Martes, 26 de septiembre de 2017

La soberbia, un mal que ataca a la sociedad

La palabra soberbia proviene del latín superbĭa, es un sentimiento de valoración de uno mismo por encima de los demás, sobrevaloración del yo respecto de otros, sentimiento de superioridad que lleva a presumir de las cualidades o de las ideas propias y menospreciar las ajenas.

 

La soberbia se diferencia del orgullo en que éste último es disimulable, apreciado cuando surge de virtudes o de causas nobles, y la soberbia manifiesta el deseo de ser preferido por otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad, del yo, del ego. Se puede decir que el orgullo puede derivar  en soberbia. La soberbia es una actitud orgullosa consistente en la perspicacia de aquella persona que se envanece a sí misma.

Popularmente, se llama también soberbia a la rabia o al enfado que muestra una persona de manera exagerada ante una contrariedad. Y es considerado por la teología católica uno de los siete pecados capitales. (DSM V)

 

Cuento:

 

LA AMARGADA MARGARITA

 

 

 

La Amargada Margarita, era un niña muy criticona a la que todo comentario y acciones de sus compañeros le parecía mal. ¡Como siempre estaba enfadada! se ganó el apodo de Margarita La Amargada, porque no había en el rostro  ni una pizca de dulzura, ni en sus palabras ni en sus gestos.

Margarita se enfadaba por todo comentario y por actos que solo de ella dependían: como ponerse sus vestidos o sus zapatos favoritos, prefería fingir que estaba enferma y pasarse sola el día metida en casa sin hacer nada que ir al colegio con un conjunto que no fuera de su gusto.

Un día, Margarita se dio cuenta que no veía bien la pizarra, pero no dijo nada, porque por nada del mundo se iba ella a poner gafas. Los días pasaban y Margarita cada vez sacaba peores notas. Sus padres y profesores pensaron que era por su tozudez y terquedad, sin darse cuenta que era su soberbia lo que le impedía reconocer que no veía bien.

A mediados de curso (y por traslado de la familia) llegó a la clase una niña nueva, pero Margarita no pudo verla bien de lejos. Aún así le pareció desagradable y fea. Ni mucho menos iba a reconocer Margarita los celos que sentía  hacia ella, porque ese día la nueva compañera era el centro en vez de ella, llevaba hermosos vestidos y adornaba la rubia melena con bonitas pinzas.

Dispuesta a amargarle el día, Margarita esperó a la nueva en el lavabo. Cuando se abrió la puerta y entró la niña acompañada de compañeras, Margarita esperó a que la nueva se lavara las manos. Entonces, mirándola a través del espejo, le dijo:

-Hay que ver qué pelo rubio tan mal peinado y tan sucio llevas. Y qué vestido verde tan horroroso. Esas flores son lo peor que he visto en mi vida. Y a ver si comes un poco menos, que parece que te estás poniendo gorda. Aunque tampoco se puede pedir mucho, con lo bajita y lo fea que eres...¡Hija no das para más!

-Margarita, qué desagradable eres -le dijo una de sus compañeras.

-Digo la verdad, ni más ni menos –dijo soberbia  Margarita.

-Si no es por ella, es por ti -le dijo la compañera-. La niña que has descrito no es nuestra nueva compañera, sino tú misma. Ella es más alta y está más delgada que tú, tiene el pelo hermoso atado en un coleta impecable. Además, no lleva vestido, sino unos pantalones vaqueros con una camisa a cuadros, negros, blancos y rojos.

Margarita, roja de ira, salió corriendo. Sus compañeras, que la habían estado observando, se acercaron. Una le dijo:

-¿Qué te pasa, Margarita? ¿A que no ves dos en un burro?

-¡No veo nada! -gritó Margarita.

-Margarita La Amargada, Ya nos parecía por qué esos nuevos vestidos que traes no son de tu estilo y esa nueva forma de peinarte no encaja con tu estilo.

Las amigas de Margarita la  acompañaron a su casa y le contaron a su madre lo que pasaba.

-¿Por qué no contaste nada? -le dijo su mamá.

-No quiero llevar gafas. Son horribles -dice Margarita.

Su mamá la miró muy seria:

-Horrible es como sales últimamente de casa. Horribles son tus notas y horrible es tu actitud.

Margarita accedió a graduarse la vista y a ponerse gafas. Descubrió que había muchos modelos y que le daban un toque intelectual muy interesante ante sus compañeros masculinos.

Desde entonces, Margarita no está tan amargada y, como ve bien, puede disfrutar de muchas más cosas que pasaban desapercibidas. Incluso de vez en cuando es capaz de decir alguna cosa agradable.

La soberbia es solo un globo que hincha e hincha, pero al menor tropiezo se desinfla y cae como un saco roto

 

REFLEXIÓN:


NO IMPORTA CUÁNTO ORES O AYUNES, O CUANTAS VECES VISITES LA IGLESIA. SI TU SOBERBIA NO LA TIENES BIEN LIDIADA JUNTO  AL AMAL GENIO,LA ENVIDIA,EL MIRAR HACIA OTRO LADO CUANDO ALGUIEN NECESITA DE TI, HACER OPINIONES FUERA DE TONO Y CONTEXTO…

 

Amigos debemos hacernos mirar nuestros sentimientos y como manifestamos las emociones, el ogro de la soberbia acecha nuestra integridad.