces alucinas. Te empieza a dar igual desconocer las reglas de un deporte tan extraño y pasas por alto el hecho de que la mayoría de las imágenes fueran grabadas antes de que tú nacieras. Si acaso dudas de que ese chico negro con caracteres inconfundiblemente asiáticos sea el mismo de la noticia, aunque comparten tantos rasgos que terminas por convencerte. Entonces me buscas con la mirada y asientes con la cabeza. Ahora ya sabes quién es Tiger Woods, Tiger como homenaje a un miembro del ejército que salvó la vida de su padre en Vietnam al que llamaban así. Ahora te toca a ti encontrar la manera de convencer a tus compañeros, contarles quién fue ese hombre al que los medios han retratado como un muerto viviente en una labor que, desgraciadamente, se parece más a la de un historiador que a la de un cronista.