Miércoles, 20 de septiembre de 2017
Ciudad Rodrigo al día

El circo de matricularse en la Escuela de Música

La Escuela de Música ha dejado fuera a casi más niños de los que ha admitido, por no hablar de la gente que ni se ha enterado de que se abría el plazo de matrícula

Es verdad que es muy difícil comprender según qué asuntos hasta que uno no se ve en la tesitura, pero se supone, se supone, por favor, que el timón de Ciudad Rodrigo lo dirige gente preparada. Músicos y padres, que es lo que nos toca ahora, cuya empatía debiese ser tan natural como sacudirse de encima la pereza una vez se salta de la cama.

La Escuela Municipal de Música ha dejado fuera a casi más niños de los que ha admitido, por no hablar de la gente que, como yo, ni se ha enterado de que se abría el plazo de matrícula. De hecho, si uno va a la web de la Escuela, no encuentra en parte ninguna las fechas de inscripción o las bases, por ejemplo. No se cuenta que la admisión es más propia de trileros que de cabales. ¿Por sorteo? Sí, por sorteo. Hay quien, teniendo dos hijos de la misma edad, ha conseguido una sola plaza en la tómbola filarmónica. ¿A cuál de los dos le dará la oportunidad? También se encuentra gente cuyo hijo lleva tocando la batería —a su modo— desde los dos años, pero no puede contribuir para ver si es esa su gran pasión o si es realmente para lo que sirve.

Así se capa el destino de la sangre, justificándose con excusas nimias como carecer de instalaciones adecuadas, imposibilidad de doblar instrumentos, o barullo de revisar presupuestos. Instalaciones hay de sobra, los instrumentos pueden ser utilizados por dos clases en diferentes horarios como se ha hecho toda la vida con los pupitres y con las pizarras, y el balance de presupuestos es cuestión de prioridades.

Valorando de antemano todo lo que se hace en pro de la juventud mirobrigense, y obviando lo que se depara a los que tenemos más de 35, en Ciudad Rodrigo están de moda las atenciones a la adolescencia. Lo que habría que mirar con lupa es el sinsentido de pretender agarrar a un chaval que no ha tenido oportunidades siendo niño. ¿Cómo le va a gustar la música, en este caso, si no se le inculca desde pequeño?

Independientemente de lo objetivo y cabal que sea sacar una bola de una saca para adjudicar catorce plazas en una ciudad en la que hay cerca de noventa niños que entran en el rango de edad de Iniciación I, los que se han quedado fuera y a los que no ha llegado la información, no podrán aprender música durante los próximos cuatro años. Las plazas ya están cogidas.

Por cierto que en la comarca también hay chiquillos.