Domingo, 17 de diciembre de 2017

Ya que estamos

Ya que estamos les diré que la de los All Blacks para el premio Princesa de Asturias me parece una elección justa, una decisión que celebro en la medida en que reconoce un deporte minoritario (al menos en nuestro país), a la selección de un país situado en las antípodas del nuestro y a una cultura, la derivada de la Commonwealth, con la que determinados conflictos geopolíticos como el Brexit o el estatus jurídico de Gibraltar, nos han querido enfrentar. Toda elección con aire cosmopolita, que respira multiculturalismo y polideportivismo es bienvenida por el autor de esta columna. Ahora bien, el de la selección neozelandesa de rugby es también el triunfo del mito, de la comercialización de la marca, del ritual tribal puesto al servicio del régimen de competencia monopolista. La certeza de que otro equipo de rugby, sin tanto ornato y parafernalia, no lo hubiera ganado nunca. De que no es suficiente con hacer bien tu trabajo.

 

Ya que estamos les comento que Messi me parece el mejor jugador del mundo, muy por delante de Cristiano Ronaldo y, seguramente, a la altura de Maradona o Pelé por mucho que pese la nostalgia en todo este tipo de comparaciones. Ya que estamos les diré que no me parece tan grave que el jugador haya sido condenado por fraude fiscal, pues estoy seguro de que hace muchos años que perdió la cuenta de todo lo que ingresa y que da por hecho que todos los que le rodean son personas honradas. Tan honradas, al menos, como se lo parece la pelota cuando la lleva adosada a los pies. Eso sí, que pague como todo Dios.

 

Ya que estamos les diré que, a priori, asistir al nacimiento de un hijo me parece más importante que disputar un partido de semifinales de liga, por profesional que sea esta competición. Suscribo así lo defendido por el entrenador del Zalgiris Kaunas y antigua estrella del baloncesto, Sarunas Jasikevicius, en respuesta a un periodista que echaba de menos la presencia de una de las estrellas del equipo en una cita trascendental. Ahora bien, ya que estamos les diré que, desde el desconocimiento de todo lo que se halla relacionado con la paternidad, no encuentro tan evidente la respuesta. No para que en las redes sociales se compartiera el vídeo con tan desmedida convicción y aplastante unanimidad. Por fortuna, los equipos de baloncesto aún conservan ese carácter familiar de los antiguos talleres artesanales, el sentimiento de hermandad del escuadrón de un ejército. Ausentarse de una cita trascendental merece, cuanto menos, unas cuantas noches de sueño pesado para el padre antes de que se las ocasionen los llantos de su hijo.