Miércoles, 22 de noviembre de 2017
Ciudad Rodrigo al día

La memoria de los ‘desterrados’ republicanos en el SO de Salamanca: Fuenteguinaldo

El primer vecino sacrificado (14/08/36) fue Esteban Carreño Tendero, teniente de alcalde, casado con Juana Santos Castaño

La matanza de vecinos en Fuenteguinaldo (08/10/36) difícilmente podría borrarse en la memoria local, sin que por ello resulte tarea fácil el seguimiento de las crueles consecuencias de aquellas feroces represalias de 1936. Éstas se debieron sobre todo a los intentos de oponerse al Movimiento por parte de las autoridades municipales y de los jornaleros sindicados (19/07/36), aunque la simple sospecha de apoyos por otras categorías de vecinos también fueron objeto de la “limpieza política” durante la guerra. En total la represión alcanzó a una treintena de guinaldeses (“Croniquillas”, 08/10/16). Para los forasteros asesinados en el término de Fuenteguinaldo se remite a lo ya dicho en La represión franquista (Iglesias 2016: III. 6.1, y apéndices: I.1).

La redada del día 7 octubre de 1936 y la saca carcelaria consiguiente en Ciudad Rodrigo se ha transmitido en la memoria local y, en términos generales, se confirma en la documentación de archivo. Así se comprueba que de la veintena de personas detenidas (incluido un vecino de Casillas de Flores) escaparon a la muerte tres guinaldeses (Iglesias 2016: VI. 1.3.5). Esto daría pie a rumores sobre otros posibles fugados, entre ellos Nicolás Marcos Morán (infra): “Dicen que al padre de Ludivina Marcos, de Fuenteguinaldo, que lo han visto vivo después de la guerra, que lo vio un falangista” (EB 2006). No se debe excluir que este tipo de bulos fuera lanzado por los mismos represores, como parte de su estrategia de ocultación e impunidad. En realidad, Nicolás ya estaba en la cárcel de Ciudad Rodrigo (24/08/1936) cuando ingresaron sus convecinos y fue sacado la misma noche, aunque en otro grupo. En cambio, son ciertas otras emboscaduras y huidas, como en el mes de agosto la de Francisco Sánchez Álvarez en la dehesa del Potril, procesado en 1937 (infra), y la del carretero José Manuel Sánchez Sánchez en Robleda, de donde fue sacado (“Secuelas”, 04/05/17). Represaliado y finalmente emigrado a Francia, fue el procurador síndico, de nombre Marciano Blanco Morán, conocido por “tio Blanquiño”, quien inicialmente también se emboscó y fue buscado en El Potril, pero estaba armado y esto quizá disuadiera a sus perseguidores (FG 2007b).

También existen relatos diversos sobre desaparecidos y exiliados, ya con tintes de leyenda popular, entre los que se cuenta al “maestro Severino” (FG 2005), o “Severino Morán”, hijo de otro vecino del mismo nombre, “el maestro Severino Morán” que menciona el médico Luis de Dios (infra) y no habría que confundir con un tercer referente llamado Severino Baz Morán, que fue concejal en la corporación designada por los militares (AMFG, act. ses. 22/07/36). Es muy probable que el relato sobre el personaje del “maestro Severino” se construya con datos confusos de dos familiares homónimos, pues una parte de su odisea personal ya es posterior a la guerra. Según el relato oral,  “Severino Morán” (hijo) tendría dieciséis o diecisiete años en 1936. Era entonces muy radical. Luego se adaptó a la situación, ingresó en el ejército franquista y llegó a comandante. Estando de guarnición en Jaca abandonó a su batallón, pasó los Pirineos, se hizo comunista y tuvo contactos con Carrillo y la Pasionaria. Esto, es de suponer, se produciría en el contexto de la fallida invasión de los maquis (1945). Tendría que exiliarse en el Brasil, de donde regresó por Portugal y se presentó en Fuenteguinaldo. Se libró del procedimiento sumarísimo haciéndose monje cartujo, quizá en Miraflores (Burgos), donde estaría dos o tres años. Posteriormente estudió e hizo oposiciones de magisterio, para finalmente terminar de maestro en La Alberca, donde fundó una cooperativa para carboneros (FG 2007A). Un informante albercano confirma el magisterio al filo de los años sesenta de este personaje proteico, de zonas sombrías en su andadura personal, católico a ultranza en La Alberca y, más tarde, integrante de la lista por el Partido Comunista de España en las elecciones municipales de Valladolid.

Entre los ejecutados extrajudiciales, había un vecino soltero, cuya muerte repercutiría principalmente en sus padres y eventuales hermanos, que probablemente residirían en Mallorca, de donde era natural: Bartolomé Mateos Alonso. Sin embargo, a pesar de su juventud, casi todos los elegidos para el sacrificio estaban casados y tenían familia incluso numerosa. Su desgracia acarrearía también la de las viudas y descendientes, desamparados y culpabilizados en el pueblo y, por ello y por la penuria económica, abocados a un “exilio” interior o exterior, manifiesto sobre todo a partir de los años cincuenta con la emigración masiva, como se confirma en la información oral más reciente (FG 2017). Del desamparo de estas familias (“no tenían ropa, ni pan ni nada”), que afectaba a 13 viudas y 32 huérfanos, se tiene idea por la carta que en 1938 firmaron y enviaron al gobernador civil seis de aquéllas, interesándose por el paradero de sus maridos y pidiendo “caridad y compasión” (Iglesias 2016: VIII.5.3). Las firmantes eran: Magdalena González Morán, Eusebia Benito, Ascensión Carreño, Visitación Medina, Gumersinda Palos y Martina Flores.

El primer vecino sacrificado (14/08/36) fue Esteban Carreño Tendero, teniente de alcalde, casado con Juana Santos Castaño, padre de tres hijos (Avelino, Félix y Juan). Falleció en detención sangrienta en el mismo ayuntamiento (“Croniquilla”, 14/08/16). Su familia se desenvolvió como pudo en el pueblo, sirviendo en trabajos subalternos. Después emigrarían; en concreto Avelino se fue a Valladolid, pero Esteban también tiene familiares en Fuenteguinaldo, entre ellos un nieto.

Los otros 13 ejecutados extrajudiciales fueron sacados de la cárcel, la mayoría de ellos para un paraje aledaño del antiguo monasterio de La Caridad, junto al camino de Gazapos, donde fueron exhumados sus restos mortales y trasladados al cementerio de su vecindad en 2006.

Nicolás Marcos Morán (a) “Calderero”. Estaba casado con Trinidad Palos Hernández, de cuyo matrimonio quedaban dos hijos (Luz o Ludivina y Luis). Su fallecimiento se registró, tardíamente, en 1944 (RCFG, act def. 15/03/1944), con algunos errores en cuanto a su fecha detención. Ingresó en la cárcel del partido judicial el día 24 de agosto de 1936 y fue sacado el día ocho de octubre. Se ha especulado con la posibilidad de su enterramiento, con dos vecinos de Casilla de Flores, en una fosa de Aldeanueva de Portanobis (Castillejo de Martín Viejo), donde se practicó una exhumación en 2010 (“Croniquilla”, 16/07/16), pero los análisis no han confirmado esta hipótesis. Su hija se casó con un vecino de El Bodón y su hijo emigró a Francia en los años cincuenta, donde tiene descendientes. El mismo camino siguió también un hijo adoptado, de nombre Valero (FG 2017).

José Alfonso González. Estaba casado con Ascensión Carreño Sánchez, otra de las firmantes de la carta de 1938 (supra). De este matrimonio quedaba un hijo (Nicolás), quien, después de pasar en el pueblo su juventud, se trasladaría a la ciudad de Salamanca.

Agapito Carreño González. Estaba casado con Gumersinda Palos Salvador, también de las viudas que firmaron la carta de 1938 (supra), y sería cuñado de Juan Valiente Salvador (infra), pues llevaba los mismos apellidos que la esposa de éste. De su matrimonio quedaban dos hijos (Juan y Miguel). El secretario Cipriano Ferreira, que era de los que habían participado en las denuncias y formación de expedientes, declaró que este vecino y Nicolás Sánchez (supra) habían sido detenidos por la Guardia Civil y “en noviembre de 1936 no habían vuelto por el pueblo” (C.84/38: f. 27), una cruel ironía, si se tiene en cuenta que por entonces ya se sabía que habían sido víctimas de una saca carcelaria. Sus hijos emigraron a Francia.

Ramón Castaño Durán. Su muerte se registró tardíamente (RCFG, act. def. 28/04/1944). Estaba casado con Mariana Plaza Martín, de cuyo matrimonio quedaban tres hijos (Manuel, Alfonso y Esperanza), que emigraron a Francia.

León Pacífico Flores Aldehuelo. Su defunción se registró en fecha tardía  (RCFG, act. def. 29/04/1944). Estaba casado con Cristina Martín Hernández, con quien tenía cinco hijos (Coronada, Ramona, Luisa, Rosalía y Esteban). La hija mayor, Coronada, permaneció en el pueblo y los otros miembros de la fratría emigraron, dentro de la Península: Ramona a Asturias, Luisa al País Vasco, Rosalía a Trujillo y Esteban a Madrid.

León Herrero Galán. Su defunción fue registrada fuera de fecha (RCFG, act. def. 03/06/1940). Estaba casado con Martina Flores Aldehuelo, que fue una de las viudas que firmaron la carta de 1938 (supra), y debía de ser cuñado de León Pacífico Flores (supra), pues su esposa lleva los mismos apellidos que éste. De dicho matrimonio quedaban cuatro hijos (Emilia, Demetrio, Joaquina e Hilario). Todos ellos emigraron: Emilia y Demetrio a Francia, Joaquina a Valladolid e Hilario al País Vasco. Este último ha trasmitido el testimonio de la madre (informe, 2004).

Matías Mendo Mateos. Su defunción se registró cuatro años más tarde (RCFG, act. def. 12/09/1940). Estaba casado con Petronila Sánchez Corral, de cuyo matrimonio quedaban dos hijos (Matías y Antonio). Éstos emigraron: uno fue militar en las ciudades de África y el otro se asentó en Barcelona.

Simón Moreiro Herrero. Su defunción se registró cuatro años más tarde (RCFG, act. def. 03/10/1940). Estaba casado con Visitación Medina Vicente, una de las viudas que firmaron la carta de 1938 y en 1979 promovió un expediente para que se le reconocieran los derechos que como tal le correspondían (Viudas, AMCR). De este matrimonio quedaban dos hijos (Dionisio y Ángeles), que acompañarían a Visitación cuando se fuera a vivir en Ciudad Rodrigo.

Valentín Rodolfo, expósito. Su defunción se registró ocho años más tarde (RCFG, act. def. 28/04/1940). Estaba casado en segundas nupcias con Eusebia Corral López, de cuyo matrimonio quedaban tres hijos (Emiliana, Laureano y Josefa), que debieron de permanecer en el pueblo. Emiliana Rodolfo, que fue ella misma testigo de la detención de su padre, ha transmitido el testimonio familiar (informe, 2003).

Nicolás Sánchez Martín. Su defunción se registró tres años más tarde (RCFG, act. def. 06/12/1939). Estaba casado con Magdalena González Morán, firmante de la carta de 1938 (supra). De este matrimonio quedaba un hijo (Dionisio), que fue empleado en una empresa de transporte de Ciudad Rodrigo.

Evaristo José Sánchez Pérez. Su fallecimiento se registró al cabo de cuatro años (RCFG, act. def. 14/10/1940). Estaba casado con Manuela Sánchez Álvarez, y por tanto era cuñado del alcalde republicano (Francisco Sánchez Álvarez). Era padre de dos niñas (Josefa y Martina). Su hija Josefa, que, junto con Manuela y vecinos, fue testigo de la detención de Evaristo, ha transmitido la memoria familiar (informe, 2003). Ambas hermanas emigraron a Francia; Martina reside actualmente en Portugal.

Juan Valiente Salvador. Su fallecimiento se registró casi ocho años más tarde (RCFG, act. 01/05/1944). Estaba casado con Irene Carreño González y, por tanto, probable cuñado de Agapito Carreño González (supra). De este matrimonio quedaba una hija (María), que no fue de los huérfanos que emigraron.

Alejandro Zato Salicio. Su fallecimiento se registró casi ocho años después (RCFG, act. def. 29/04/1944). Estaba casado con Eusebia Benito, que fue una de las viudas firmantes de la carta de 1938 (supra). De este matrimonio quedaban dos niños (José y Alejandro). Antes de 1944 las autoridades locales no le reconocieron el estado de viudez para poderse casar en segundas nupcias y entonces dieron malos informes sobre ella, cuando solicitó un “socorro para el huérfano de la Revolución”. En los años cincuenta José Zato emigró al País Vasco, donde reside, siendo portador y transmisor de la memoria familiar y local, así como infatigable colaborador en todas las campañas en favor de la memoria histórica republicana.

Como se indicó en la “croniquilla” correspondiente (08/10/16), el necrologio de Fuenteguinaldo también podría incluir a Victoriano Gómez Hernández, natural de esta localidad, que se ha contabilizado con los vecinos de Ciudad Rodrigo (“Croniquilla”, 30/08/16) y se completa con dos víctimas mortales indirectas hasta ahora identificadas: Juan José Francisco Alfonso, alguacil, de cuyo entorno familiar no se tienen datos; y Alejandro Zato Benito, hijo del citado Alejandro Zato Salicio, que en 1937 falleció de 19 meses, en el contexto de extrema necesidad que describía la carta enviada por las viudas al gobernador civil en 1938 (supra).

Por la vía jurídica militar fueron represaliados dos vecinos de cierto relieve local: el mencionado alcalde republicano Francisco Sánchez Álvarez y Cipriano Ferreira Martín, secretario del ayuntamiento, procesados y condenados a 25 años de cárcel “por rebelión” (C.84/38). Para los detalles se remite a otras publicaciones (Fuenteguinaldo, 2009: 170-174; La represión franquista, 2016: 34, 456, 516). En esencia, el motivo era la participación del Alcalde y el Secretario en el conato de resistencia contra el Movimiento la noche del 19 de julio de 1936, aunque en la instrucción de la causa también saldrían a flote los antecedentes y presunta ideología de cada uno, en la que divergían, pues Francisco era de izquierdas y Cipriano de derechas (trabajó por la candidatura de Cándido Casanueva en las elecciones de 1936). El Alcalde, tras la aludida emboscadura inicial en El Potril, se libró de lo peor gracias al apoyo del Secretario. Después de cumplir el castigo carcelario, residió en el pueblo, pero sin superar el penoso recuerdo del teniente de alcalde asesinado, Esteban Carreño (supra). Sus hijos (Bonifacio y Teresa), con residencia en Madrid y en la Rioja, se han implicado en la recuperación de la memoria histórica local y, concretamente, en la exhumación más arriba señalada. Cipriano Ferreira, que impugnaría sin resultado la sentencia, consiguió la prisión atenuada en 1940 y la libertad condicional en 1942, con residencia en Salamanca, donde seguiría al recobrar la libertad definitiva (1944), con su familia (esposa y tres hijos), pues no hay constancia de que regresara a su pueblo natal de Aldea del Obispo ni, por supuesto, a Fuenteguinaldo, pues no consta que recuperara el cargo de secretario.

Por la vía gubernativa fue depurado el maestro Alejandro Blázquez Polo, depurado, aunque no trasladado, pues se jubiló en el pueblo. También fueron sancionados cinco vecinos, a quienes el Capitán General de la VII Región Militar impuso unas multas descomunales (16/01/37):

“(...) de treinta mil pesetas a Fausto Baz Oreja, veterinario; de cien mil pesetas a Francisco Carreño Luis [Francisco Luis Carreño], médico; veinticinco mil pesetas a Lino Rodríguez de Dios, médico; de treinta mil pesetas a Antonio Medina Calzada; y de veinticinco mil pesetas a Jesús Román, comerciante [por] adeptos del llamado Frente Popular y [por] desafectos al Movimiento nacional” (Dil.FG/37: f.1).

No eran las primeras multas que se imponían en el pueblo, pues, en el contexto de apariciones de cadáveres en agosto de 1936, no había sido otra cosa una suscripción en favor de las Milicias de Falange, que presumiblemente promocionaría el jefe local Ezequías Hernández Barbero (natural de Castraz, montaraz de la dehesa de Sageras), en la que se recaudaron 500 pts. (C.2133/1937: 610). Pero estas otras sanciones han perdurado en la memoria local (FG 2007), porque dejarían arruinados a dichos notables locales, aunque solamente se tiene constancia cierta de Francisco Luis Carreño. Su caso se ha descrito en una publicación local (Iglesias, “La multa de Don Paco”, en Fuenteguinaldo, 2011, 97-100). Algún vecino trató de defenderlo, como Severino Baz en un escrito, que de paso revela que el Médico fue promotor y presidente de Izquierda Republicana en Fuenteguinaldo (AMFG, act. ses. 08/03/36). Esto sería confirmado por el médico sin ejercicio Antonio Pérez Solórzano, que era el confidente en Fuenteguinaldo de Antonio Cejudo, capitán de la Guardia Civil, en una declaración que no podía ser más explícita sobre la conducta política y social del Médico:

“(...) Que se trata de un individuo izquierdista, fundador del Partido de Izquierda Republicana en el año de 1935, aproximadamente, siendo presidente del mismo. Que en todo momento dicho individuo hizo ostentación de sus ideas, contribuyendo en las elecciones con su influencia tanto como con la de sus amigos al triunfo de la candidatura del funesto frente popular. Para solemnizar la fundación del Partido Azañista de Fuenteguinaldo y que él acaudillaba, celebraron un banquete y a uno de los periódicos locales de esta Capital enviar[on] una reseña del acto. Durante el mando de la Gestora Socialista y por consiguiente con anterioridad al Glorioso Movimiento Nacional ejercía influencia sobre los gestores siendo uno de sus consejeros. Que el Sr. Luís Carreño simpatizaba con todos los elementos de la Casa del Pueblo ya que los directivos de ésta eran los gestores del Ayuntamiento y del cual como hemos dicho antes era él Consejero, decretando aquéllos las huelgas generales que hubo por el doce de mayo del año próximo pasado. Asistiendo a un mitin, entre otros, que dio el diputado socialista Sr. Manso en Ciudad Rodrigo. Que como es natural en cuestión religiosa ha dejado bastante que desear, habiendo molestado bastante al actual cura párroco de San Felices de los Gallegos. Que el tercer día de iniciarse el Movimiento Nacional y ya de madrugada salieron del pueblo de Fuenteguinaldo en el automóvil propiedad del médico, conducido por el Sr. Luís Carreño, el Alcalde de la Gestora Socialista y alguno más que no sabe el declarante, marchando en dirección a Ciudad Rodrigo, pero al pasar por El Bodón se enteraron de que en Ciudad Rodrigo las fuerzas del Ejército habían declarado el estado de guerra y ya no quiso continuar el Sr. Médico y sí los demás que iban en el coche, sin que pueda precisar el declarante cuál era el objeto de ese viaje. Que durante el tiempo mediado entre finales del mes de agosto hasta hoy (...) el Sr. Luís Carreño ha contribuido al Movimiento con suscripciones y con trabajo profesional en la asistencia de los heridos, con motivo de la creación de un hospital de sangre en el pueblo; observando durante el primer mes del Movimiento una actitud pasiva y de indecisión y expectación (Declaración de Antonio Pérez Solórzano, Salamanca, 03/03/37, Inf.FG/37 en.: f.  5).

En las manifestaciones procesales del propio Francisco Luis se refleja cierta dignidad en el reconocimiento genérico de su compromiso político republicano, sin responsabilidades concretas, y con un talante conciliador, tratando por igual con gente de derechas y de izquierdas. Pero tanto las explicaciones como los recursos presentados fueron en vano para que se rebajara la sanción. Todo el capital del Médico, que ascendía a más de 80.000 pesetas, no alcanzaba para pagar la multa. El 13 de octubre de 1941 el auditor de guerra propuso que se declarase su “insolvencia parcial”. Por entonces el Médico residía en Ciudad Rodrigo y estaba arruinado.

Si la justicia franquista, además de inquisitorial, no hubiera sido también caprichosa, Lino Rodríguez de Dios, podría haber tenido algo más de suerte que Francisco Luis en la demanda de rebaja de su propia sanción (Inf.FG/37feb). Fue acusado de izquierdista, sin serlo, y de haberse mostrado hospitalario con Filiberto Villalobos, lo que admitió el denunciado como un gesto normal de cortesía para con un condiscípulo y colega profesional, sin que ello significara que compartía sus ideas. A pesar de este rechazo, de los informes y otros documentos del expediente se deduce que Lino presentaba afinidades con el ideario humanista y cristiano de Filiberto Villalobos, pues era un médico cumplidor, de talante altruista y religioso, rasgos avalados por el Inspector General de la Guardia Civil, el Obispo de Ciudad Rodrigo y el Patronato de Buenas Lecturas. El informe de autos llevó al auditor de guerra a proponer que la multa de 25.000 pesetas, que Lino Rodríguez ya había depositado en el banco, se le rebajara a 15.000 pesetas, pero ese médico recibiría la notificación de que no se le devolvía nada.

Aparte de la presumible ruina a causa de la cuantía de las multas, se ignoran las repercusiones que tuvieran en el devenir de las familias de los multados en Fuenteguinaldo.