Miércoles, 24 de mayo de 2017

Confesión de un cinéfilo

De esos que se saben frases con el tono exacto, de los que lloran antes del  “Play it, Sam” porque se saben la película de memoria… De esos cinéfilos soy.

Desde niño, además. Fui cinéfilo de las idas al cine el día de Navidad o el día de Reyes, a ver estrenos como el de La Guerra de las Galaxias. Y los veranos, a las de sesión continua en el Cine España; en invierno, al Victoria o al Llorente, cines de barrio que sobrevivían con esas sesiones continuas en las que conocí a Cantinflas, Louis de Funes, Los Hermanos Marx… Las del oeste, las de guerra…

Soy cinéfilo, como dije, de los que se saben Casablanca de memoria; también, por supuesto, disfruté Grease en mi temprana adolescencia; como recuerdo un montón de películas, algunas incluso poco conocidas, que me marcaron; así, a bote pronto, Solo los ángeles tienen alas, Historias de Filadelfia, Maccheroni, Soldado Azul, Un hombre enamorado

Por eso, y aunque seguro que habrá quien no esté de acuerdo con lo que voy a decir, me pareció fuera de lugar la noticia que vi el otro día, creo que sobre el Festival de Cannes: no podrán concursar películas que no se exhiban en sala… Y la nota interpretaba que era una especie de declaración de guerra a Netflix y similares plataformas.

Siento decirles que este cinéfilo está muy agradecido a Netflix, soy suscriptor de años, y hace tiempo que no pisa una sala.

Lo siento, nunca pensé ver en mi casa el cine con la calidad con la que lo veo hoy en día…Pero, además, en las salas, al menos en México, lo importante es lo de fuera… Tal vez por la cercanía con Estados Unidos, aquí saben desde hace mucho que el negocio del cine es la comida y no la película, y obran en consecuencia.

Por si esto no fuera suficiente, en esas salas suele haber un aire acondicionado polar, la gente usa los celulares (móviles) sin vergüenza y quienes tienen la responsabilidad de ofrecer el producto suelen considerar que los créditos no son película.

“Pero no vas a comparar ver El Padrino en pantalla grande con verlo en una tele”… No, claro que no lo voy a comparar; sin embargo, como no tengo el gusto de conocer a don Francis Ford Coppola, las posibilidades que tengo de ver El Padrino en una sala de cine con todas las incomodidades son escasas. De Casablanca ya ni les cuento.

Además, Netflix no solo me ofrece un servicio bueno, bonito y barato; resulta que usa mi dinero, y el de unos cuantos millones más, no solo para incrementar las cuentas de sus accionistas, sino ¡para producir cine!: en forma de series y películas que, si no fuera por Netflix, dudo que vieran la luz.

Hay otras plataformas así, como dije, que también producen. Y en vez de entender eso, en el festival parecen erigirse en defensores de lo que ellos consideran pureza cinéfila… Optando por favorecer a una parte del negocio, perjudicando a otra.

Debe ser otro síntoma de que me hago mayor; de que echo de menos las hojitas impresas en verde que nos daban en los Van Dyck con la sinopsis y reseñas de la peli que íbamos a ver.

Tal vez lo que pasa es que nunca me han invitado a Cannes y hablo desde la envidia y el rencor.

No sé, no busco convencer a nadie… Pero tampoco creo que aceptaré fácilmente que cuestionen mi cinefilia.

O que me hagan comulgar con ruedas de molino.

@ignacio_martins

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